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3.Nov.2016 / 10:19 am / Haga un comentario

Seguidores de la MUD“Una oposición venezolana dividida se sienta a negociar con el gobierno”, dice el para nada chavista diario español El País. Aunque esto no es tan novedoso, lo que sí debe prestar nuestra atención es el destino y fatalidad en el que puede devenir la errática acción de esos actores políticos desperdigados en un caos propiciado por ellos mismos, una forma de revolver el río como quien quiere pescar en él. Pero más allá de los oportunistas y su pandemónium, está una ingente masa de seguidores defraudados sumidos en la desventura.

Chúo Torrealba, el domingo 30 de octubre, publicó en una nota emitida desde el portal de la misma MUD, que actores partidistas de esa organización (sin él) venían reuniéndose en secreto con el chavismo y los mediadores, preparando pre-acuerdos para irse al diálogo. Aunque en la politiquera y pendenciera propaganda del Twitter, factores como Ramos Allup, Capriles y MariCori decían no saber nada del diálogo y que se enteraban de éste por TV, lo cierto es que no era Chúo sino la momia adeca la que a sus anchas hizo las demostraciones de su sostenido y practicado estilo puntofijista de actuar en la sombra y todos lo sabían.

Resultado: el domingo 30 de octubre se publicó un primer acuerdo formal entre oposición y chavismo. En el documento brilla por su ausencia el referendo revocatorio. Figura además una declaratoria de mecanismos para eludir la violencia. Aparecen “prioridades” para la MUD que ya estaban en un tercer plano o que ya habían sufrido una vuelta de hoja por estar fuera del tapete, una de esas es lo que en la MUD llaman “presos políticos”. El corolario de lo que está por sentado que se discutirá en el diálogo, es la domesticación de la MUD en una agenda impuesta por el chavismo que los coloca en los rediles de la sana política.

El diálogo que acerca a algunos y divide a otros

Hay que reiterar esto con insistencia: Voluntad Popular, Vente Venezuela, Alianza Bravo Pueblo, Copei y otros partidos “minoritarios” (llamados así por la mediática antichavista), que conforman el 70% de los partidos que integran la MUD, fijaron postura abiertamente adversa al diálogo en un comunicado emitido a sólo horas de la cita del domingo 30. Esto indica que un grupo de partidos que se abroga la mayoría dentro de la MUD actúa como señores de “la Cosa Nostra” y deciden sin consultar o contrariamente a las aspiraciones de las organizaciones que integran esa organización.

Las divergencias tácticas evidenciadas en la MUD ponen al relieve situaciones mucho más graves: no hay cohesión interna, la improvisación campea, no están preparados para actuar con contingencias políticamente efectivas, maniobran con dificultan en medio del disenso, la impremeditación la han evidenciado en diversos escenarios que les ha impuesto el chavismo, la discordia y pugna interna por cuotas es privilegiada por los actores que la integran.

Orfandad y desventura de una identidad política de la frustración

El oposicionismo en Venezuela se ha consagrado tanto en su identidad antichavista que no sabe ser otra cosa, que no sea irremediablemente colocarse en la postura de la oposición, aunque sean gobierno (parlamentario, pero gobierno al fin). Es la situación clásica del que le exige a la política, pero que no sabe hacer política. La tragedia de quienes tienen las ventajas estratégicas pero se presentan desperdigados en la táctica. La calamidad de quien tiene las condiciones a favor pero que despilfarra recursos, se repliega, se bombardea a sí mismo y destruye por acción propia sus posibilidades en el terreno.

La MUD es el principal enemigo de la MUD y ha arrastrado a esa fatalidad a sus propios seguidores.

La trampa del desconcierto y la decepción entre seguidores de la derecha descoloca a su propia dirigencia, al punto de someterlos a un callejón sin salida de decisiones, todas, con alto costo político, por poner “en la nada” sus propias aspiraciones. Si van a diálogo, pierden. Si van a la violencia, pierden. Si se congelan en la inacción, pierden.

Intentando salvaguardar su capital político ya bastante deslegitimado y golpeado, la MUD va a la situación errática de improvisar en simultáneo en todas las direcciones de la agenda caótica, al punto de irse a una mesa de diálogo con el Gobierno y comprometiéndose con la “no violencia”, mientras Capriles azuza para ir a Miraflores el 3 de noviembre. La declaración de Ramos Allup en el Hemiciclo el martes primero de noviembre: “De aquí en adelante lo que viene es diálogo” y no la agenda de la ultra tipificada en Voluntad Popular.

Incluso MariCori se quedó en la esquina de la división sin escucha, diciendo que “sin calle organizada y sostenida no hay diálogo”.

No hay que desmeritar a los actores en la MUD en esto de crear el pandemónium propio para sacar provecho de él, aunque tengan que pasar como aplanadora sobre otros integrantes de “la mesa del desastre” y aunque irremediablemente ese caos será un punto de colisión que afectará la vida nacional. Todo apunta a eso. Con el revocatorio virtualmente muerto y con el cambio de agenda con miras a las regionales, el caos autopropiciado por la MUD se basará en capitalizar espacios políticos para 2017. Pelearán por cuotas quienes se dejaron “domesticar por el Gobierno” versus quienes “se mantuvieron en la lucha”, aunque ninguno de los bandos consiga el objetivo estratégico de sacar al chavismo de Miraflores.

Debemos preguntarnos por el resultado de semejantes desvaríos políticos entre un indudable gran piso político que delegó en ellos la responsabilidad de destruir este año al chavismo y que lidian ahora con el desconcierto, mientras ya comienzan a sonar las gaitas de diciembre.

Hay reacciones percibidas entre seguidores del antichavismo en un discurso afín: afirman que la “Maldita MUD” negocia con el Gobierno, le hacen el juego al Gobierno, en lugar de acorralarlo le dan oxígeno. El pacto y la coexistencia están servidos, dicen. Se esfuman las oportunidades políticas, el revocatorio se dilata, la agenda de calle se esfuma, la contundencia de la MUD es sólo en el discurso pero su accionar es oscilante y ambivalente, comentan. No ocurre el ansiado golpe, señalan otros.

Lo que en enero de 2016 era un Titanic reluciente ahora es un trágico naufragio, pues esta debacle pasará a la historia de Venezuela como el año en el que la MUD tuvo absolutamente demasiadas cosas a favor para desplazar al chavismo y no lo lograron, la consumación de la más monumental y estruendosa catástrofe impensable e inédita en la historia política de nuestro país con la que ha de lidiar una organización política.

Hay que guardar duelo por esa indudable masa ingente de seguidores de la MUD presos hoy del desparpajo: luego de una campaña agresiva, triunfalista, que sublimó en los seguidores de la MUD desde diciembre un conjunto de aspiraciones erigidas sobre “resultados inmediatos” y posibilidades que nunca existieron, la desilusión campea. Ni Maduro salió en seis meses, ni la AN logró objetivos políticos, ni hubo enmienda ni amnistía ni recorte del período presidencial, ni Maduro es colombiano, ni hubo regionales en 2016, no hay ni habrá revocatorio en 2016, no hay ni habrá juicio político contra Maduro. Hay es la nada.

Muchos quienes tenían aguantadas las maletas para “irse demasiado” ya se decidieron. Muchos quienes todavía creían en que la MUD podía sorprender, ya pasaron la página. Muchos quienes tenían esperanzas en personalidades de la cofradía de pranes que es la MUD, ya les retiraron la confianza. Muchos quienes esperaban fuerza y consistencia del antichavismo furibundo con micrófonos en tarimas, terminaron decepcionados. Incluso los chavistas, quienes no tenemos nada que esperar de la MUD, también terminamos decepcionados, pues el chavismo apenas tuvo que concentrarse cohesionado en su propia estrategia para hacer tambalear al adversario sumido en su propio enfrentamiento.

Toda esta fatalidad tiene una marca de origen: enceguecidos bajo consignas y esperanzas triunfales, nuevamente subestimaron el pulso político y la capacidad de maniobra del chavismo.

La única pero no menos definitiva indicación que deja el manual implementado por la MUD para defraudar a sus seguidores y autodestruirse es corta y llana: si una organización quiere propiciar su propia catástrofe política, sólo debe ofrecerse públicamente como una organización que quiere regir un país sabiéndose incapaces de dirigirse a sí mismos, pese a ser apenas una cofradía de partidos con intereses comunes. Es dedicarse a la política, careciendo de habilidades políticas.

Por: Franco Vielma

Misión Verdad

 

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