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17.May.2019 / 02:22 pm / Haga un comentario

Foto: Referencial

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Por: Richard Canan

La derecha histérica vive momentos de altísima frustración e impotencia porque no han cuajado ninguno de sus sediciosos planes. Han fracasado en todos los intentos de golpe de Estado, magnicidios, ataques terroristas y guarimbas violentas. Son una maquinaria de odio que no tiene consideración alguna con sus congéneres.

De fracaso en fracaso, el desespero se apodera de la extrema derecha. La insensatez es su peor carta de presentación. Están colmados de locura, hasta llegar a niveles de suicidio político, al pedirle (arrastrados y suplicantes) al mayor asesino del planeta (vean especialmente las atrocidades causadas en Vietnam, Afganistán, Libia, Iraq, Siria etc.), que venga a salvarlos mediante una invasión militar “quirúrgica”. Un desembarco de todo el poderío del Comando Sur, cuyos bombardeos y metralla solo extermine al pueblo Chavista, dejando intactos los modos de vida de esta insensata derecha. Que irresponsables y deschavetados son.

La verdad es otra. Por donde pasan las criminales tropas norteamericanas solo dejan sembrada la muerte y la destrucción. En todas las invasiones “humanitarias” se repite la misma condición: se desvanece la paz, se fragmentan los países desapareciendo la unidad nacional y la integridad territorial. Los muertos, heridos y desplazados se cuentan por millones. Solo en los últimos años la oleada de refugiados de países violentados por Occidente hacia Europa suma varios millones. Según ACNUR, en su informe Tendencias Globales señala que “44.400 personas al día fueron obligadas a huir de sus casas en 2017. Al cierre de 2017 había 25,4 millones de refugiados (casi 20 millones de ellos bajo el mandato de ACNUR y más de 5,4 bajo el de la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo), 40 millones de desplazados internos y 3,1 millones de solicitantes de asilo”. Son millones de seres humanos huyendo de la precariedad económica (por el bloqueo comercial y financiero) y por las amenazas a la vida que las “salvadoras” invasiones militares ocasionan con los ataques militares en sus naciones de origen.

Uno de los temas más repugnantes que encontramos en las guerras impuestas por los “libertadores”, es la inmoralidad contenida en el concepto “daños colaterales” (vil asesinato de civiles) perpetrados impunemente por Estados Unidos y sus socios de la OTAN.

Los frecuentes “errores” cometidos por las bombas inteligentes (nada de inteligentes, por favor), donde las modernísimas armas de exterminio norteamericanas caen certeramente sobre familias enteras, edificios, hospitales, escuelas, etc., sin que el imperio invasor se inmute siquiera y mucho menos responda ante la justicia por las vidas arrebatadas.

Desde la primera invasión de Estados Unidos y sus aliados contra Irak en 1990, ya se han documentado cientos de civiles muertos a causa de sus misiles, cayendo sobre mercados, puentes, refugios y edificios de vivienda. Hay cientos de reseñas en los medios reportando los ataques. La agencia EFE señaló que “Estados Unidos rompió su silencio sobre los civiles que han matado sus drones en el marco de la lucha contra el terrorismo, al reconocer hasta 116 muertes de “no combatientes” en sus ataques selectivos en Pakistán, Yemen, Somalia y Libia desde que el presidente Barack Obama llegó al poder en 2009”.

Así es el verdadero rostro del decadente Imperio Norteamericano. El cual fundamenta sus acciones criminales sobre la más absoluta impunidad. Esto es la barbarie pura.

Recientemente releíamos el caso de los indiscriminados bombardeos norteamericanos sobre Yugoslavia. Especialmente los ocurridos el 7 de mayo de 1999, cuando aviones estadounidenses del tipo B-2 (bombardero furtivo) dejaron caer sus misiles sobre Belgrado; directamente a “coordenadas precisas de un objetivo seleccionado y aprobado por la CIA”. Cinco bombas cayeron, pero no sobre un objetivo militar o estratégico. Las bombas dieron de lleno en la sede de la embajada de la República Popular China, matando a 3 personas (periodistas) y dejando más de 20 heridos. Los inmorales diplomáticos y militares norteamericanos solo pudieron mascullar la excusa de que “fue un accidente. Un trágico error”, minimizando la gravedad de un ataque deliberado contra una instalación diplomática que pudo ser considerada “un crimen de guerra” por China, generando represalias y una escalada bélica entre ambas potencias nucleares. Para entender la inmoralidad y desvergüenza de Estados Unidos y sus aliados en este conflicto, el 10 de mayo, un vocero de la OTAN de nombre James Shea señaló (con aparente orgullo) que “hasta ahora la alianza atlántica alcanzó 1900 blancos y lanzó unas 9000 piezas, entre misiles y bombas” y “Sólo 12 (misiles) erraron el blanco, es decir, menos del uno por ciento, así que seguimos apuntando con precisión”. A los promotores de la barbarie nada les vale la vida humana.

Con todo este terror es que sueñan afanosos los apátridas criollos. Que caigan las bombas sobre Caracas, sobre el pueblo humilde, para ellos restaurar sobre las ruinas sus “monárquicos” privilegios de clase. No les importa sepultar bajo los escombros las vidas de millones de venezolanos. Por eso se entiende la carencia moral de la derecha, cuando las consecuencias de sus impúdicas acciones ponen en riesgo la vida y los derechos sociales, económicos y políticos del pueblo venezolano. En el obcecado capricho de la derecha para asaltar el poder, no escatiman en las muertes que generarán sus amos cuando arrasen con el país. Serán solo daños colaterales. Apenas minucias con respecto a sus insaciables planes. Por esa vía de la violencia no quedará nada en pie. Ni siquiera despojos para el disfrute de esta fauna carroñera.

 

 

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