Elías Jaua / Noticias / Opinión

3.Mar.2019 / 10:49 am / Haga un comentario

Paz

Elías Jaua Milano.

El plan pensado, diseñado y pactado con el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, por parte de Leopoldo López, de autoproclamar de manera inconstitucional e imponer, bajo la amenaza de una intervención militar extranjera, un presidente paralelo, al Presidente constitucional Nicolás Maduro no dio los resultados esperados, en la primera etapa.

Los artífices de este plan esperaban que la autoproclamación generaría un apoyo popular general, que sumado a la amenaza de agresión militar por parte Donald Trump y su equipo de gobierno produciría el “quiebre” de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a favor de la presidencia paralela. Ninguna de las dos cosas ocurrió. Por contrario, la inmensa mayoría de la población rechaza la intervención extranjera y la guerra como solución al conflicto político y las FANB, agredidas en su honor por el propio Trump, han respondido fortaleciendo su unidad interna, con mucha madurez democrática y con un elevado espíritu patriótico.

Tras 30 días del desarrollo de esta peligrosa aventura, Voluntad Popular no logró construir una correlación de fuerza popular y militar, a lo interno del país, que sustentará el gobierno de facto. Algunas de las razones que explican el incumplimiento de esos objetivos son: la incomprensión de que la población asume el conflicto político como la principal causa de los problemas económicos y sociales que padece, y que no está dispuesta a acompañar ningún plan que profundice las dificultades con las cuales tiene que lidiar todos los días; el desconocimiento de los valores profundamente democráticos, patrióticos y populares de la institución militar venezolana; el desprecio por el sano patriotismo bolivariano que anida en el espíritu de nuestro pueblo y finalmente porque esta estrategia no es compartida por la mayoría de los partidos opositores, que la acompañan obligados, de brazo caídos, bajo el peso que les impone las directrices emanadas desde la Casa Blanca.

El 23 de febrero de 2019 marcó el fin de la primera etapa del plan, al no poder ingresar los cargamentos de manera forzada, dado que no habían podido crear las condiciones en Venezuela para tal despropósito, a todas luces violatorio de nuestra soberanía nacional y del derecho internacional. Sin embargo, habían logrado mediante los falsos positivos, las imágenes que “ablandaran” la opinión pública internacional para la siguiente fase de la agresión.

El domingo 24 de febrero del año en curso, el autoproclamado a través de las redes sociales expresa que ahora “todas las opciones están abiertas”, repitiendo la frase con la cual Donald Trump, responde cuando se le pregunta sobre la posibilidad una invasión militar en Venezuela.

Grave, muy grave, la afirmación hecha por el diputado Juan Guaidó y más grave es cuando afirmó que lo plantearía en la reunión del Grupo de Lima, efectuada el 25 de febrero en Bogotá, como efectivamente lo hizo, señalando que Venezuela era un peligro para sus vecinos y que había que actuar con premura.

Ahora bien, lo que sucedió ese lunes 25 de febrero, después de la declaración y foto conjunta de Mike Pence, Vicepresidente de USA, Iván Duque, Presidente de Colombia y el diputado Guaidó, fue que la Unión Europea emite una declaración contundente rechazando el uso de la fuerza. En paralelo gobiernos como los de México, Uruguay, Cuba y organizaciones no gubernamentales internacionales, históricamente opositoras a la Revolución Bolivariana, desarrollan pronunciamientos en distintas modalidades rechazando la intervención militar en Venezuela.

Finalmente, la declaración de la referida cumbre presidencial, realizada en Bogotá, termina expresando el rechazo al uso de la fuerza contra Venezuela y el reconocimiento de que los venezolanos, en el marco de la Constitución, son los que deben guiar la solución del conflicto político.

¿Qué pasó al interior de esa reunión para que se contrariara de esa manera la tesis del gobierno de los Estados Unidos y la solicitud expresa de explorar todas las “opciones” por parte del autoproclamado? Sin duda alguna que la imposibilidad de crear condiciones al interior de Venezuela por parte de Partido Voluntad Popular, tal cual fue reclamado por el Vicepresidente Pence a Guaidó, hacen dudar a muchos gobiernos sobre esta opción extrema.

Los gobiernos del llamado Grupo de Lima, están sometidos también a presiones internas, de factores políticos, económicos y fundamentalmente de sus propias fuerzas militares que no justifican acompañar un conflicto bélico en la región, de alto impacto en todos sus países, por un problema político interno en Venezuela. Es conocida, de manera extraoficial, el firme rechazo de los militares brasileños a subordinarse a una estrategia norteamericana en ese sentido.

Es importante hacer notar una variante en la posición norteamericana, en la resolución que presentaron ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y que fue bloqueada por China, Rusia y otros países ya no solicitan el apoyo al “presidente interino” y por primera vez hablan de las elecciones, sin pasos previos, como una solución. Para analizar en profundidad.

No se puede cantar victoria, conocida es la manera improvisada y compulsiva de la actual administración norteamericana. El incremento de la asfixia económica y la opción del uso de la fuerza, bajo cualquier pretexto y modalidad, sigue siendo una amenaza real para el pueblo venezolano. La victoria de la paz con dignidad depende exclusivamente de la comprensión y madurez, conque nosotros los venezolanos y venezolanas encaremos este desafío histórico.

Solo un acuerdo nacional entre todos los factores políticos, de elevado compromiso con la dignidad de la Patria y de alta sensibilidad con los dolores del pueblo venezolano, pueblo que hoy ve acrecentado sus problemas y sus angustias tras 30 días de amenaza a su derecho a vivir en paz, podrá desmontar este entramado de agresiones económicas y militares que está en marcha.

Necesario es volver a la política como espacio de confrontación de ideas, de proyectos de desarrollos de nuestro país. Que el pueblo sienta, como lo sintió en la primera década de este siglo XXI, que la política sirve para vivir bien, para desarrollarse de manera individual y colectiva.

Cuando el pueblo percibe que la política es una simple disputa por el poder entre grupos, a costa de lo que sea, se retira y allí la democracia y la vida de la República entran en riesgo.  Volvamos a las reglas del juego constitucional, volvamos al reconocimiento político, volvamos a confiar en el protagonismo del pueblo para la resolución de los grandes desafíos, como siempre confiaron el Libertador Simón Bolívar y el Comandante Chávez.

En las manos de esta generación de venezolanos y venezolanas no se puede perder la República. ¡No hay pueblo vencido! ¡La Patria vencerá!. Dios mediante, así será.

 

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