Roberto Hernández Montoya

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    Complejidad

    Con Trump triunfó la complejidad. Entre otras cosas, digo, porque trato de no ser simplista como tanto reduccionista. Luis Buñuel decía que en su juventud el mal eran el clero, el ejército, la burguesía y el bien la clase obrera, lo bello, el anarquismo, el comunismo.

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    Odio puro

    El fascismo es odio en estado puro, sin fisuras, sin matices, sin límites, sin remordimientos. Un monolito.

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    Enredadera

    Ningún escrito está aislado. Forma una red con otros textos por mutuas referencias y, andando, con todos los mensajes de todo el mundo y de toda época. Es como las palabras, que tienen que estar entrelazadas para que se entiendan, porque toda palabra les habla a todas.

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    El terror y la paz

    Pido perdón por comenzar con un cuento de terror. En un pueblo vagabundea una mañana una camioneta virginalmente blanca y nueva. Todo el mundo sabe que anuncia la muerte de nadie sabe quién. Se espera que ya estos terrores no pasen más en Colombia con el acuerdo de paz. Porque paz no es solo ausencia de violencia, sino también de terror, que también es violencia.

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    Cumbres y abismos

    Las cumbres son parajes curiosos. Cuentan con una alta jerarquía política, simbólica, económica, pero en ellas se suele dilapidar el tiempo de un modo egregio.

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    Me da la gana

    Francisco Franco era Caudillo de España «por la gracia de Dios» y solo era responsable ante Dios y ante la historia. Cual Rey de España. Cual sátrapa persa, cual monarca absoluto, cual Luis XIV: «El Estado soy yo».

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    Je suis Nice

    Yo soy Niza, pero no se puede devastar un pueblo, una cultura y una religión indefinidamente sin provocar resacas. Occidente está asolando países enteros. Libia, Afganistán, Irak, Siria… Desolaciones peores que mil atentados de Niza.

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    El placer de desertar

    Siempre me he preguntado qué se siente al saltar la talanquera hacia un bando antagónico. Da grima ver cómo quienes lo han hecho injurian con tanta saña los principios que profesaron con la misma saña.

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    ¿Arde Venezuela?

    Hitler ordenó incendiar París. «París no debe caer en manos del enemigo, salvo en cenizas», instruyó. Al día siguiente envió un telegrama al jefe militar de la plaza, general Dietrich von Choltitz: «¿Arde París?». No ardía, Choltitz desobedeció; hasta para un nazi es vergozoso pasar a la historia como quien quemó París.

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    Audentes fortuna iuvat

    ‘La fortuna ayuda a los audaces’. Virgilio (Eneida, X, 284). Venezuela está superando las pruebas infernales a que ha sido sometida. Aún falta, pero ya vemos cómo comienzan a desmoronarse los agobios. Hemos presenciado una épica, que no buscamos. La OEA se derrumba sobre sí misma. Las debilidades se vuelven fortalezas. El Revocatorio será este […]