Opinión / Freddy Gutiérrez

4.May.2025 / 10:20 am / Haga un comentario

Foto: Cortesía

Por Freddy Gutiérrez.

“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”. Simón Bolívar.

Saludos, estimados (as) camaradas. Antes de entrar en materia, les doy un breve recuento de mi artículo anterior, que lleva el mismo nombre. Allí comenté algunos aspectos de la historia del pasado racista de Estados Unidos (EEUU); expliqué las leyes de Jim Crow y expuse como el arte y la cultura han sido métodos de expresión y rebeldía revolucionaria, por parte de la población afrodescendiente para informar al mundo y a los mismos ciudadanos norteamericanos sobre la necesidad de crear un mundo verdaderamente igualitario. Les recomendé libros, películas, canciones y documentales, de fácil acceso, para comprender el fenómeno actual de la migración, racismo y fascismo y quedé en darles otras referencias y en comentarles que sucedió con las personas que mencioné, que expresaban abiertamente a través de esos medios artísticos y/o desde la política, su dolor e indignación por el daño que recibían múltiples comunidades afrodescendientes.

Les cuento que, sobre Las Panteras Negras, a pesar del carácter predominantemente pacífico de muchas protestas y de las legítimas acciones de autodefensa organizadas por la comunidad afroamericana, el aparato estatal estadounidense desplegó una maquinaria represiva sin precedentes para neutralizar cualquier amenaza al status quo racial. Documentos desclasificados y testimonios históricos revelan cómo agencias como el FBI bajo J. Edgar Hoover y la CIA ejecutaron campañas coordinadas para perseguir, desacreditar y eliminar físicamente a los líderes del movimiento. La emblemática cantante, Billie Holiday, fue perseguida por el Bureau de Narcóticos tras cantar «Strange Fruit», su manager confirmó que le negaron el tratamiento médico que requería, por orden federal. La cantante, Nina Simone, tuvo su carrera saboteada por discográficas tras denunciar el racismo en «Mississippi Goddam». El cantautor, Sam Cooke, fue asesinado a tiros el 11 de diciembre de 1964, por Bertha Franklin, la gerente del Motel Hacienda en Los Ángeles, dos semanas después de estrenar su canción «A Change Is Gonna Come». Esa gerente alegó que actuó en defensa propia y los tribunales dictaminaron que, la muerte de Cooke, fue un homicidio justificado. Él era amigo de Malcolm X y Muhammad Ali. Por cierto, que, otro jazzista, Max Roach, vio cancelados sus conciertos por incluir poemas de Malcolm X. En síntesis, la lista es larga. Historias así, lamentablemente, abundan en la historia de EEUU y sólo imaginen, que sucedería con el mundo, si se les deja tener más poder.

Por tanto, fíjense esta perla. Durante la Guerra Fría, la CIA orquestó una de las operaciones de hipocresía cultural más cínicas del siglo XX. Mientras en territorio estadounidense, se perseguía y vigilaba a músicos de jazz -muchos de ellos críticos del racismo sistémico-, paradójicamente, ese país los convirtió en embajadores culturales para lavar la imagen internacional de un gobierno que mantenía a su propia población negra bajo un régimen de apartheid de facto.

Artistas como Dizzy Gillespie, Louis Armstrong y Duke Ellington fueron enviados en giras patrocinadas por el Departamento de Estado entre 1956 y 1971 (programa «Jazz Ambassadors») con una misión clara: seducir a las nacientes naciones africanas mientras EEUU apoyaba golpes de estado y dictaduras pro-occidentales. El multipremiado documental «Soundtrack para un golpe de estado» (Johan Grimonprez, 2024) revela cómo estos conciertos coincidieron estratégicamente con operaciones encubiertas, como el derrocamiento y asesinato de Patrice Lumumba en el Congo (1961), donde la CIA colaboró activamente para instalar al dictador Mobutu Sese Seko.

En la actualidad, los mecanismos de control racial no han desaparecido, sino que se han perfeccionado, adoptando formas más sutiles, pero igualmente destructivas. Bajo el pretexto de la llamada «guerra contra las drogas», iniciada en las décadas de 1980 y 1990, el gobierno estadounidense ha orquestado un sistema de encarcelamiento masivo que afecta desproporcionadamente a la población afrodescendiente. Como revela el documental «13th» (Ava DuVernay, 2016), esta supuesta guerra no fue más que una estrategia políticamente aceptable para criminalizar y marginar a las comunidades negras, recreando un sistema de opresión racial bajo nuevas formas. Como pueden advertirlo, en la actualidad, EEUU y sus países aliados, están repitiendo parte de esa historia con los migrantes latinoamericanos, especialmente con nuestros connacionales, entre los primeros afectados.

El documental expone cómo la Enmienda XIII de la Constitución estadounidense, que abolió la esclavitud en 1865, incluyó una cláusula peligrosa: la servidumbre involuntaria quedaba prohibida, «excepto como castigo por un delito». Este vacío legal permitió el surgimiento de un sistema penitenciario que, en la práctica, reinstauró la esclavitud bajo otro nombre. Las cárceles se convirtieron en fábricas de mano de obra gratuita, donde los reclusos —en su mayoría negros y latinos— son obligados a trabajar por salarios ínfimos o, en muchos casos, sin remuneración alguna. Empresas multinacionales se benefician de esta explotación, que genera ganancias millonarias mientras perpetúa un ciclo de pobreza y marginalización.

Los datos son contundentes: aunque los afroamericanos representan solo el 13% de la población estadounidense, constituyen más del 40% de la población carcelaria. Este desequilibrio no es producto de una mayor criminalidad, sino de políticas deliberadas como las sentencias desproporcionadas por delitos menores (como la posesión de pequeñas cantidades de drogas) y el sesgo racial en el sistema judicial. Además, una vez liberados, los ex convictos enfrentan barreras legales que les impiden acceder a empleos dignos, vivienda o incluso el derecho al voto, lo que los condena a una ciudadanía de segunda clase.

La brutalidad policial contra la población negra (recordar a George Floyd, afrodescendiente que, en el 2020, murió asesinado por un policía blanco que puso su rodilla en su cuello por más de 10 minutos hasta que dejó de respirar); las revueltas en Ferguson, son solo síntomas de una nación que se construyó sobre la idea perversa de que una raza es superior a otra, perfeccionando mecanismos de opresión que, como bien sabemos, incluso inspiraron al régimen nazi.

Por demás, figuras como James Baldwin (activista social que se dedicó a analizar la alienación de los grupos minoritarios y a la causa de los derechos civiles) y Angela Davis -quien aún vive- y sigue siendo una activista, académica, y pensadora feminista que lucha por los derechos humanos y civiles. Ambos enfrentaron persecución sistemática; el primero, exiliado en Francia para escapar de la vigilancia; la segunda, encarcelada falsamente en 1970 en un caso armado por el FBI (e incluida en su lista de los más buscados).  El profesor Cedric Robinson, teórico del «capitalismo racial», documentó cómo el Estado criminalizó el pensamiento crítico negro mediante listas de vigilancia y sabotaje académico.

Otra emblemática figura, Martin Luther King Jr., premio Nobel de la Paz, fue sometido a una vigilancia ilegal constante (programa COINTELPRO) y calificado por el FBI como «el negro más peligroso de América». Su asesinato en 1968 -precedido por 30 intentos documentados contra su vida- exhibió el nivel de complicidad institucional. Malcolm X, tras romper con la Nación del Islam y adoptar una postura internacionalista, fue eliminado en 1965 en un operativo donde participaron informantes del gobierno, como confirmaron investigaciones posteriores.

Y ¿Sabían ustedes que otro afrodescendiente fue tildado como “El negro más peligroso del mundo”? Bob Marley. Un cantante que, por cantar en conciertos en favor la paz, sufrió atentados y finalmente, fue asesinado por encargo, como lo comenté en mi artículo: “GET UP, STAND UP: STAND UP FOR YOUR RIGHTS (¡Levántate, ponte de pie: en defensa de tus derechos!)”. Les invito a leerlo. Ese título, es el de una canción de Bob, que, se trata de una protesta icónica, escrita en 1973, en colaboración con Peter Tosh, después de que Marley visitara Haití y se conmoviera por su extrema pobreza. Es considerada como un himno de protesta en todo el mundo. Aquí les comparto la letra de otro de sus icónicos temas, que resaltaba sus vivencias con el racismo vivido, incluso siendo una estrella global de la música…

 

Guerra

War

Hasta que la filosofía

Until the philosophy

Que sostiene que hay una raza superior

Which hold one race superior

Y otra inferior

And another inferior

Sea finalmente y permanentemente

Is finally and permanently

Desacreditada y abandonada

Discredited and abandoned

En todas partes habrá guerra

Everywhere is war

Yo digo Guerra

Me say war

Hasta que ya no haya

That until there are no longer

Ciudadanos de primera y segunda clase de cualquier nación

First class and second class citizens of any nation

Hasta que el color de la piel de un hombre

Until the color of a man’s skin

No tenga más importancia que el color de sus ojos

Is of no more significance than the color of his eyes

Yo digo Guerra

Me say war

Hasta que los derechos humanos básicos

That until the basic human rights

Estén igualmente garantizados para todos sin distinción de raza

Are equally guaranteed to all without regard to race

Habrá Guerra

Dis a war (…)

 

Camaradas, solo me queda decirles que nuestro deber como revolucionarios es honrar el legado de gigantes como Malcolm X, Martin Luther King Jr., y muchos otros (as), quienes entregaron sus vidas por un mundo donde la libertad no sea un privilegio racial, sino un derecho universal. Cómo gritó hasta el final la indomable Fannie Lou Hamer: «Nadie es libre hasta que todos seamos libres». Esa verdad, simple y demoledora, debe guiarnos: la liberación negra no es una causa sectorial, sino la piedra angular de toda lucha anticapitalista y antiimperialista. Como pudimos ver y así lo aseguró Bolívar, nuestro padre de la patria, si quienes gobiernan EEUU dañan así a su propia gente, no tendrán reparo alguno en hacérselo a los demás.

 

Continuaré con este tema en la parte 3 de este seriado de artículos sobre la migración, el racismo y el fascismo, para seguir profundizando en todo los que estamos viviendo hoy.

 

Escríbanme, los leo. Un abrazo fraterno camaradas,

¡Hasta el próximo artículo!

 

Freddy J. Gutiérrez González

@freddygutierrezgonzalez

 

 

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