Opinión

16.Mar.2015 / 10:39 am / Haga un comentario

Grito Llanero

Por: Pedro Gerardo Nieves

Dear President, perdón, Señor Presidente Obama:

Desde el llano barinés ocupo su atención para presentarme como uno de los amenazadores que usted califica en un pronunciamiento político de su gobierno que, si no fuera por lo grave, injerencista y guerrerista de su contenido, no pasaría de ser un chiste malísimo.

Quiero dejar constancia mediante esta epístola que yo, Pedro Gerardo Nieves, de este domicilio y civilmente hábil, no tengo en mis planes invadir su país, perturbar su orden social, alterar su paz ni mucho menos echarle varilla a su pueblo.

Además, he averiguado a través de mecanismos de inteligencia, y otros mecanismos no tan inteligentes pero igual humanos y efectivos, que nadie de mi pueblo, ni de mi Patria, anda en planes de volverle la vida cuadritos a nadie. Lo único que observo en derredor es un pueblo como el mío que está pleno de valores humanos y, aunque ustedes han trabajado dura y sostenidamente para ganarse nuestro repudio y horror, consideramos al pueblo estadounidense como un pueblo hermano.

Ya nos gustaría, mucho, que la élite de su país tan acostumbrada a la guerra, a la calumnia y a la mentira, cambiara su forma de ser y allanara el camino para un mundo justo donde nos volquemos a la preservación de la especie humana y a la salvación de nuestro planeta. Tanto es así, señor Obama, que el enunciado que le acabo de decir, por si no lo sabe, pertenece a nuestro Plan de la Patria, programa de gobierno del Partido Socialista Unido de Venezuela, hecho ley mediante mecanismos constitucionales y legado de nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez.

Sí, señor Obama. Nuestro Plan para un mundo feliz nos incluye a todos, incluso a ustedes.

Sin embargo, la historia de oprobio con que su país ha llenado de muerte y desolación al mundo nos tienen picaos de culebra porque sabemos lamentablemente de qué son capaces esos halcones washingtonianos que por sus características lúgubres por aquí en el llano más bien mentaríamos como zamuros.

Usted y sus aparatos políticos y de propaganda nos han calificado de “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de su país y ha decretado ¡válgame Dios! una emergencia nacional en EE.UU. La verdad es que a través de los medios de comunicación no hemos percibido zozobra ni desestabilización en su país, no hay despliegue especial de seguridad ante ninguna amenaza y pareciera que todo discurre en su país con tranquilidad.

Nos ha insultado usted, señor Obama, al valerse de la mentira en cumplimiento de una horrorosa tradición imperialista de generar falsos positivos para preparar el camino para otras acciones injerencista que, ya lo habrá percibido, han conseguido un repudio total entre las naciones civilizadas del mundo.

Pero más aún, insulta usted a su pueblo, al mundo y a la inteligencia como valor humano.

Nosotros, como pueblo soberano, mediante nuestros mecanismos constitucionales y democráticos, hemos dispuesto poderes especiales a nuestro primer mandatario para que se faje con todo nuestro apoyo a preservar la paz, la independencia y la soberanía.

Recuerde que en la República Bolivariana de Venezuela sabemos mucho de paz y mucho de democracia. Tanto sabemos de paz que nuestros próceres salieron de nuestras tierras a liberar las naciones sometidas al yugo imperialista español y, desde que empezamos a construir Socialismo, hemos tenido tantas elecciones que Lula Da Silva no dudó en decir que “en Venezuela había un exceso de democracia”.

No hablemos de nuestros índices de desarrollo humano ni de nuestros logros como Revolución en general, porque algo nos dice que ahí es cuando usted y sus carnales imperialistas se sienten amenazados. Y no es para menos: cuando los pueblos del mundo abren sus ojos y se levantan a construir justicia e igualdad tiemblan de pavor todos los imperios del mundo.

Lo invitamos, señor Obama, a que recoja los vidrios y detenga la locura injerencista. Los venezolanos defenderemos nuestra soberanía en el terreno que sea y a los Estados Unidos le conviene cesar en sus ridículas maniobras. Deje la vaina.

 

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