Opinión

9.Dic.2024 / 10:09 am / Haga un comentario

Foto: Referencial

POR: Alfredo Carquez Saavedra 

¿Puede tomarse la conducta mostrada por los mandatarios de Estado como un indicador para medir la salud del mismo? En los siglos de poderío romano hubo jefes de Estado todopoderosos destacados por su sabiduría, capacidad militar y organizativa y otros descarriados, locos de atar, sanguinarios, botaratas y débiles de carácter. Se considera entre los primeros a Trajano, Adriano y Marco Aurelio. Y a Tiberio, Calígula y Nerón, como muestras del segundo grupo.

En el caso de Estados Unidos, los últimos representantes nominales del imperio no han calificado para ser considerados destacados en algún aspecto positivo, en algún aporte para la humanidad. Recordemos un claro ejemplo previo (Republicano), antes de llegar a Joe Biden (Demócrata), ese quien supuestamente aun está al mando del salón Oval, el mismo que hasta la fecha lleva récord Guinnes de patetismo universal.

Tal vez el exponente por excelencia de la ignorancia llegada a la casa Blanca, George Bush (hijo), tiene sobre su conciencia de casi un millón de almas, la destrucción de sus hogares de 37 millones personas por aprobar el bloqueo e invasión y saqueo de Irak y Afgasnistán. También es responsable de los cientos prisioneros lanzados a oscuras cárceles clandestinas repartidas en el globo y de las torturas -denunciadas y documentadas- como, por ejemplo, las efectuadas en la base militar ilegal de Guantánamo, Cuba y en Abu Grhaib, en Irak; de la creación y aplicación de la Ley Patriota que permite un estado permanente de excepción. Y no hay que olvidar que respaldó el Golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en contra del presidente, Hugo Chávez.

A lo interno de su nación, durante la crisis financiera e hipotecaria, privilegió los intereses empresariales por sobre los de sus compatriotas de clases media y baja. Al finalizar su mandato sus niveles de aceptación llegaron a alcanzar los registros más bajos jamás vistos: sumó más de 70 por ciento de rechazo. Y ese descrédito se extendió a la imagen de su país en todo el mundo.

Biden es el summum de la tragedia convertida en comedia. Un guerrerista con ropaje de viejito que alguna veces pareciera no estar en sus cabales. Producto de su mala gestión, de ignorar las voces de los trabajadores y estudiantes entrega su nación a una micro élite multimillonarios y además la lleva al borde de la III Guerra Mundial tal vez con la esperanza de tapar los cuestionados negocios de su familia en Ucrania. Y con esa intención, indulta a su hijo Hunter (quien tenía un pie en el calabozo) con unas especificaciones tan descaradas que el perdón presidencial lo protege de cualquier delito que haya cometido desde hace diez años y hasta diciembre de 2024.

¿Señales de que el imperio está en crisis?

 

 

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