Opinión / Noticias

Por Irán Aguilera
El próximo domingo 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, Venezuela se encamina a una nueva Consulta Popular Nacional. Este evento, cargado de simbolismo, será una jornada electoral muy importante para el Bravo Pueblo venezolano; es la materialización del “espíritu de nuestras guerreras”, como ha dicho la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, volcado en la toma de decisiones directas sobre el territorio. El enfoque es claro: profundizar la Primera y Segunda Transformación (1T y 2T) del Plan de la Patria, priorizando la producción local y la optimización de servicios vitales como agua, electricidad y transporte.
La confianza del pueblo en este mecanismo no es gratuita, sino el resultado de cifras contundentes. Durante el año 2025, el 71 por ciento de los recursos del Consejo Federal de Gobierno fueron transferidos de manera directa al Poder Popular, permitiendo la ejecución de más de 35.000 proyectos nacidos desde la base en las seis consultas anteriores. Esta transferencia de poder real ha demostrado que las comunidades, cuando cuentan con los medios, poseen la capacidad técnica y política para transformar su realidad inmediata con mayor eficiencia que las estructuras burocráticas tradicionales.
Para este 2026, la apuesta se incrementa. El Gobierno Nacional, al anunciar un incremento del 37 por ciento en su presupuesto, aseguró que mantendrá la misma distribución de 2025, donde se privilegia el Poder Popular: un 53 por ciento asignado directamente a los Circuitos Comunales, frente al 29 por ciento para gobernaciones y el 15 por ciento para alcaldías. Estos indicadores son la prueba fehaciente de una voluntad política orientada a fortalecer la democracia participativa y protagónica, dejando atrás el viejo modelo de gestión de democracia representativa.
Más allá de los números, lo que presenciaremos este 8 de marzo es el avance de un sistema de gobierno alternativo. La cotidianidad venezolana se ha transformado en un ejercicio permanente de asambleas, planificación y rendición de cuentas. En cada Circuito Comunal, el debate de ideas y la priorización de necesidades colectivas se han convertido en la herramienta principal para elevar la calidad de vida. Este domingo, el voto no será solo por un proyecto, sino por la ratificación de un pueblo que ha decidido ser el arquitecto de su propio destino.
Este ejercicio de soberanía directa demuestra que el pueblo venezolano no es un actor pasivo, sino el protagonista de su historia. Al autogestionar recursos y priorizar sus necesidades, las comunidades transforman la teoría en acción, construyendo con sus propios esfuerzos y creatividad soluciones reales a problemas locales. Así, se materializa la democracia participativa y protagónica consagrada en la Constitución Bolivariana, donde el poder reside en el pueblo y el destino se diseña y construye desde el territorio.
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Barcelona / Edo. Anzoátegui