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Imagen: Cortesía Irán Aguilera
Por: Irán Aguilera
En medio del dolor tan inmenso que ha provocado el doblete sísmico del 24 de junio, la respuesta humana, amorosa y solidaria que caracteriza la esencia del Bravo Pueblo venezolano está siendo el faro para alumbrar hacia adelante, hacia la esperanza. Cuando las estructuras físicas fallaron debido a la arrolladora violencia de las fuerzas telúricas, lo que está sosteniendo con firmeza a nuestro país es su tejido moral, demostrando de lo que estamos hechos los hijos y las hijas de la Patria de Bolívar.
La magnitud de la tragedia es histórica y desgarradora —con duros balances como los del estado La Guaira y con réplicas que no dan tregua—, pero la movilización civil y el voluntariado reflejan una entereza profunda. Es esa nobleza colectiva que, ante el colapso, no elige la anarquía, sino el brazo extendido y el rescate del hermano vecino. En las peores crisis se pone a prueba la verdadera fibra de una sociedad, y esta respuesta solidaria es el recordatorio más poderoso de lo mejor que somos.
Este gigantesco esfuerzo ha encontrado el rumbo certero en el liderazgo de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien ha convocado al país a unirse con tesón, por encima de colores partidistas, para afrontar la emergencia. Su total entrega es notable para hacer frente a la tragedia; ella misma, al frente del Estado Mayor de Emergencia, ha coordinado el despliegue de miles de funcionarios y brigadas de rescate para salvar vidas, asistir a los damnificados y avanzar en la recuperación de las zonas afectadas. A esta voluntad se suma la solidaridad internacional de gobiernos e instituciones, que han manifestado su apoyo inmediato, demostrando que la hermandad global prevalece sobre cualquier tinte ideológico.
Aunque en este escenario la excepción de la regla la representa una ínfima minoría, con mucho poder económico y político, que ha querido aprovecharse de la conmoción para hacer una perversa campaña en medios y redes para desinformar y sabotear las labores humanitarias; su intención de sacar provecho politiquero está quedando aislada y desenmascarada. Se impone el amor, las escenas heroicas de salvar vidas y el llanto por los que se nos fueron, hacen que la fe sea rehaga inquebrantable. Esta resiliencia nos está haciendo un pueblo mucho mejor; de esta saldremos fortalecidos en el espíritu nacional, pues ante la dificultad, estamos sacando lo más noble y hermoso de nosotros mismos, y eso se quedará con nosotros.
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Barcelona/Edo. Anzoátegui