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20.Ago.2016 / 02:20 pm / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

Foto: Misión Verdad

Con una ligereza que pasma a cualquiera, los bocagrande de la MUD enloquecen con declaraciones para nada fortuitas en el marco del expediente de “crisis humanitaria” en Venezuela. Pica y se extiende cualquier falacia que sea fértil para la campaña que mantienen ciertos diputados aun con el descaro activo de las vacaciones parlamentarias. La cava y la playita vienen después de las entrevistas en Globovisión.

Ese mismo vivalapepismo monetario, que tiene como terminales París, Panamá o Nueva York, los hace hablar como si viviéramos en un país de zombis en busca de cualquier pedazo de carne, así sea humana. Son esclavos de sus anhelos de “crisis humanitaria”.

¿Que exageramos con el dictamen anterior? Pregúntese más bien quién comete el exabrupto al decir que en manos de la población venezolana se blanden más de 12 millones de armas. Es decir, que si sacamos cuentas y un rápido porcentaje podríamos afirmar que cuatro personas de cada diez, sin importar edad ni género, portan mínimo algún tipo de armamento. Richard Blanco, quien escribió el guión de esta película del lejano oeste gringo es, a su vez, su propia fuente de credibilidad.

Con arreglo al carácter poco longevo de la población venezolana, el exabrupto de Blanco da para pensar que hasta un recién nacido tiene en su cuna un 38.

Citamos para que no quepa duda de la alucinación que lo obligó a lanzar semejante cifra: “No quiero ser temerario en ese sentido (sic), pero se habla (sic) que hay en la calle más de 12 millones de armas (supersic), nosotros lo hemos venido denunciando (…) Se hablan (sic) incluso de muchísimas armas más (supersic)”.

No debe haber tantas municiones para ese calibre, a menos, claro, que las circunstancias fueran las mismas que en Siria o toda la región centroamericana. Y sin embargo aquellos escenarios se quedan cortos. Pero hasta aquí no llega la irrealidad, sino que permea en las mentes de otros diputados de la MUD.

Como es el caso de la doña Oneida Guaipe, que con el debido respeto afirmamos que cambie las pastillas para dormir, que el farmaceuta sifrino que la atiende la embaucó y se las cambió por un medicamento aún no probado en animales. No existe otra explicación lógica -palabra que parece estar de más en esta nota- para decir que en Venezuela mueren alrededor de dos niños diariamente por desnutrición, sólo en los hospitales públicos.

Con ese ritmo de muertes no habría suficientes pañuelos para madres desamparadas, que de ser cierta esa estadística -porque la gente es sólo una estadística para la MUD, lo sabemos y confirmamos- sería un escándalo de proporciones similares a La Guajira colombiana, dondemás de mil niños sí han fallecido por esas razones.

Desde esta tribuna hemos reiterado que vivimos tiempos complicados, difíciles para abastecerse de alimentos debido a la alta especulación comercial y empresarial, y que los bolsillos no cuelgan pesados como hace unos pocos años con el aval de los 100 dólares por barril. Pero que por la misma crisis, tanto nacional como planetaria, no podemos aceptar el mundo ficticio que nos presentan estos diputados con ganas de llamar la atención con cifras alocadas para justificar una matriz de colapso para la exportación mediática.

Ahora el turno al bate lo tiene Antonio Ecarri, quien también preside la Fundación Arturo Uslar Pietri. Ecarri hace el favor de seguir arrimando falacias al costal adeco de la historia.

Nada menos que 23 millones de venezolanos y venezolanas viven en situación de pobreza extrema, dice Ecarri. Al parecer no sale mucho a la calle. Porque siguió atentando contra el coeficiente lógico promedio de todos al declarar públicamente que 30 millones de venezolanos, “concretamente el 95% (sic)” de los que vivimos en este país, estamos “en riesgo de malnutrición o potencialmente malnutridos”. Esa cifra nos convertiría en una nación más vorazmente hambrienta y catastróficamente subalimentada que cualquiera de la África subsahariana o la Asia oriental, según los últimos datos de la FAO.

Ninguno de los datos que proporcionan estos dirigentes de la MUD tienen un respaldo serio, ni siquiera coinciden con las ya alarmantes cifras que arrojan las ONGs financiadas por el Departamento de Estado y la CIA, y por supuesto todos son manipulados con un fin específico: abultar las carpetas relacionadas a la “crisis humanitaria” en Venezuela marca ACME.

Parecieran hablar de un pasado en que la miseria era planificada por los puntofijistas que pretenden maquillar feamente la realidad para volver a transar la dignidad nacional por nuestros recursos naturales. La otra “crisis humanitaria” la quieren para nuestro presente, que se resiste a la distopía con el chavismo como escudo y futuro.

No importa cuán descabellada sea esta o cual cifra, si eres un furibundo opositor -pelabola o sifrino, da igual- que cree lo que dice Antonio Ecarri, a quien le dedicamos la portada gráfica que acompaña esta nota, usted no tiene cura para esa enfermedad que llaman burbuja mediática.

Y las burbujas, si flotan alrededor, suelen explotar frente a nuestras narices.

Misión Verdad

 

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