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19.Ene.2015 / 08:52 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

El 19 de enero de 1824, el libertador Simón Bolívar envió una carta al gran maestro venezolano Simón Rodríguez, fecha en la que cumplían poco más de 18 años sin verse y Bolívar, quien tres años antes había logrado la gesta independentista en el histórico Campo de Carabobo, le pide que vaya a verlo y con esto observar la patria nueva, la Gran Colombia, que nacía libre e independiente.

Bolívar mantenía intactos los valores de libertad y justicia inculcados por este hombre que influyó en su formación académica, humana, política, filosófica. Y le agradece haberlo formado “para lo grande, para lo hermoso”.

A continuación, el texto íntegro de la carta de Bolívar a Rodríguez:

Al señor don Simón Rodríguez

¡Oh mi maestro! ¡Oh mi amigo! ¡Oh mi Robinson, Usted en Colombia! Usted en Bogotá, y nada me ha dicho, nada me ha escrito. Sin duda es Usted el hombre más extraordinario del mundo; podría Usted merecer otros epítetos pero no quiero darlos por no ser descortés al saludar un huésped que viene del Viejo Mundo a visitar el nuevo; sí a visitar su patria que ya no conoce, que tenía olvidada, no en su corazón sino en su memoria. Nadie más que yo sabe lo que Usted quiere a nuestra adorada Colombia.

¿Se acuerda Usted cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria? Ciertamente no habrá Usted olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que no debíamos tener.

Usted Maestro mío, que tanto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con qué avidez habrá seguido Usted mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por usted mismo.

Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Usted me señaló. Usted fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede Usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que Usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que Usted me ha regalado. Siempre presentes a mis ojos intelectuales las he seguido como guías infalibles. En fin, Vuestra. ha visto mi conducta; Vuestra merced. Ha visto mis pensamientos escritos, mi alma pintada en el papel, y Vuestra merced no habrá dejado de decirse: todo esto es mío, yo sembré esta planta, yo la regué, yo la enderecé tierna, ahora robusta. Fuerte y fructífera, he aquí sus frutos; ellos son míos, yo voy a saborearlos en el jardín que planté; voy a gozar de la sombra de sus brazos amigos, porque mi derecho es imprescriptible, privativo a todo.

Sí, mi amigo querido, Vuestra merced está con nosotros; mil veces dichoso el día en que Vuestra merced pisó las playas de Colombia. Un sabio, un justo más, corona la frente de la erguida cabeza de Colombia. Yo desespero por saber qué designios, qué destino tiene Vuestra merced; sobre todo mi impaciencia es mortal no pudiendo estrecharle en mis brazos; ya que no puedo yo volar hacia Vuestra merced, hágalo Vuestra merced hacia mí; no perderá nada; contemplará Vuestra merced con encanto la inmensa Patria que tiene, labrada en la roca del despotismo por el buril victorioso de los libertadores, de los hermanos de Vuestra merced. No, no se saciará la vista de Vuestra merced delante de los cuadros, de los colosos, de los tesoros, de los secretos, de los prodigios que encierra y abarca esta sombría Colombia.

Venga Vuestra merced al Chimborazo: profane Vuestra merced con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la almena inexpugnable del universo nuevo. Desde tan alto tendrá vuestra vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podrá decir: “dos eternidades nos contemplan: la pasada y la que viene; y este trono de la naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, indestructible y eterno como el Padre del Universo”.

¿Desde dónde, pues, podrá decir Vuestra merced otro tanto tan erguidamente?

Amigo de la naturaleza, venga Vuestra merced a preguntarle su edad, su vida y su esencia primitivas; Vuestra merced no ha visto en ese mundo caduco más que las reliquias y los desechos de la próvida Madre. Allá está encorvado con el peso de los años, de las enfermedades y del hálito pestífero de los hombres; aquí está doncella, inmaculada, hermosa, adornada por la mano misma del Creador.

No, el tacto profano del hombre todavía no ha marchitado sus divinos atractivos, sus gracias maravillosas, sus virtudes intactas. Amigo, si tan irresistibles atractivos no impulsan a vuestro vuelo rápido hacia mí, ocurriré a un apetito mas fuerte. La amistad invoco.

Presente esta carta al Vicepresidente: pídale Vuestra merced dinero de mi parte, y venga Vuestra merced a encontrarme.

Pativilca, 19 de enero de 1824

BOLÍVAR.

AVN

 

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