Noticias

26.Jun.2015 / 09:55 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

Lo dijo el presidente Maduro: 2015 ha sido “el año más difícil que ha tenido que transitar la Revolución Bolivariana, ya en el poder político, el año más complejo y difícil”. Y lo que en esas palabras se traduce en afirmación y reconocimiento de las dificultades, por contraste obliga a invocar al torrente histórico del pueblo venezolano que se hizo chavista (y de la mano del Comandante hizo al chavismo).

Y al invocar al tiempo torrencial del río chavista se pone en perspectiva profunda un trayecto que realza al país con la mayor intensidad política del mundo, incluso hoy contra toda la maquinaria destituyente, antipolítica, antipatria tutelada que apunta, precisamente, en esa dirección. Porque la supresión de la política es la autopista de la violencia infinita. Y esa “infinitud” armada tiene pocos ganadores. Pero lo trágico es que los tiene. Y esos “ganadores” ya hicieron su apuesta.

Nos han querido mitificar, adulterar y ocultar las causas de las dificultades del momento para volcarlas, luego de banalizadas, como un problema del Gobierno y el directorio revolucionario, como un problema del “modelo” y como algo que sólo se solucionará al renunciar al único proyecto histórico vigente y realmente existente en Venezuela en este momento.

Y ya llegados a la mitad del año más difícil de la Revolución Bolivariana, toca recontar en toda su sencillez el qué está pasando: la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez y su pueblo es el precedente político que signó al siglo XXI, el que le puso el freno a la aplanadora neoliberal y que desde ese centro político comenzó a dinamizar el empuje de sacar a Venezuela, y a los países orbitantes, del infierno absoluto.

En el fondo de la sostenida guerra económica, de la agresión simbólica permanente, del asesinato selectivo tanto de figuras públicas como de la población en general junto al brote tutelado de la criminalidad está en toda su esencia el objetivo general: la supresión, por dentro, de una de las pocas alternativas humanas y civilizatorias de reinventarnos un rumbo y un destino ante la muerte general. Y en esto se reconfigura la clave global en la que por varios focos la versión más tierra arrasada del capital en crisis de recursos y en crisis de acumulación se han activado todos los dispositivos contra los distintos puntos de resistencia en el planeta.

Ni los brutales intentos de llevar el asedio a la guerra abierta (como en 2002, en 2004, en 2013-2014) ni los momentos de espesor político y sabotaje (2003, 2007-2008, 2012) han alcanzado los objetivos que en otros escenarios históricos los logró en mucho menos tiempo, con muchos menos recursos, pero con la misma capacidad de maniobra económica y financiera.

Esa marca ante las dificultades es y ha sido la divisa del chavismo, suma de la herencia bolivariana y el abajo nacional hecho nosotros.

Contra ese nosotros es que va la avanzada destituyente, multidimensional.

El estado de la otra cancha

Los ganadores de la violencia sin orilla (violencia económica / violencia mediática / violencia política / violencia financiera / violencia armada / violencia simbólica), esa red de corporaciones, de Estados profundos occidentales que no aceptan el redil del catecismo “democrático” de su propia factura, de factores financieros foráneos, y no los sub-políticos intermediarios que se hacen pasar por oposición, en este momento continúan propalando y desencadenando todos los recursos asimétricos contra los acumulados socio-históricos aprovechando el momento de vulnerabilidad (que tampoco fue producto de la nada, sino una estrategia a nivel global bien calculada).

El costo humano de estas batallas postmodernas en la que las balas no son la mayoría definitiva explican el talante prolongado, desgastante y brutal con el que se ha querido someter al país en su conjunto. La inopia de una “oposición” no-participativa, farandulerizada, frivolizada, hipócrita, inútil y absolutamente dependiente necesita imponer su variable de “sentido común”. Que ni es común, ni tiene sentido.

Detrás de lo que pretenden llamar su “agenda electoral” no hay más que la extorsión a futuro: “el cambio comienza en las legislativas”, dicen, pero todos sabemos dónde pretenden terminar. La creación del clima de victoria electoral sin base, referencia concreta o valor propio como alternativa busca allanar el camino de la conflictividad cancelando, desde ya, la posibilidad de una victoria del chavismo. Es la baza que se juega para apostarle a la conflagración, la medida la dará la voluntad de la oposición de firmar el compromiso propuesto por Diosdado Cabello por aceptar los resultados electorales, sean cuales sean.

Y dada la sintonía extrema con los peores sectores del fascismo-oligárquico regional, no se hace difícil de imaginar hacia dónde apuntan los ¿procedimientos? para el “cambio” que pergeñan: una destitución politica vía poder legislativo, el impeachment parlamentario ya ensayado en Paraguay hace tres años, actualmente ejecutado en Brasil, con intentos de asomos en Argentina.

Porque en el fondo está la combinación de todas las formas de lucha que ellos no ejecutarán sino que mandarán a ejecutar. Lo conquistado en una treintena de años del pueblo pretenden suprimirlo, con fachada “democrática”, en unos meses. Tal es el arrebato legitimador de la muerte ajena y preferiblemente a distancia, como si la guerra no la hubieran desplegado contra su propio electorado. Como si las balas o las dificultades fueran selectivas. Como si la estrategia de la omisión, por más que la sostengan, pudiera alcanzar todos sus efectos y cumplir las ambiciones de los grupos económicos.

Como si ese electorado tuviera la verdadera voluntad de preocuparse por todos los asuntos públicos, los asuntos de la polis. Y como si estuvieran en capacidad de permitir que eso siguiera ocurriendo.

Viven su esencia trágica ante la probable corporeización de su no-futuro tecnocrático, y están echando el resto en ese sentido.

De julio a diciembre

Frente a un escenario tan complejo; frente al acoso incesante y la internacionalización del conflicto (en boca de las derechas el adjetivo “bolivariano” es de nuevo proscrito, ya ni hablemos de “chavista”), el liderazgo que encarnan Nicolás Maduro y Diosdado Cabello ha sabido que la clave radica en conservar la estabilidad, en mantener fija y permanentemente presente la clave política detrás de lo que nos quieren vender como vulgar “ineficiencia gerencial”.

La negación automática, la invisibilización, “es un elemento consustancial a la forma de dominación burguesa en el mundo”, señaló el Presidente. Y tal ha sido el mecanismo para negar (no sólo los sectores proclives a la opinión oligárquica, sino las franjas de intelectuales de todo pelaje que propugnan el desencanto) para pretender sentenciar las dificultades que les tocan a un gobierno en resistencia.

Frente a eso, de la politización que se mantiene desde el liderazgo, debe venir a continuación el papel que todas las pre-candidaturas del Psuv tienen como obligación a la hora de mantener la política como la única mediadora de los conflictos internos. Y fuera de los circuitos electorales, el nosotros en la calle. Ha sido más de una vez que el primer mandatario del país ha señalado que no puede solo, y es de lógica, en un proceso que siempre ha necesitado de la participación y la movilización para actualizarse.

De ahí que no sea de gratis que el Presidente que ha desmantelado dos golpes de Estado, truncó la agenda de la guerra civil; que en un país que ha acusado decrecimiento sostiene como centro fundamental de su orientación la política social como reiterada divisa, en un escenario contra todo.

De ahí que, a pesar de todos los intentos y todos los asedios, al día de hoy, por más dificultades y angustias desde este lado, y de falsificadas “preocupaciones” desde el otro, el chavismo sigue manteniendo, por encima del discurso de la nada, la iniciativa y las claves políticas de un pueblo que no va a permitir la reversión de lo que ha logrado hacer hasta el día de hoy.

Y por eso caminamos con la patria, acompañándola.

Misión Verdad

 

Hacer un comentario.




Los comentarios expresados en esta página sólo representan la opinión de las personas que los emiten. Este sitio no se hace responsable por los mismos y se reserva el derecho de publicación. Aquellos comentarios que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto y/o que atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, este sitio se reservará el derecho de su publicación. Recuerde ser breve y conciso en sus planteamientos. Si quiere expresar alguna queja, denuncia, solicitud de ayuda u otro tema de índole general por favor envíe un correo a contacto@psuv.org.ve