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25.Ene.2017 / 10:19 am / Haga un comentario

Eduardo Pérez

Por: Eduardo Pérez Viloria

Debemos convencernos de la necesidad de instaurar de manera inmediata un nuevo sistema económico; solamente cambiando el modelo de producción capitalista -el que tenemos inoculado hasta los tuétanos- en nuestra sociedad, podremos cambiar la conciencia del individuo, sembrando el germen del hombre nuevo, el hombre del futuro diría el Che Guevara.

Es decir, transformar nuestro sistema económico es la única vía para la construcción del Socialismo. No podemos pretender radicalizar una revolución con las “bondades” del rentismo petrolero. Así será imposible encontrar el camino adecuado para suprimir la democracia liberal burguesa de nuestras fronteras.

Por otro lado, no sólo se trata de aumentar la producción agrícola, pecuaria e industrial; es en definitiva la conceptualización e implementación de formas económicas nuevas, creadas específicamente, en base a las características sociales y culturales  de nuestro país.

Nuevas políticas económicas, que en un corto tiempo, logren darnos nuevamente -sólo en revolución ha sido posible- a todos los venezolanos las condiciones básicas e indispensables de sustento; logrando en un mediano plazo la independencia productiva sostenible tan anhelada.

Uno de los mitos más extendidos en nuestras filas es que la corrupción es culpable de nuestras desviaciones económicas. Nada más alejado de la verdad, la corrupción, la falta de moral y ética, la ineficiencia, la delincuencia y “el desgobierno”, son los síntomas de la decadencia del sistema en que nos encontramos: es el punto final o el punto y seguido; es decir, la oportunidad para enterrar  el viejo sistema, o ser testigos de una mutación mucho peor. Lo que suceda en el futuro, dependerá de nuestra actitud frente al aspecto económico de la nación.

Propongo un sistema económico donde centralicemos (si es necesario nacionalizar) las empresas estratégicas para el subsistir del Estados, y entreguemos al Poder Popular organizado (en su totalidad) las Unidades de Producción Social – las mal llamadas empresas socialistas- que no jueguen un papel fundamental en la coyuntura actual, por ejemplo, las concesionarias, areperas, fábricas de camiones o muebles, imprentas y pare usted de contar. Un sistema en que la Revolución tome el control absoluto de la distribución de todos los rubros producidos -los CLAP son vanguardia de ese proceso- por los trabajadores del campo. Sistema donde los productores de alimentos u otros bienes sean tratados con respeto, y admirados por todos.

La revolución se trata de transformar las bases del mundo que conocemos; bases que están construidas por la propiedad de los medios de producción. Cambiamos nuestro sistema económico, y la Revolución saldrá victoriosa. ¡Cambiamos el modelo económico, cambiamos al mundo!

 

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