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18.Sep.2017 / 07:07 am / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

Foto: Misión Verdad

El 15 de febrero de 1898 el acorazado Maine explotó en las costas habaneras, causando 266 muertes y justificando la entrada de Estados Unidos a la lucha por la independencia cubana de España con el único fin, pronto logrado, de apoderarse de Cuba. Este es el primer registro de una operación de bandera falsa pensada y ejecutada desde el entonces naciente imperio.

Desde entonces hasta ahora, durante más de un siglo, estas operaciones se hicieron comunes. Disfrazar de victimaria a la futura víctima, para justificar lo realmente injustificable, se hizo un método habitual para definir la geopolítica mundial a favor de las naciones poderosas y las corporaciones. En el marco de la “guerra fría” el pésimo actor de Hollywood y peor presidente norteamericano Ronald Reagan acusó a una pequeña isla de estar preparándose para coadyuvar una invasión de la URSS a EEUU. Sembrado el terror, EEUU invade la pequeña isla de Granada en 1983 y asesina a su presidente. Años después, la invasión a Irak y a Libia se sustentó en sendas mentiras que luego fueron develadas.

Todas estas noticias falsas han servido para justificar la entrada del aparato militar estadounidense y sus lacayos de la OTAN, en la guerra para controlar nuevos territorios, riquezas y mercados. Lo sorprendente ya no es que el imperialismo recurra a estas prácticas, lo sorprendente es que aún tenga credibilidad en amplios sectores de la población.

Según publicó Eva Golinger en el año 2009, “un documento secreto del Centro Nacional de Inteligencia del Ejército de EEUU (U.S. Army National Ground Intelligence Center) recientemente desclasificado parcialmente bajo una solicitud de la Ley de Acceso a la Información (FOIA, por sus siglas en inglés) en EEUU, confirma que el equipo de operaciones psicológicas más poderoso del Pentágono está empleando sus esfuerzos contra Venezuela. El documento, del año 2006, analiza la situación fronteriza entre Colombia y Venezuela. Su redacción está realizada por el Grupo 4 de Operaciones Psicológicas (Activa) del Ejército de EEUU y el Centro Nacional de Inteligencia del Ejército de EEUU, hecho que afirma entonces que este mismo equipo de guerra psicológica está trabajando en la región contra Venezuela”.

Sin duda, las operaciones psicológicas (opsic) desarrolladas por esos laboratorios contra la Revolución Bolivariana han fracasado en su objetivo estratégico pero han logrado avances tácticos, gracias a que la modalidad de guerra no convencional que desarrollan contra Venezuela se ha centrado en construir el escenario óptimo para su desarrollo. Este escenario ideal se describe en el Manual 33-1-1 de los EEUU. Y se caracteriza por la carestía de comida, alojamiento, ropas u otras necesidades, corrupción entre los líderes enemigos, carestía de efectivos en el servicio militar enemigo, inflación, intolerancia racial o religiosa, falta de unidad política y desconfianza de los líderes, pérdida de comunicaciones internas (radio, televisión, teléfonos, redes de computadora) y fallos en los sistemas de transporte.

1. Falsos positivos contra Venezuela

El gobierno colombiano como lacayo del norteamericano ha protagonizado varias operaciones de este tipo contra Venezuela. En el año 2001 el entonces presidente Andrés Pastrana tendió una trampa al presidente Hugo Chávez para tratar de vincularlo con las FARC, infiltrando a Diego Fernando Sierra en una reunión de ambos presidentes en Colombia.

En el año 2002, asume la presidencia colombiana el narcoterrorista, padre del paramilitarismo y promotor de los falsos positivos, Álvaro Uribe Vélez. Durante la presidencia de Uribe, miles de jóvenes colombianos inocentes, en un número aún no determinado con exactitud pero que se sospecha sea superior a 3 mil, son asesinados por las Fuerzas Armadas colombianas y presentados posteriormente ante la opinión pública como guerrilleros muertos en combate para demostrar “eficiencia” y obtener los beneficios de recompensas ofrecidos por el gobierno guerrerista de Uribe. Surge el término “falsos positivos”.

En el año 2004, el falso positivo más grande preparado hasta entonces por Uribe Vélez en connivencia con la derecha venezolana es descubierto: 150 paramilitares colombianos portando uniformes de la FANB que se dirigían a Caracas con el fin de perpetrar una acción terrorista para acabar con la vida del presidente Chávez y ejecutar una masacre contra el pueblo.

El 20 de agosto de 2015 tres jóvenes soldados venezolanos y un civil, resultaron gravemente heridos al ser víctimas de una vil emboscada paramilitar cuando realizaban labores de inteligencia contra estos grupos vinculados al contrabando de extracción en la frontera. Tan pronto la acción fue denunciada, el presidente Nicolás Maduro respondió contundentemente cerrando la frontera común por 72 horas. Los operadores soltaron su material y se desató una ola de xenofobia y antichavismo en las empresas privadas de comunicación. La rabia y el miedo una vez más siendo azuzados para programar al pueblo colombiano en contra de la Revolución Bolivariana con el fin de sostener el discurso de la oposición venezolana.

Desatada la feroz campaña mediática los falsos positivos aumentaron, versiones de que soldados venezolanos entraron disparando a territorio colombiano, denuncias del ministro de la defensa de Colombia denunciando violación del espacio aéreo en dos ocasiones, acusaciones de maltratos y deportaciones que comparaban al Gobierno del presidente Maduro con el régimen nazi, fueron las falsas denunciadas usadas. La aversión al Gobierno Bolivariano y la xenofobia han sido meticulosamente sembradas en el pueblo colombiano a través de los medios masivos de propaganda del país, de los cuales por cierto la familia Santos es una de las más grandes propietarias.

Esta campaña arrecia en los últimos años y comienza a lograr el involucramiento de agencias multinacionales como la ACNUR. Colombia, el país con mayor número de desplazados del mundo dice estar preparando las operaciones humanitarias para recibir la “gran oleada” de personas venezolanas que buscan refugio en ella.

2. “No es decir mentiras, es ponerle picante”: el fantasma del Estado Islámico

De nuevo vuelve a las “noticias” la infame acusación de violación de derechos humanos a la población colombiana residente en Venezuela y una supuesta dictadura que genera el desplazamiento de su población hacia otros países, cuando en realidad la “diáspora” venezolana es muy inferior a la que Colombia ha generado ininterrumpidamente durante las últimas décadas hacia Venezuela, Ecuador, EEUU y España, entre otros. Pero bajo premisas como la de Claudia Cano, CNN tiene meses tratando de vincular al Estado Islámico y al Gobierno venezolano hasta el punto de decir, en su serie “Pasaportes a la sombra”, frases tan peligrosas como que no sería raro que el autor del próximo atentado terrorista tuviera pasaporte venezolano. Al mismo tiempo, el coronel Pedro Rojas, director del Centro de Doctrina del Ejército de Colombia declara: “Amenazas que van a llegar. No es descabezado pensar que el Estado Islámico pueda llegar a Sur América. Es posible”. No se sabe si adivinan o planean.

3. La presión sobre Santos

Uribe, el presidente de los paramilitares, los falsos positivos, el bombardeo a Ecuador, enemigo acérrimo del presidente Chávez y de la Revolución Bolivariana, contó para todas sus acciones con su flamante ministro de la defensa, Juan Manuel Santos. Hoy a pocos meses de entregar la presidencia de Colombia luego de ocho años.

A sólo cuatro meses de las elecciones presidenciales de Colombia, al Premio Nobel de la Paz no le interesa cerrar su presidencia con una acción militar contra Venezuela, sí en cambio con la visita del Papa. Pero Brownfield, el mismo que comía reina pepeada en el Arepazo y que fue reiteradamente denunciado por el Comandante Chávez cuando ejerció como embajador de EEUU en Venezuela, es ahora “casualmente” quien más está ejerciendo presión sobre el gobierno de Colombia como Secretario de Estado adjunto para Asuntos Internacionales de Narcóticos.

A través de William Brownfield, EEUU advierte su insatisfacción con la lucha antinarcóticos de Colombia -donde según los informes del Departamento de Estado, los cultivos han aumentado un 40% en los últimos años y un 60% la producción de cocaína-, amenaza con dejar de entregar los millonarios recursos económicos aportados al gobierno de Colombia y, a la vez, le advierte sobre los supuestos peligros que Venezuela representa para su estabilidad. Recientemente el Nuevo Herald citó las declaraciones de un importante diplomático estadounidense ex trabajador de la Usaid, José Cárdenas: “Venezuela es un desastre para Colombia (…) un desastre absoluto”.

4. El fin del petrodólar y el reacomodo mundial

La política de sanciones económicas del Imperio prepotente terminó por aislarlo y precipitar la unión de los países sancionados y sus economías. Rusia, Irán, Siria y Venezuela se sumaron en los últimos años a la lista de países sancionados, que incluye hace décadas a Cuba. China ya anunció que comenzará a comprar petróleo en yuanes y con ello Rusia, que es su principal proveedor de crudo, evadirá las sanciones al igual que Irán, y otro tanto hará el país con mayores reservas petroleras del mundo: Venezuela.

Con esto el petrodólar se encuentra ante una grave amanaza, se recupera el patrón oro y el poder económico del dólar y todo su aparataje corporativo se desmorona. Pero el imperialismo todo no se sostiene sólo sobre esa pata, le quedan sus mecanismos de dominación extra-económicos, es decir, la maquinaria cultural y el poder militar. Si va a sostenerse sobre estas patas debe fortalecerlas, por lo que antes de derrumbarse sus estertores pueden costar grandes guerras a la humanidad. Hacer una previsión lógica sobre la reacción de una rata acorralada cuando la domina el instinto de preservación y la rabia, es bastante osado. Por ello la lógica de lo que “conviene” o no, lo que “puede” o no a los EEUU, es sin duda limitada y la teoría de la guerra infinita regresa al tapete.

Max Keiser del programa “Keiser Report” recuerda que dos presidentes de países proveedores de petróleo se atrevieron a decir que venderían petróleo en otra moneda diferente al dólar: Sadam Hussein y Muamar al Gadafi. El asesinato de ambos líderes fue casi inmediato.

6. El asesinato de jóvenes y desmoralización del chavismo

Las operaciones paramilitares de la derecha en Venezuela durante el año 2017 -cuya gravedad se ha alivianado con el término “guarimbas” que pretende vincularlas a un juego- se ocultaron tras la complicidad de las “corporaciones internacionales de la desinformación” y arrojaron el terrible saldo de 159 personas fallecidas, según informó el Minci. Algunos detalles importantes de estas operaciones aún parecen pasar desapercibidos y no haber sido suficientemente analizados.

El primer hecho preocupante es que del total de personas que murieron durante las acciones violentas propiciadas por la derecha venezolana en este año, más del 60% eran hombres entre los 18 y los 35 años.

El segundo hecho es que además de 10 asesinatos, se reportaron varios centenares de heridos entre los cuerpos de seguridad del Estado venezolano quienes estoicamente debieron soportar, incluso ser atacados con excremento humano sin dar una respuesta violenta, en aras de mantener la paz en el país. El acompañamiento moral de parte de la institucionalidad, pero sobre todo de parte de los movimientos sociales ha sido insuficiente.

7. Ejercicio militar América Unida

En un artículo anterior se alertaba sobre el peligro que representa el ejercicio militar “América Unida” que se desarrollará en Brasil en el mes de noviembre y que obliga a poner la vista en una frontera tradicionalmente poco atendida: la frontera sur con Colombia y Brasil por el Amazonas. Aunque este ejercicio se hará en la triple frontera Colombia-Perú-Brasil, y tendrá como sede la ciudad de Tabatinga.

El traslado hasta la frontera con Venezuela es posible y el pretexto de que la motivación es la lucha contra la minería ilegal es poco convincente. El punto de encuentro de estas fuerzas hostiles a la Revolución Bolivariana se encuentra a varios kilómetros. Hacia el sur bajo la frontera de Venezuela-Brasil, justo entre Tabatinga y Venezuela, se hizo pública esta semana la masacre de indígenas de la tribu Warikama Djapar, en el municipio Sao Paulo de Olivenca. Los primeros asesinatos se denuncian que ocurrieron entre mayo y junio, lo que coincide con las fechas de anuncio del ejercicio militar. Sus presuntos autores no son militares sino paramilitares, pero como toda casualidad, incita sospechas que deberían investigarse como probables indicios de una acción que se avecina.

Desnudar al enemigo, su estrategia y sus tácticas es fundamental para defender nuestro derecho de vivir en paz.

Por: María Fernanda Barreto

Misión Verdad

 

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