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27.Feb.2015 / 07:52 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

El Fondo Monetario Internacional impuso medidas que debían ser cumplidas para poder acceder a créditos. Estados Unidos calificó a la “Venezuela adeca” como “un ejemplo de democracia” para el hemisferio

El país se hallaba en tensión. Los elevados niveles de inflación, que alcanzaban el 80%, hacían mella en el bolsillo de la población, sobre todo en los más pobres. Venezuela se encontraba sumida en una crisis que hasta Miraflores tuvo que reconocer.

Para el jueves 16 de febrero de 1989, a eso de las seis de la tarde, el otrora presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, anunciaría al país las medidas políticas que su Gobierno implementaría para “superar las adversidades”.

Ataviado con un traje negro, desde el Salón Ayacucho, del Palacio de Miraflores, Pérez se dirigía a la nación en cadena de radio y televisión. En ese momento, le acompañaba al Alto Mando Militar, todo su tren ejecutivo y el sector empresarial. Este último, conocía el plan días antes de ser divulgado.

La atención mediática, tanto nacional como internacional, ocupó una parte importante de la agenda del día. Las cámaras, bolígrafos y “flashes” se movían al ritmo en que Pérez, cual director de orquesta, pronunciaba cada frase.

Comenzó la fiesta…

Con un podio marrón –que presentaba el escudo de Venezuela al frente–, en el cual reposaban cuatro micrófonos perfectamente direccionados a su medida, Pérez comenzó su alocución. Aseguraba que los “profundos desequilibrios” no debían posponerse. Según él, había que actuar de inmediato para solventar los problemas en materia social que se padecían.

“El Gocho”, como algunos le decían al Jefe de Estado, reconoció que Venezuela no contaba con los recursos financieros para cancelar las deudas adquiridas con los acreedores mundiales.

Las reservas internacionales operativas se habían agotado. Las obligaciones contraídas por las importaciones hasta el año 1988, que superaron el 20% de la producción petrolera, debían ser saldadas con el gravante de que el Gobierno se comprometió a garantizar los posibles riesgos cambiarios.

Con la mirada fija hacia la cámara central que lo enfocaba, sin el más mínimo rasgo de culpabilidad, Pérez prometió no comprometer el patrimonio nacional, aunque reconoció que no se desentendería del “compromiso adquirido con los empresarios”, su principal apoyo.

“El problema es complejo y lo estamos enfrentando con sinceridad y decisión. Estamos en un proceso de concertación que nos permitirá llegar a las soluciones que no afecten en forma recesiva al aparato productivo del país”, manifestó Pérez, quien desató una ola de aplausos en el auditorio, en señal del respaldo con el que contaba, en mayor medida de la clase dominante que le acompañaba.

La otra parte…

Las críticas no se hicieron esperar. Desde los movimientos de izquierda se argumentó en la necesidad de revisar el plan con una representación conformada por todos los sectores de la sociedad y no sólo con el aval de las cúpulas empresariales y los centros de poder, como, en efecto ocurrió, para evitar que las clases populares se vieran afectadas con estos anuncios.

Ante estas declaraciones, el ministro de la Secretaría de la Presidencia de turno, Reinaldo Figueredo Planchart, les salió al paso y defendió la posición de Pérez, aduciendo que el plan sí fue analizado por un grupo selecto de profesionales. Precisó que el Alto Gobierno sostuvo encuentros con “organismos multilaterales” para conseguir nuevas fuentes de financiamiento.

“No se está haciendo en una forma súbita, de una manera improvisada, sino que fue preparado para ser el gran viraje que ya fue anunciado”, indicó Figueredo Planchart, quien prometió que los titulares de la cartera de economía ampliarían los detalles en los próximos días.

Posterior a todo este escenario, el 22 de febrero el subjefe de la fracción parlamentaria de Acción Democrática (AD), Henry Ramos Allup, aclaró que el programa económico de no debía pasar por el extinto Congreso para ser debatido, puesto que se escapaba de las competencias constitucionales del Poder Legislativo.

“La firma de una Carta de una Intención con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no tiene porqué contar con la aprobación o no del Congreso, esa es una facultad del Gobierno. Lo que pasa es que la oposición le tuvo miedo al debate y le dio un ‘palo a la lámpara’”, expresó Ramos Allup, en respuesta a la petición hecha por los legisladores copeyanos y las fuerzas de la izquierda de entonce.

“¿Qué es lo quiere la oposición?, ¿qué el Gobierno no gobierne? Lo más grave es que puede impedir, por este tipo de presiones, el ingreso del dinero fresco que necesita el país”, insistió.

Fantasma de la deuda recorre el mundo

Un día después de la célebre arenga, Pérez enviaba otro mensaje al mundo, sobre todo a la Casa Blanca, dirigida por George Herbert Bush. “El Chairman” estadounidense, David Rockefeller, y el director de la conservadora Sociedad de las Américas, George Landau, fueron condecorados con las órdenes Andrés Bello y Francisco de Miranda, en su primera clase, respectivamente.

Pérez afirmaba que la deuda externa, más que “un fantasma”, constituía un “obstáculo formidable” que impedía el avance de “efectivas rectificaciones” en el continente, referidas a la conducción de la económica en la región, pero jamás mencionó la posibilidad de su reconducción, ni criticó los efectos que ésta generaba en las zonas populares.

“Son muchas las buenas cosas que podemos hacer latinoamericanos y norteamericanos, y que nuestros pueblos y nuestros gobiernos, todos con defectos y omisiones, pero también con grandes propósitos y con logros muy importantes que podemos repetir y podemos mejorar”.

El Mandatario Nacional veía con buenos ojos, cargados a su vez de una obediencia sin precedentes, los lazos que unían a Venezuela con los Estados Unidos. “Pienso que estamos viviendo el nacimiento de una nueva relación, no solamente entre nuestras naciones hemisféricas, sino en el mundo, en el universo”.

“Modelo de democracia”

El entonces embajador de los Estados Unidos en Caracas, Otto Reich, calificó al sistema venezolano como “un modelo de democracia”, aplicable a otras naciones en el hemisferio, debido a su lucha contra “regímenes totalitarios de extrema izquierda”, en alusión a Cuba.

En su discurso pronunciado durante la ceremonia conmemorativa del natalicio del padre de la patria estadounidense, George Washington, realizada en la urbanización El Paraíso, de la ciudad capital, el representante diplomático aseguró que la lucha que liberó Washington era la misma que motivó al Libertador Simón Bolívar para la autodeterminación de sus pueblos, en un gesto de desconocimiento de la historia nacional.

Reich, además, aprovechó la oportunidad para honrar “al padre de la democracia moderna” en Venezuela, Rómulo Betancourt, a quien le atribuyó los esfuerzos por guiar al país de la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez a una transición democrática.

“Muestras de coraje”

Para el sábado 18 de febrero, el mismo hombre que dijo haber recibido de manos del primer mandato de Pérez “un país hipotecado, el expresidente Luis Herrera Campins, alabó el gesto de “valentía” que mostró “El Gocho” al anunciar el paquete económico.

Pese a que el partido Copei, para entonces, exigió revisar el plan de Gobierno antes de que fuera anunciado, Herrera Campins señaló que Pérez dio “una muestra de coraje” al asumir la responsabilidad de esas medidas, “aconsejadas por nuevos amigos del equipo económico oficial”.

Para el dirigente socialcristiano, era urgente que se implementaran, cuanto antes, el conjunto de planteamientos, ya que, de acuerdo a su percepción, su predecesor, Jaime Lusinchi, había dejado las finanzas públicas “en el esterero”.

Los días transcurrieron, y con ellos los golpes al estómago del pueblo. En lugar de superar la crisis, inflación, desnutrición, analfabetismo y miseria se incrementaron en menos de dos años. Hay quienes afirman que en los cerros y zonas populares “la cara del diablo” se hizo presente.

RNV

 

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