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27.Dic.2014 / 11:54 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

El 27 de diciembre de 1824, cinco días después de conocer la victoria del Ejército Unido Libertador en la planicie de Ayacucho, el Libertador Simón Bolívar emitió un decreto mediante el cual se honraban los méritos de los oficiales y soldados que combatieron en el histórico campo. En el documento se dispuso especialmente la consagración de Antonio José de Sucre como Gran Mariscal y Libertador del Perú. Asimismo, se ordenó que su busto fuero colocado en la cima de aquel campo de batalla.

La incertidumbre

El desconcierto reinaba en Lima y las provincias de la costa –a más de ochocientos kilómetros de distancia de Ayacucho por las rutas de la época –. El Libertador, quien tenía confianza absoluta en el talento de Antonio José de Sucre para dirigir, en su ausencia, las operaciones del ejército, no olvidaba un detalle decisivo de aquella campaña: la superioridad de los efectivos realistas respecto a las fuerzas independientes y que virtualmente era de tres a uno.

A diferencia de Junín, donde Bolívar enfrentó los seis mil hombres de Canterac separado éste de los cuatro mil que el Virrey mantenía en el Cuzco –y de los más de cuatro mil soldados de Valdez, quien estaba en el Alto Perú enfrentan al disidente Olañeta–, a Sucre, le tocó dar cara a más de ocho mil realistas, para lo que contaba el cumanés con cinco mil quinientos efectivos.

“Ilimitada gratitud”

El 25 de diciembre de 1824, el Libertador había dictado una proclama congratulando a los integrantes del Ejército Unido Libertador por sus proezas en el campo de batalla. Allí dice “¡Soldados! Habéis dado la libertad a la América meridional, y una cuarta parte del mundo es el monumento de vuestra gloria (…) Recibid la ilimitada gratitud que os tributo a nombre del Perú. Yo os ofrezco igualmente que seréis recompensados!” Y ciertamente la promesa de Bolívar será cumplida cuando el Congreso del Perú, reconstituido en febrero de 1825, apruebe una ley para recompensar con un millón de pesos a los integrantes del Ejército Unido Libertador, y otro millón para la persona de Padre de la Patria, quien la rechazará de modo inflexible. Los generales del ejército recibirán como premio de la nación peruana, bienes inmuebles, hatos o haciendas. Algunos, como el venezolano José de la Trinidad Morán se radicarán para siempre en Perú, involucrándose en los conflictos intestinos de este país y allí morirá fusilado. Otros, como Jacinto Lara, beneficiado también con recompensas, regresarán años después a su lar nativo.

Heroismo e ingenio

Así, sólo el ingenio, audacia y precisión de los movimientos y acometidas ordenadas por Sucre daraán solución, a favor de los patriotas, de la fase final de la guerra en Perú. Así, las dudas e inquietudes concluyen cuando en la capital se conoció, trece días después, el resultado de la acción del 9 de diciembre. Y ese resultado final se debió a la escogencia del terreno por Sucre, el cañoneo incesante a los accesos por donde podían los realistas sorprender a los patriotas de madrugada, y al valor de oficiales y tropa en la jornada..

Méritos de Sucre

Los méritos de Sucre fueron ensalzados en la época por todo peruano con capacidad de opinión. Comenzando por el Libertador, quien poco después elaboraría su Resumen Suscinto de la Vida del General Sucre escrito por el Libertador, y quien, justamente el 27 de diciembre de 1824, publicó el decreto de honores. Cabe indicar que en este decreto se concede al cumanés el título de “Gran Mariscal”. Luego el Congreso lo perfeccionará agregando “Gran Mariscal de Ayacucho”, como pasó a la posteridad de modo definitivo.

En el texto-folleto titulado “Resumen Suscinto de la Vida del General Sucre”, la primera biografía que sobre su persona se escribiera en el continente, y cuyo autor fue el Libertador, como ya se ha dicho, éste escribe “La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del General Sucre”, resaltando la extraordinaria habilidad de éste como conductor de tropas y la precisión para escoger el momento y lugar de la acción.

Marchas y contramarchas

Durante los dos meses previos a la jornada, los realistas comandados por el Virrey de la Serna, así como los patriotas jefaturados por Sucre, se mantuvieron en mutua observación, efectuando marcas y contramarchas a lo largo de la franja cordillera del sur de Perú, sin atreverse uno ni otro a dar la batalla, y buscando cada cual el mejor escenario o la oportunidad de sorrpender al adversario. Así, Bolívar dice “Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho, semejante a Waterloo, que decidió del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas”.

Correo del Orinoco

 

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