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20.Sep.2016 / 01:51 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

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“Es posible un mundo donde no impere un país, ni un policía mundial, ni la guerra, ni las bayonetas, sino el sentimiento mas profundo de hermandad e igualdad”, dijo a las naciones el comandante eterno Hugo Chávez en la XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) celebrada el año 2006 en La Habana, Cuba.

Hoy, cuando el presidente obrero Nicolás Maduro asume en nombre de nuestra Patria el liderazgo del Mnoal, nos interpela el lema que animó la exitosa XVII Cumbre del segundo foro internacional mas grande del mundo:“Unidos por el camino de la paz”.

Nuestra Patria recibe la fuerza poderosa de los pueblos organizados políticamente en el Movimiento de Países No Alineados, en momentos en que resistimos una furiosa y desesperada embestida de los enemigos históricos que despliegan en toda la América Nuestra sus aparatos de opresión política, económica, militar y propagandística.

El combate es duro, porque es el combate por la paz. No la “paz” cómoda de los opresores que se levanta sobre la ruina de los pueblos oprimidos; no la “paz” narcotizada de las muchedumbres que sufren la injusticia; mucho menos la paz de los sepulcros. No es tampoco la “Pax Romana” que impone una potencia a otra por la vía de la fuerza u ocupación militar.

Es el combate por la paz llena de vida, la paz de los iguales, la paz de los justos, la paz de la solidaridad activa con los mas débiles, la paz en hechos concretos y no en parafernalias como cuando en ocasiones, como lo decía el comandante Chávez:“…van los gobernantes de cumbre en cumbre, mientras los pueblos van de abismo en abismo”.

La paz es civilización, es respeto a la autodeterminación de los pueblos, es justicia y equidad, es solidaridad y amor por el semejante. Es, como decía el Che: “…temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo” y obrar para corregirla.

La humanidad demanda un mundo sin colonialismo, sin imperialismo, sin neocolonialismo, sin xenofobia, sin racismo. Toda perversión inhumana debe ser abolida en todo estado y desarraigada de cualquier pensamiento.

Porque es absolutamente inaceptable para el género humano que potencias que se autodenominan “civilizadas”, o “desarrolladas”, mantengan una preferencia por la guerra siendo esta la expresión acabada de la barbarie y el salvajismo.

Peor aun, es la instalación de sofisticadas formas de hacer la guerra, como desplegar ejércitos de mercenarios contratados por empresas que eluden toda reglamentación internacional y crean monstruosas transnacionales de la muerte que se lucran abundantemente con la desgracia. O emplazar en países “enemigos” de los imperios fuerzas de tareas especiales que se imbrican con bandas criminales locales para generar episodios de terror y desestabilización política.

A todas esas perversiones, y muchas mas, le ha tocado históricamente combatir al pueblo venezolano desde que el primer español ávido de riquezas desembarcó en nuestras costas; en los momentos estelares con nuestro Padre Libertador Simón Bolívar, quien dedicó su vida a la liberación de pueblos; hasta que decidimos completar la tarea de ser independientes y soberanos con el liderazgo de nuestro comandante Chávez, en esta nueva etapa de nuestra lucha de siglos.

Tenemos mas de 500 años en resistencia, combatiendo por la paz. ¡Y de ser preciso, miles de años combatiremos para ser libres porque jamás nos doblegaremos como pueblo!

Porque es verdad que el camino de la paz muchas veces lo enseña la historia, está plagado de violencia, porque lamentablemente los pueblos no escogen al enemigo que los ha de combatir, y la agresión exige defensa.

Así lo vivió, y lo vive la hermana Cuba revolucionaria. Su razón moral, política, histórica ha sido castigada por el imperialismo con un bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos hace mas de 50 años. Ganan los cubanos todos los días la guerra por la paz al imperialismo yanqui en todas sus formas y mimetismos, revestidos como pueblo con el chaleco moral, de ideas y fuerza que le ha proporcionado el comandante Fidel Castro.

Al lado de la bienintencionada y pacífica declaratoria de paz cubana, encontramos la telúrica fuerza con que Fidel sacude a su pueblo diciendo ante las múltiples afrentas estadounidenses: “…Ni nos suicidaremos con concesiones cobardes y entreguistas, ni nos autodestruiremos, ni renunciaremos a nuestra independencia, ni renunciaremos a nuestra sólida unidad, ni renunciaremos a la esperanza, ni renunciaremos a las oportunidades que la vida nos ha dado de construir nuestro destino sin importarnos las difíciles condiciones de hoy. ¡Y para arrebatarnos lo que tenemos, tendrán que exterminarnos, si es que pueden exterminarnos!”.

Tortuoso y complejo también ha sido el camino recorrido por el pueblo colombiano para percibir, en el horizonte, un Sol de paz que acabe con mas de 60 años de guerra fratricida.

Los diálogos, facilitados por Cuba y otras naciones, y con el gigantesco aporte del guerrero de la paz Hugo Chávez, avanzan y se encuentran en un momento estelar, en el que el pueblo colombiano manifestará su voluntad por la paz mediante consulta popular para transitar un difícil pero promisorio camino de reconciliación nacional.

Tan determinante fue el aporte del Comandante Eterno, continuado por el presidente Nicolás Maduro, que voces a ambos lados del conflicto no dudaron en afirmarlo sin discrepancias. La senadora y luchadora social Piedad Córdoba, por ejemplo, expresó en diciembre de 2015: “…Presidente Chávez, allá donde usted, esté nuestro sueño se está haciendo realidad. Su impronta estará siempre en la paz de Colombia, gracias”.

Dicho proceso hace pocos días se vio fortalecido por la admisión de la responsabilidad del Estado colombiano en la matanza por bandas paramilitares, en las décadas de los años 80 y 90, de al menos 3.000 miembros del partido Unión Patriótica, agrupación política que nació del fallido tratado de paz entre las FARC-EP y el Estado colombiano, presidido entonces por Belisario Betancur. Entre las víctimas figuran dos candidatos presidenciales y 13 parlamentarios de ese partido.

Es duro el combate por la paz. Y así lo libran en todo el mundo los pueblos que irreductiblemente anhelan su independencia, su libertad, su soberanía. Porque contra un pueblo comprometido, consciente, organizado y movilizado, no hay imperialismo opresor que pueda arrebatarle su determinación.

Y aquí, es preciso que entendamos con Lenin que el camino verdadero hacia la paz es también el camino hacia el socialismo y por tanto acecha la burguesía con sus trampas y ardides. Así nos lo recuerdan sus Resoluciones sobre la guerra imperialista: “…Una propaganda de la paz que no vaya acompañada del llamamiento a la acción revolucionaria de las masas sólo puede sembrar ilusiones, corromper al proletariado, infundiéndole confianza en el humanismo de la burguesía, y hace de él un juguete en manos de la diplomacia secreta de los países beligerantes”.

De tal manera que en nuestra Patria la disposición al diálogo expresado por el Gobierno Bolivariano debe ir acompañada de la necesidad de mantenernos alertas, habida cuenta que nuestros enemigos históricos pueden pretender asegurar sus intereses inmediatos en lo político y económico para continuar su acerada guerra híbrida contra el pueblo, negándole sus conquistas sociales y enfilando sus aparatos propagandísticos para intentar persuadir a las masas de colocarse a su lado; la vieja práctica burguesa: aplicación masiva de método de psicología de masas, para que el oprimido termine amando a su opresor.

En definitiva, ante la dureza del combate por la paz, debemos decir con el gran héroe de las luchas palestinas Yasser Arafat, en su inmortal discurso ante la ONU en 1974: “…Hoy he venido portando una rama de olivo en una mano y el arma de un luchador por la libertad en la otra. No dejen que caiga de mi mano el ramo de olivo…”

¡Viva la paz!

¡Viva el Movimiento de Países No Alineados!

¡Viva Chávez, el guerrero de la paz!

 

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