Héctor Agüero / Noticias / Opinión

18.Nov.2016 / 09:23 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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El director de cine neoyorquino Woody Allen, dirigió en 1983 uno de sus mejores filmes titulado Zelig o la vida de Leonard Zelig, un personaje que padece extrañas mutaciones, cada vez que entra en relaciones con otros seres humanos. El parecido de este personaje con la MUD es inevitable.

La composición de la MUD, se aproxima más a un batido entre el arca de Noé y la torre de Babel y su desempeño debería corresponder más a la programación de un circo, es decir, cada cosa en su lugar. Esto en el plano teórico.

El inconveniente radica en que en la vida diaria esa regla de juego no se cumple. Cada Mudo o Muda, se cree a su vez una encarnación de la Mudo original. Es el síndrome de Zelig que, traducido al lenguaje político criollo, recibe la certera etiqueta de Camaleón los cuales, abundan en demasía en el campo opositor, varios de ellos expertos en el arte de la talanquera, etapa superior del camaleonismo.

 Resulta entonces complejo y difícil para los expresidentes mediadores, así como también para el sector gobierno, discernir en cada reunión con quien se conversa. ¿Es acaso el burgomaestre Ocariz, sentado al frente de ellos, realmente el alcalde del Distrito Sucre del Estado Miranda? ¿O acaso se trata de un alumno aventajado de Zelig?.  La confusión es mayor cuando los propios partidarios de Ocariz, afilan las flechas justicieras para convertir al mencionado político, en un mártir al igual que se tratará de San Sebastián.

No les gusta el Ocariz que se muestra benevolente con los pata en el suelo de los Chavista, prefieren al alcalde que regenta a Petare y que, ostenta el record mundial de acumulación de basura municipal.

Siempre en el patio de Primero Justicia, encontramos a Julio Borges denunciando que la Gran Misión Vivienda Venezuela, GMVV es un fraude, una maqueta pues, y casi al mismo tiempo, aparece con un grupito en un desarrollo ya habitado a decirle a los patriotas que, por primera vez gozan de vivienda propia que debían tramitar su título de propiedad. Demás está decir que, con mucha educación los pusieron de paticas en la calle; pero lo que nos interesa es que, en este caso aparece nuevamente el síndrome Zelig: ¿Sería el mismo Julio Borges de las maquetas el mismo que, aparecía reconociendo la labor de la GMVV? Otra vez, el camaleonismo invade sin piedad a la MUD ¿Cuál MUD?

 

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