Eduardo Piñate / Noticias / Opinión

8.Dic.2015 / 01:23 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

Desde hace varios meses, en diferentes artículos, discursos, foros y debates, en espacios partidarios y del movimiento popular, señalé que en las elecciones del 6 de diciembre no nos jugábamos uno o dos diputados más o menos, dije en todas las oportunidades que nos jugábamos el proyecto histórico que nos legó el Comandante Supremo Hugo Chávez, nuestro proyecto de Revolución Socialista, Bolivariana y Chavista.

La derrota que sufrimos el pasado domingo 6 de diciembre es contundente. La obtención de la mayoría calificada en la Asamblea Nacional por la contrarrevolución, le otorga a la derecha la capacidad para comenzar a desmontar la obra de 17 años de revolución. Ese es el objetivo de la entente reaccionaria que conforman el imperialismo yanqui con el capital financiero internacional al frente, en estrecha alianza con la burguesía criolla, que fue desplazada del poder político por Chávez, pero conserva poder económico suficiente para poner en jaque a la revolución con todas las formas de guerra económica.

Aquí triunfó la estrategia de guerra total que el imperialismo, en plena connivencia con la burguesía criolla, desató contra el pueblo venezolano y que tiene como barco insignia la guerra económica, para saquear el salario de los trabajadores y el ingreso de la familia venezolana. La guerra económica -unida a otras formas de guerra (psicológica, mediática, ideológica, con terrorismo, sabotaje y presiones internacionales)- impactó de manera determinante en la percepción colectiva, pese a las medidas defensivas que tomó el gobierno del presidente Maduro y respaldamos los revolucionarios.

No pretendemos suavizar las implicaciones de la derrota de la revolución en estas elecciones. Con estos resultados electorales estamos en una situación en la que la contrarrevolución tiene la posibilidad de comenzar a tomar decisiones para desmontar la obra de 17 años de Revolución Bolivariana y tratar de sacar de la presidencia de la República a Nicolás Maduro, dando así continuidad a la estrategia del golpe suave.

Con esa mayoría calificada en la Asamblea Nacional pueden hacer mucho daño al pueblo venezolano, sólo basta revisar el artículo 187 de nuestro texto Constitucional (atribuciones de la Asamblea Nacional) para darnos cuenta del peligro que corre nuestro proyecto revolucionario. Pero siendo esto verdad y para poner las cosas en su justa dimensión, tenemos que decir que no hemos perdido el Poder Político, que conservamos otros poderes públicos, sobre todo el Ejecutivo en todos los niveles –nacional, estadal y municipal- y hegemonía importante en la mayoría de los consejos legislativos y los concejos municipales del país, además del hecho fundamental para la fase de la revolución que se abre a partir del 6 de diciembre, que es un 42% de la población del país que no compró el plan derrotista y desmoralizador de la derecha y se mantuvo firme al lado de la revolución. En esta fase, donde toda la institucionalidad del Estado -incluidos los consejos comunales y las comunas- y toda la obra de la revolución va a estar sometida al hostigamiento de la contrarrevolución desde la Asamblea Nacional, la movilización del pueblo en la calle será determinante para detener los planes de destrucción de la Revolución Bolivariana y derrocamiento del gobierno del Presidente Obrero Nicolás Maduro.

En síntesis, lo que queremos decir es que hoy se corre el riesgo de que se abra en el país un período contrarrevolucionario de carácter fascista que tenemos el deber de derrotar y tenemos condiciones para derrotarlo. La derrota que sufrimos es contundente, crea graves riesgos para nuestro pueblo y el proyecto revolucionario, pero estamos en condiciones de transformarla en una victoria política que revitalice y consolide la situación revolucionaria que se abrió desde 1989 y se cristalizó con la llegada del Comandante Supremo Hugo Chávez al gobierno con la victoria en las elecciones del 6 de diciembre de 1998. Para eso debemos hacer lo correcto.

En mi opinión, esta campanada obliga a una profunda reflexión y revisión individual y colectiva de toda la militancia de la revolución, en todas las instancias (no solo entre los cuadros e instancias de dirección nacional y regional), que conduzcan a rectificaciones en tres niveles de gestión y construcción de nuestro Socialismo Bolivariano y Chavista: 1) el de la gestión de gobierno y de otras instancias del Estado, 2) el de la actividad del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y otros partidos revolucionarios que conforman el Gran Polo Patriótico, y 3) el de las concepciones y la acción del movimiento popular más allá de los partidos políticos revolucionarios.

Se trata de que la reflexión colectiva –para la cual ya el presidente Maduro dio un primer paso al anunciar la convocatoria del III Congreso del PSUV- que conduzca a la aplicación de lo que el Comandante Supremo Hugo Chávez llamó “las tres R al cuadrado”; es decir, Revisión, Rectificación, Reimpulso, Repolitización, Repolarización y Reunificación, pero no como una consigna que se repite en discursos de ocasión despojadas de su contenido transformador e insurgente.

No pretendo ser exhaustivo en esto en este momento, pero este proceso implica atacar con fuerza el burocratismo y la corrupción en la gestión pública, tanto desde el punto de vista de la conciencia, como de la coerción; profundizar el proceso de construcción de la nueva institucionalidad revolucionaria basada en el Poder Popular, con los consejos comunales y comunas al frente, como espacios de ejercicio directo del Poder por parte del pueblo y no como simples instancias para pedir recursos al Estado para ejecutar proyectos, pues de esa manera se impone la conciencia reivindicativista/reformista en el pueblo. En el plano económico se impone la urgencia de acelerar la construcción del modelo económico productivo socialista (no es cualquier modelo productivo, es socialista, basado en relaciones de producción socialistas), lo cual pasa por golpear y desplazar al sector parasitario y antinacional de la burguesía que comanda y ejecuta en el país la guerra económica contra el pueblo. Nuestro modelo socialista en construcción (expresado en la CRBV y el Plan de la Patria) prevé la coexistencia de distintas formas de propiedad, incluida la propiedad privada, pero en función productiva para “…generar fuentes de trabajo, alto valor agregado nacional, elevar el nivel de vida de la población y fortalecer la soberanía económica del país…” (CRBV. Art. 299), no para que desde allí se trabaje para destruir la economía nacional y entregar nuestra Patria a las transnacionales.

En nuestro partido, el PSUV, se impone una profunda revisión de los métodos de trabajo y dirección dominantes, de la presencia aun de concepciones electoralistas en nuestro seno, expresadas en las dificultades de trascender del partido aparato electoral al partido movimiento, como lo propuso el Comandante Supremo Hugo Chávez en la “Líneas Estratégicas de Acción Política”. Cierto es que hemos avanzado en la superación de estos errores y limitaciones, pero siguen presentes vicios, concepciones y métodos que se pusieron de bulto en estas elecciones y debemos derrotar en la conciencia y en la práctica militante del partido.

Finalmente, en importantes segmentos del movimiento popular organizado se reproducen los vicios y limitaciones que se le atribuyen al Estado, al gobierno y a los partidos políticos revolucionarios como el burocratismo, el oportunismo y el reformismo. Las tres R al cuadrado también deben desarrollarse con fuerza en las diversas formas de organización popular a partir de sus propias experiencias y reflexiones.

Hoy nuestra revolución enfrenta grandes peligros y graves riesgos. La contrarrevolución, como han anunciado sus voceros (Ramos Allup y Chuo Torrealba, entre otros) vienen –para comenzar- por los dirigentes fundamentales de la revolución, encabezados por nuestro presidente Nicolás Maduro y por las leyes revolucionarias. Su objetivo es borrar la obra y el ejemplo de Chávez, destruir la Revolución Bolivariana y la dignidad del pueblo venezolano y de los pueblos de América latina y el Caribe que hoy se yerguen bajo el ejemplo moral de nuestra revolución socialista y chavista. En las presentes circunstancias tenemos que cerrar filas alrededor del liderazgo de Nicolás Maduro y la dirección político-militar de la revolución, nuestra única alternativa es luchar y vencer a la contrarrevolución para que produzcamos el reverdecer de nuestra revolución como lo planteó nuestro Presidente Obrero.

Vamos a vencer!

Caracas, 8 de diciembre de 2015

 

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