Eduardo Piñate / Noticias / Opinión

21.Mar.2016 / 09:33 am / Haga un comentario

Eduardo Piñate

Foto: Archivo

Por Eduardo Piñate R.

En el programa “José Vicente Hoy”, del pasado domingo 20 de marzo, estuvo de invitado el economista y presidente de la empresa encuestadora “Hinterlaces”, Oscar Schemell,  quien realizó un conjunto de consideraciones políticas propias de las corrientes más conservadoras –es decir, socialdemócratas- que acompañan hasta este momento a la Revolución Bolivariana y de quienes lanzan críticas al gobierno desde una posición de exterioridad, es decir, sin asumir ningún compromiso.

En esa entrevista Oscar Schemell acusó al Presidente Nicolás Maduro de mantenerse en “una trampa ideológica o cognitiva”, de sostener un discurso cargado de una “innecesaria épica revolucionaria”, de estar montado en una especie de “Sierra Maestra” venezolana; agregó que esa es la razón por la cual el presidente “no toma decisiones y las que toma son desacertadas y a destiempo”.

Schemell reconoce que existe una política de la derecha nacional e internacional para derrocar al gobierno y destruir la revolución y correctamente coloca la dirección de esa política en el exterior, pero a continuación expresa que la “trampa ideológica o cognitiva” de Maduro facilita el plan de la contrarrevolución. Descubre también que el país ha cambiado después de 17 años de gobierno Chavista y que la revolución está viviendo una nueva etapa, sólo que no la caracteriza.No obstante, sus propuestas para enfrentar la situación  que vivimos son elocuentes al revelar lo que subyace en el fondo de su pensamiento.

En este caso es más importante lo que no dice Schemell que lo que dice. Veamos lo que dice:

1.- “El país quiere gestión, no banderas”.

2.- “El diálogo es la salida”.

3.- “El país está dispuesto a acompañar un programa de ajustes”.

4.- Remata con la propuesta de “convocar un gobierno de unión de todos los sectores”.

Uno tiene que concluir que el señor Schemell se encuentra preso del pensamiento pragmático (no en el sentido de práctico, sino en el epistemológico) y por eso califica las bases filosóficas, morales, históricas, los valores del Chavismo y su exposición pública orientada a fortalecer la conciencia revolucionaria, antiimperialista,  socialista y chavista de nuestro pueblo de “innecesaria épica revolucionaria”. He aquí la raíz de sus reflexiones y conclusiones.

Es cierto que Venezuela no es la misma de hace 17 años y eso ha sido posible porque en este país hay una revolución en desarrollo que dignificó a nuestro pueblo, que incluyó a millones de hombres y mujeres antes excluidos, que sacó de la ignominia y sigue sacando de la pobreza a millones de habitantes de nuestra Patria y garantizó nuestra independencia y soberanía. También es verdad que nuestra revolución debe renovar métodos, planes y discursos, pero no en el sentido que nos propone Schemell, porque por ahí vamos a la renuncia de los objetivos revolucionarios. La renovación de nuestros planes, métodos y discursos deben ir en el sentido contrario, yo me atrevo a decir que hasta en sentido antagónico al fondo del planteado Schemell, precisamente, debemos avanzar en el sentido planteado por el presidente Nicolás Maduro, siguiendo el rumbo trazado por el Comandante Supremo Hugo Chávez.

Schemell desconoce, más bien no está de acuerdo con las políticas que ha adoptado el gobierno del presidente Maduro para enfrentar la difícil, compleja y exigente situación por la que atraviesa la economía venezolana; por eso afirma que el gobierno “no toma decisiones” y las que toma “son desacertadas o a destiempo”, y cierra con aquello de que “el país quiere gestión, no banderas”.

Vale la pena preguntarnos cuál es el diálogo al que se refiere Schemell cuando nos lo plantea como salida a la actual situación. La pregunta es válida porque en Venezuela hay diálogo en la actualidad, pero el señor Schemell no lo ve. ¿Acaso el Consejo Nacional de Economía Productiva no es un espacio donde se está produciendo un diálogo permanente, franco y para la acción? Aquí confluyen empresarios grandes, medianos y pequeños, nacionales e internacionales, con trabajadores, campesinos, pescadores y expresiones de la economía comunal, con el gobierno para concretar los planes de la Agenda Económica Bolivariana que Schemell banaliza cuando José Vicente Rangel le habla de los 14 motores y el responde con que antes se anunciaron cinco revoluciones. Este es un inmenso y estratégico espacio para el diálogo. ¿Acaso no es un importantísimo espacio de diálogo el Congreso de la Patria? Un espacio que convoca el espíritu constituyente del pueblo, de todos los y las patriotas, de quienes defienden a Venezuela, para impulsar desde allí las grandes transformaciones políticas que demanda el nuevo ciclo revolucionario que se está abriendo en Venezuela, es un espacio de diálogo también permanente, con las grandes masas del pueblo como protagonistas.

Pero Schemell no ve ni al Consejo Nacional de Economía Productiva, ni al Congreso de la Patria, como espacios de diálogo, o por lo menos, no le parecen suficientes, él aspira al diálogo con Fedecamaras, con Consecomercio, con AD, COPEI, Primero Justicia y Voluntad Popular, entre otros. O sea, el diálogo de las élites, que, tal como lo plantean esos sectores, no es diálogo sino rendición. Se equivoca señor Schemell, a ese “diálogo” no vamos, con su propuesta vamos al despeñadero de la perdida de todo lo ganado en 17 años de revolución por nuestro pueblo en democracia política, económica y social y en soberanía e independencia nacional.

Dice Schemell que “el país está dispuesto a acompañar un programa de ajustes”. Me surgen dos preguntas: 1) ¿a cuál “país” se refiere?, y 2) ¿será el programa de ajustes neoliberal? Con mucha frecuencia los políticos y analistas políticos de derecha y reformistas involucran a todo el país, es decir, a las mayorías nacionales, a los trabajadores y trabajadores, campesinos y campesinas, indígenas, jóvenes, mujeres, cultores y cultoras, deportistas, estudiantes, pequeños y medianos empresarios, con la manera de pensar y ver las cosas de las élites reaccionarias. Esa es una concepción que invisibiliza al pueblo y contribuye a la hegemonía de la burguesía asociada a las transnacionales imperialistas. No es verdad que el “el país está dispuesto a acompañar un programa de ajustes” neoliberal. Y no vengan a decirnos ahora que Schemell no se refería a ese, entre otras cosas, porque aparte del programa de ajustes neoliberal, no hay otra propuesta que no sea la Agenda Económica Bolivariana que Schemell banaliza porque no la comparte; él quiere liberación de precios, eliminación del control de cambios, desregulación de las relaciones laborales y privatizaciones.

El Chavismo –que Schemell admite como una fuerza cultural y simbólica- y su gobierno, el de Nicolás Maduro, tenemos un plan que se concreta en primer lugar en la Agenda Económica Bolivariana que tiene por objetivos enfrentar la emergencia derrotando la guerra económica y sentar las bases para construir el modelo económico productivo socialista, desarrollando las fuerzas productivas nacionales.

La Agenda Económica Bolivariana que ya ha comenzado a dar pasos, está constituida por catorce (14) motores con dos prioritarios, el motor agroalimentario y el motor químico farmacéutico, para enfrentar dos frentes principales de la guerra económica contra nosotros; los alimentos y los medicamentos. Cada motor se concreta en rubros que podemos producir de manera soberana, con nuestras propias fuerzas. Este es el llamado Plan 50. Dos objetivos del plan persiguen sustituir importaciones e impulsar exportaciones no petroleras, para ahorrar las divisas no convertibles que tenemos y ampliar su captación internacional, disminuida por la abrupta y prolongada caída de los precios del petróleo en el mercado mundial.

Pero no es una agenda economicista, no se nos puede acusar de eso. La Agenda Económica Bolivariana se acompaña de la Agenda Social que también está en desarrollo y tiene entre sus prioridades la Gran Misión Vivienda Venezuela, la Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor, la Misión Barrio Adentro, la Gran Misión Hogares de la Patria, las misiones educativas con énfasis en la Misión Robinson Productivo, la Misión Cultura Corazón Adentro y la agenda deportiva.

Y también la acompaña una Agenda Política cuya principal iniciativa estratégica la constituye el Congreso de la Patria, orientado a poner en tensión al Poder Constituyente Originario del Pueblo y construir el plan de la Revolución Bolivariana para los próximos 20 años, en el marco del Plan de la Patria. Además, atiende al fortalecimiento del PSUV y los partidos revolucionarios y el debate político cotidiano.

Entonces, no es verdad que el gobierno revolucionario no toma decisiones y las que toma no son acertadas o no son tomadas a tiempo, como dijo Schemell en el programa del compañero José Vicente Rangel. Tenemos un plan de carácter estratégico, orientado a seguir construyendo nuestro modelo Socialista, Bolivariano y Chavista; que tiene la suficiente conexión a tierra, es decir con las bases del pueblo, para comprender las necesidades, anhelos y esperanzas populares. No quiere decir que no hayamos cometido errores en la conducción económica y política, o que no tengamos que mejorar aspectos de nuestra acción y nuestros métodos, pero sólo para hacerlos más revolucionarios.

Culmina Schemell con una propuesta que ya tiene cierto tiempo y antes fue asumida por otros, entre los que recuerdo están Víctor Alvarez y Felipe Pérez Martí. Nos dice que Maduro, aparte de dejar la “innecesaria épica revolucionaria”,  “bajar de la Sierra Maestra” y abandonar nuestro programa revolucionario para asumir un programa de ajustes que él no define, pero es el neoliberal; tiene que completar la ecuación convocando a “un gobierno de unión de todos los sectores”, o sea, a un gobierno de coalición en el que cohabiten las fuerzas revolucionarias y chavistas con las de la contrarrevolución, porque de otro modo se impondrán las fuerzas extremas que conducen a la violencia.

Hay que decirle al señor Schemell que Venezuela tiene un gobierno de todos y todas: los que fueron explotados como fuerza de trabajo por el capital, los excluidos e invisibilizados por la democracia burguesa y de élites de la IV República, los oprimidos por el imperialismo, las mujeres sometidas a la doble y triple explotación de la sociedad patriarcal, burguesa y capitalista, los jóvenes sometidos a la más cruel represión, los estudiantes sin escuelas y sin futuro, los enfermos sin servicios de salud, los ancianos con pensiones de hambre o sin pensionesy los empresarios sin producción ahogados por la burguesía especulativa, parasitaria, enemiga de la producción, entre otros. El gobierno Bolivariano es de todos y todas, es del pueblo que lucha, trabaja, ama y edifica todos los días una Patria grande, fuerte y solidaria. Esta es la razón de la virulencia de la guerra contra nuestra revolución y de los planes actuales de la contrarrevolución para producir un golpe de Estado y un baño de sangre. Frente a esos planes y frente a los desafíos que nos plantea la construcción del Socialismo Bolivariano y Chavista avanzamos con serenidad y combatividad al mismo tiempo, orientados por el pensamiento y el ejemplo del gigante Hugo Chávez, con la conducción del líder de la Revolución Bolivariana Nicolás Maduro.

La conciliación de clases, expresada en la renuncia a los objetivos de la Revolución Bolivariana y la rendición ante los enemigos de la Patria, no es una opción para nosotros. La única opción que tenemos nos la dejó el Comandante Supremo Hugo Chávez –y no nos importa que nos digan que eso es “innecesaria épica revolucionaria”- en forma de orden: Unidad, Lucha, Batalla y Victoria. De allí no nos van a sacar.

Venceremos!

Caracas, 20 de marzo de 2016

 

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