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6.Ago.2015 / 07:28 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

En tan solo un segundo, de forma instantánea, con el impacto fueron asesinadas más de 100.000 personas, a las que se sumaron luego otras 185.000 producto de la radiación provocada por las bombas atómicas que Estados Unidos arrojó en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, hace 70 años, el 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente.

Aunque EEUU es el mayor armamentista nuclear, y el único país que ha usado este tipo de energía con fines bélicos, actualmente se adjudica el derecho de decidir qué países pueden o no usar esta energía, ejerciendo presiones y sanciones contra aquellos que -como Irán- deciden hacer uso libre de esta energía con fines pacíficos.

Aquel agosto de 1945, los ataques con bombas atómicas fueron autorizados por el presidente de Estados Unidos Harry S. Truman, después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades. Algunos celebran estos hechos por considerar que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pero nada más lejos de la realidad, el objetivo de Estados Unidos era la rendición total para poner a las islas japonesas bajo su tutelaje.

“El uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no fue de ninguna ayuda en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban vencidos y listos para rendirse”, dijo posteriormente el Almirante William D. Leahy, jefe del Estado Mayor de Truman, durante una entrevista en donde se evidenció la falta de justificación del uso de estas armas de destrucción masiva.

Japón quería la paz, pero el emperador Hirohito no estaba dispuesto a ceder su soberanía a un país extranjero y enemigo, esta negativa fue manipulada por el gobierno de Truman para llevar a cabo los genocidas bombardeos atómicos sobre el imperio japonés. El 6 de agosto de 1945 EEUU lanza una bomba de uranio sobre Hiroshima, sin previo aviso, asesinando de forma instantánea a más de 80 mil personas.

Truman justificó el bombardeo diciendo que el objetivo había sido la destrucción de instalaciones militares japonesas, considerablemente debilitadas ya, y que la muerte de civiles serían mínimas; sin embargo, la bomba no cayó en ninguna base militar sino en el centro de la ciudad.

La página web del Museo Memorial de Paz de Hiroshima explica que luego de la explosión la temperatura del aire al momento alcanzó varios millones de grados centígrados (la temperatura máxima de las bombas convencionales es de aproximadamente 5 mil grados centígrados). Varias millonésimas de segundos después, apareció una bola de fuego que irradiaba calor blanco, y tras pasar un segundo se expandió hasta alcanzar un diámetro de 28 metros con un temperatura cercana a los 300 mil grados centígrados.

Tres días después (9 de agosto de 1945), y conocido los efectos de la primera bomba atómica, EEUU lanzó una segunda, esta vez de plutonio, sobre Nagasaki, el número de muertes instantáneas superó las 50 mil.

Ante los actos de barbarie y crueldad perpetrados por EEUU, Japón decidió entregarse en manos de Washington.

El mismo día del lanzamiento de la primera bomba atómica, el 6 de agosto, el presidente Truman ofreció declaraciones a la prensa: “Hemos gastado más de dos mil millones de dólares en la mayor apuesta científica de la historia, y hemos ganado”, expresó entre risas, sin importarle las muertes o los daños de la población japonesa.

Gabriela Toro AVN

 

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