Noticias / Opinión

30.Oct.2016 / 02:06 pm / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

Foto: Misión Verdad

Por largos meses la oposición se le afincó con saña en el estómago al pueblo venezolano. Desplegó toda suerte de estrategias para doblegarlo. Para desesperanzarlo, hundirlo en el pesimismo. Una sostenida guerra económica dirigida contra la familia, sobre todo contra las más vulnerables. Acaparamientos, colas, manipulaciones mediáticas, provocaciones, guerra sucia.

Trataron de empujar a los barrios, sectores populares, comunidades, sometidos a una escasez inducida, a la desaparición de los artículos de primera necesidad, tanto de alimentos como de higiene personal, para que en su desesperación se lanzaran a las calles en busca de un supuesto sacudón contra Maduro, invocando los sucesos del 27 de febrero del 89.

“¿Saqueos en Venezuela anunciarán nuevo Caracazo?”, “Maduro se enfrentará a un estallido social en todo el país”, “Venezuela se enfrenta a un nuevo Caracazo, la gente saldrá a las calles”: con titulares como estos los medios de comunicación sumados a declaraciones de voceros de la oposición por meses alentaban el soñado estallido social; una monumental coñaza por comida en las calles que debilitara al gobierno chavista. Algunos globos de ensayo no les dieron resultado, como el de Cumaná, estado Sucre. Se quedaron con los crespos hechos. La estrategia chocó una y otra vez contra la razón de la gente.

Tres veces en estas semanas han llamado a sus seguidores a tomar Miraflores. El miércoles, por cuarta vez, volverán a intentarlo en medio del fracaso de un paro nacional de 12 horas y, pa más vaina, Maduro logra sentarlos para asumir el fulano diálogo nacional. Cara a cara “a ver qué coño quieren ustedes”.

Pero los que han tomado el palacio presidencial en cada llamado de ellos y llenado avenidas enteras desde las puertas de Miraflores ha sido el chavismo, ese que ellos trataron de inducir a un quiebre social como el del 27 de febrero. Imbéciles, ese quiebre ya se dio y fue espontáneo. La gran rebelión popular del 89.

En vez de ello, el día domingo 23 de octubre esos mismos sectores populares con los que tanto soñaron tomando calles, cerrando avenidas, destrozando santamarías de negocios, partiendo vidrieras, saqueando mercados, siendo reprimidos o enfrentados contra la fuerza pública, esos que tanto alentaron a general el caos que llenara páginas de prensa nacional e internacional se fueron congregando el domingo 23 de octubre espontáneamente, entre consignas y pancartas alrededor de la Asamblea Nacional donde ellos trataban de dar un golpe parlamentario (días antes habían anunciado que se discutiría, entre otras cosas, la destitución del Presidente de la República). Pero la presencia del pueblo no llegó sólo hasta las afueras. Este irrumpió en las instalaciones de la Asamblea Nacional, llegándoles al mismísimo Hemiciclo sacudiéndolos a ellos de sus curules, Constitución en mano muchos de ellos y dándoles un mensaje claro, contundente: si siguen con la vaina, nos van a encontrar. Esa “chusma”, como ellos llaman, acababan de aplicar de nuevo el artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

La oposición y sus medios asociados trataron de hacer ver que fueron bandas delictivas, colectivos con armas, malandros y vándalos los que “violentaron” las instalaciones del “sacro santo hemiciclo burgués” (si en vez de eso hubiese sido su esperado sacudón los hubiesen catalogados como un pueblo en las calles), que fueron dirigidos por funcionarios del gobierno, pero las imágenes que recorrieron el mundo de aquel vendaval humano espontáneo entrando en la Asamblea dejan ver gente común, llana, de a pie como aquella viejita en canas y bata azul con su escoba de barrer parada dignamente en el podio presidencial asambleario, o la joven más arriba abrazando a su perrito, el motorizado de al lado, así como a jóvenes y adultos, ciudadanos comunes pero hartos de las provocaciones de la oposición.

Como escribió alguien en las redes: les llaman “hordas”, “colectivos armados” y “gente horrible”, pero cuando los ves de cerca (refiriéndose a las imágenes que circularon por las redes y medios) son idénticos a tu mamá, a tu abuela, a tu primo, a tu hermano, a cualquiera de nosotros. Son gente común peleando por el país de la gente común, el país que nació como idea en 1989. La misma gente que ellos hubiesen dado hasta la vida para que se lanzaran a barrer violentamente las calles de Venezuela en medio de saqueos y enfrentamientos generalizados contra Maduro los tenían ahora allí en frente dejándoles un mensaje claro: nos van hacer arrechar. Siguen subestimando al pueblo.

¿Un hecho que quedará nada más como un simbolismo del chavismo esta acción? El 11, 12 y 13 de abril de 2002 no hubo simbolismos, hubo millones en la calle en desobediencia real, el 350 de la Constitución hecho gente, la de verdad verdad, la que sí tumba gobiernos pero también los restituye. Fue, de nuevo, un mensaje claro y contundente a los enemigos de la Revolución: dejen quieto lo que está quieto, ¡que les va a salir es Chávez, carajo!

Por: Gustavo Borges

Misión Verdad

 

Hacer un comentario.




Los comentarios expresados en esta página sólo representan la opinión de las personas que los emiten. Este sitio no se hace responsable por los mismos y se reserva el derecho de publicación. Aquellos comentarios que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto y/o que atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, este sitio se reservará el derecho de su publicación. Recuerde ser breve y conciso en sus planteamientos. Si quiere expresar alguna queja, denuncia, solicitud de ayuda u otro tema de índole general por favor envíe un correo a contacto@psuv.org.ve