Opinión / Richard Canan

11.Feb.2015 / 10:43 am / Haga un comentario

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

Ya sabemos que el bachaqueo en nuestro país, es sinónimo de una acción delictiva, violatoria de leyes y normas nacionales e internacionales (tributarias, sanitarias, etc.),la cual consiste en adquirir productos regulados o de la cesta básica para revenderlos a un precio especulativo en el mercado informal (en calles, comercios inescrupulosos, caletas) o para contrabandearlos hacia países vecinos.

El bachaqueo lo perpetran grupos bien coordinados y organizados, con control sobre “brechas” en la cadena de distribución y comercialización. Su mafioso y lucrativo “negocio” les permite pagar a sus “contactos” y a los intermediarios cuantiosos recursos sin ningún tipo de limitación. Este es un negocio altamente productivo, de alta rentabilidad, que requiere una mínima inversión. Los mafiosos especuladores no realizan ningún tipo de aporte o dan valor agregado a los productos. Se aprovechan y lucran sobre el esfuerzo y dedicación de miles de trabajadores que dan su sudor y su trabajo para producir nuestros alimentos y productos de primera necesidad. El único aporte de las bandas mafiosas es la usura, el abuso, la especulación y la zozobra que generan en la población.

Estos grupos mafiosos no actúan solos. Requieren de la necesaria complicidad de los grandes grupos económicos productivos, que han estimulado, tolerado y amparado las rutas ilegales de distribución de alimentos con el fin de lucrarse evadiendo las regulaciones de precios, imponiendo el desabastecimiento y saboteando la economía.

Veamos la cadena de producción, distribución y comercialización de la cual se aprovechan las mafias para establecer sus rutas bachaqueras:

1. Producción: la disponibilidad de los alimentos y productos de la cesta básica se logra bajo dos modalidades. En primer lugar, las fabricas nacionales procesan la materia prima (con insumos nacionales o importados), cumpliendo nuestras normas de empacado, etiquetado, contenido nutricional, calidad sanitaria, metrología, registro de marcas, etc. En segundo lugar, cuando los productos no se producen en el país o su producción es insuficiente, se autoriza la importación mediante el otorgamiento de licencias de importación. Este mecanismo utilizado en todos los países del mundo, permite controlar los volúmenes que ingresan al país, así como hacer seguimiento a las normas sanitarias y de empacado efectuados en el país de origen. En ambos casos, cuando se trata de productos de la cesta básica, el Gobierno Bolivariano ha realizado un gran esfuerzo por proteger el poder adquisitivo de los venezolanos, evaluando las estructuras de costo de las empresas para fijar el precio justo de los productos. El mecanismo de precio justo, cuantifica los costos de producción o importación y establece el margen de ganancia para la industria o el importador, el margen de ganancia del distribuidor o mayorista, el margen del minorista y finalmente el precio de venta al público que cancelará el consumidor.

2. Distribución: antes de que los productos de la cesta básica lleguen al consumidor final, requieren de toda una compleja operación logística.Ésta se realiza a través de una red de grandes galpones y centros de acopio, y cuenta con una gran flota de transporte de carga. Todo esto permite el almacenaje y distribución de la mercancía a lo largo y ancho del país de acuerdo a la densidad poblacional y las preferencias de consumo de cada región. En esta etapa todavía se denomina al mayor, y para su operación tanto los galpones como centros de acopio deben estar debidamente autorizados y registrados ante las autoridades competentes. Igualmente,toda la flota de transporte debe contar en cada despacho, con su respectiva guía de movilización y las facturas o notas de entrega que indiquen el origen y el destino de los productos.

3. Comercialización: una vez en los centros de acopio de las grandes ciudades, los productos son vendidos por la red de distribuidores (mayoristas) a la vasta red de tiendas, supermercados, abastos y bodegas para que estén a disposición del consumidor final.

Como parte de la guerra económica, la cadena antes señalada de producción, distribución y comercialización ha sido penetrada por las mafias corporativas del bachaqueo, los cuales corrompen y distorsionan toda la cadena, en beneficio propio y en perjuicio de nuestro pueblo.

El modus operandi varía pero siempre tiene el mismo objetivo: sacar los productos de la cadena formal de comercialización y distribución. El “portafolio” de productos de las mafias es bien amplio, abarca sin miramientos gasolina, lubricantes, fertilizantes nitrogenados (Urea), arroz, harina de maíz, leche en polvo y liquida, carne y pollo, aceite vegetal, margarina, azúcar, café en granos y molido, detergentes, jabones, desodorantes, toallas sanitarias, pañales, todo tipo de medicamentos, cemento, electrodomésticos y un largo etcétera.

Las mafias sacan con facilidad todos estos productos de las cadenas formales de distribución pagando prebendasy comisiones en cada nodo de distribución (al mayor) o a la nube de bachaqueros que toman por asalto los puntos de venta donde se encuentran disponibles los productos. Cada grupo mafioso cuenta con sus “contactos”, sus centros de acopio, su red de camiones y vehículos. Su ruta de bachaqueo les permite sacar los productos del país o distribuirlos entre comerciantes inescrupulosos o revendedores del comercio informal, los cuales venden cada producto con altos márgenes de sobreprecio y especulación con respecto al precio regulado. Los márgenes especulativos no tienen límites, van desde un mínimo del 100% hasta llegar a 1.500% y más, todo depende de la voracidad de las mafias especuladoras. Estas mafias organizadas muchas veces se disfrazan detrás de empresas legalmente constituidas y registradas, incluso han llegado a crear cooperativas para acometer con mayor facilidad sus acciones criminales.

La gran víctima de las operaciones de las mafias especuladoras es el pueblo, el cual debe pagar los sobreprecios especulativos o hacer grandes colas en los centros de distribución, donde el ama de casa debe “competir” con el bachaquero profesional para tener acceso a los productos de primera necesidad. Esto es intolerable.

Por eso el Gobierno Bolivariano ha emprendido una contraofensiva para defender a nuestro pueblo en este nuevo episodio de la guerra económica. Como buen padre de familia, el gobierno ha priorizado su rol de proveer y garantizar la disponibilidad de los productos de la cesta básica que requiere la población,en cantidades suficientes y al precio justo. De allí todo este enorme esfuerzo por producir o importar los alimentos, el cual se realiza en base a una planificación metódica de acuerdo ala densidad poblacional y a los requerimientos de ingesta de kilo calorías o consumo persona/año de cada producto. Con contundencia,el Gobierno Bolivariano ha estado aplicando todas las normas legales y penales disponibles para combatir y desarticular a las mafias bachaqueras.

Todo el pueblo organizado debe incorporarse al combate contra las mafias de la especulación. Cero tolerancia con los bachaqueros, los especuladores y los contrabandistas. Todo el peso de la ley para devolver la paz y la tranquilidad a nuestro pueblo.

 

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