Elías Jaua / Noticias / Opinión

1.May.2016 / 12:05 pm / Haga un comentario

Elías Jaua

El trabajo es subjetividad humana transformada en bienes que satisfacen necesidades, explicaba el viejo Marx. Es decir que en cada objeto material, resultado del trabajo humano, está expresado el pensamiento, la fuerza física y las células de un hombre o una mujer para lograr que la vida sea posible. Allí está el verdadero valor del trabajo.

Ese valor humano, al igual que los bienes que genera, devinieron en mercancía a lo largo de la historia, más específicamente en la sociedad capitalista donde la fuerza de trabajo fue convertida, en sí misma, en una mercancía. Pero a la vez,  de este proceso surgió una clase social en lucha permanente contra la explotación  tal como lo refiere Carlos Marx, en  su libro Miseria de la Filosofía:

“Las condiciones económicas han transformado la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, unos intereses comunes. Así, esta masa constituye ya una clase enfrente del capital (en sí misma, es decir: una clase «en sí»’). Sin embargo, una clase es «para sí» cuando toma conciencia de lo que la distingue de las otras clases; o sea, cuando adquiere «conciencia de clase»”.

Partiendo de ese argumento teórico, el trabajador en sí mismo no es un sujeto de transformación revolucionaria, sólo asume el carácter de sujeto emancipador cuando adquiere conciencia de clase, es decir de sus verdaderos intereses y de su papel en la liberación humana. Que claro podemos observar esto en la sociedad venezolana de hoy.

Por un lado vemos la creciente conciencia  y el  inmenso esfuerzo hecho por la mayoría de trabajadores y trabajadoras de nuestra Patria, para luchar y producir, en el marco de la revolución bolivariana y socialista. Revolución en la cual hemos logrado expandir los derechos laborales y la protección social, pero sobre todo, al menos importantes sectores de estos, han logrado la recuperación de la propiedad sobre los factores y medios de producción.

En contraste, algunos sectores de trabajadores, expresando distintas formas de alienación confrontan a la revolución, apuntalando el avance de la restauración capitalista. Es el caso de algunos sectores de empleados de la Empresa Polar, que se mimetizan con los intereses de un patrón que los chantajea a ellos mismos y al resto de los venezolanos con cerrar las fábricas,  si el Estado no le da las divisas, que él no genera, pero exige. Con el agravante que es una corporación trasnacional que tiene ingresos en dólares en distintos países.

Igualmente, es necesario señalar entre los sectores alienados a cierta dirigencia sindical ególatra que, autodenominándose clasista, apoya a la burguesía y sus partidos en el afán de poner término al proceso revolucionario e imponer el modelo neoliberal, expresión superior de la máxima explotación y acumulación capitalista.

También es imperante denunciar  la  utilización de ese valioso instrumento de lucha que es el Sindicato, como un mecanismo de legitimación de una moderna  y aberrante trata de seres humanos, por parte de mafias criminales.  Es la perversa práctica donde el obrero tiene que pagar a estos delincuentes, por el derecho a trabajar. Esto ocurre de manera generalizada en el sector de la construcción, pero también, en las empresas básicas de Guayana y en otras del sector público y privado.

Yo confió plenamente que la dirigencia clasista de la revolución y los liderazgos que están emergiendo de los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras socialistas seguiremos defendiendo el trabajo liberado y liberador, ya que para ser sujetos de la emancipación humana, los trabajadores y trabajadoras tenemos que liberarnos a sí mismos de todas las formas de alienación y envilecimiento de la clase.

Hoy recuerdo al Comandante Chávez, cuando el 30 de abril de 2012, haciendo un supremo esfuerzo debido a un gran dolor físico que tenía, salió a decirnos:

“Compañeros y compañeras, muy feliz estoy de poder pararme aquí hoy a cumplir una vez más mi palabra empeñada, voy a proceder a firmar la nueva Ley Orgánica del Trabajo de los trabajadores y trabajadoras”.

Chávez nos cumplió,  y ese día sólo nos pidió lealtad con la Patria y que siguiéramos construyendo una nueva cultura del trabajo y de la responsabilidad. Nos toca ahora a nosotras y nosotros luchar, trabajar, crear, producir, inventar y vencer para  lograr vivir en una sociedad auténticamente humana. ¡Que Viva el 1° de Mayo!

 

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