Eduardo Piñate / Noticias / Opinión

10.Feb.2016 / 12:52 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

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Hace varios días conmemoramos 24 años de la revolución del 4 de febrero de 1992. Esa rebelión de jóvenes militares venezolanos, principalmente del ejército, comandada por el Comandante Supremo Hugo Chávez, partió la historia de Venezuela en dos; antes y después del 4 de febrero de 1992. Es deber de los revolucionarios y las revolucionarias, de los Bolivarianos y las Bolivarianas de hoy, estudiarla con una mirada desde las luchas actuales de nuestro pueblo por la independencia, la soberanía, la justicia social y la paz; con la mirada de quienes en este momento estamos enfrascados en feroz combate por el Socialismo Bolivariano y Chavista.

¿Cómo llegamos al 4 de febrero de 1992?, ¿Qué quedó en evidencia con esa rebelión?

Al 4 de febrero de 1992 llegamos 162 años después de la derrota del proyecto Bolivariano, consumada en 1830. Es un largo período de la IV República, caracterizado por luchas, traiciones y derrotas. Durante ese período nuestro pueblo careció de un programa propio, que recogiera nuestros intereses de pueblo combatiente por la libertad, siempre –en ese largo período- estuvimos a la cola de los intereses de las clases dominantes, permanentemente subordinados a los intereses de las metrópolis coloniales o imperialistas.

Claro que hubo excepciones, hubo líderes y movimientos que en su momento se propusieron objetivos nacionalistas o de justicia económica y social, incluso objetivos socialistas y comunistas.

Tales fueron los casos de la revolución Federal que encabezó Ezequiel Zamora, traicionado y asesinado por sus generales que luego se entregaron y entregaron la patria y trataron de enterrar la consigna zamorana de “Tierras y hombres libres, horror a la oligarquía”; retomada hoy por Chávez y la Revolución Bolivariana.

Cipriano Castro, que llegó al gobierno encabezando la llamada Revolución Restauradora, orientada a la búsqueda de “Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”. Desde el gobierno desarrolló una política nacionalista que lo enfrentó a las grandes potencias de la época y a los grandes banqueros venezolanos, trayendo como consecuencia la mal llamada Revolución Libertadora, dirigida por el banquero José Antonio Matos, el bloqueo de nuestras costas por las Armadas, alemana, italiana y estadounidense, y finalmente su derrocamiento, tras la traición de Juan Vicente Gómez, que entregó el país a las transnacionales petroleras yanquis.

La generación del 28, que enfrentó la dictadura de Juan Vicente Gómez, y luego de la muerte de éste, asumió el programa democrático liberal de la burguesía y eso lo hicieron en las tres tendencias ideológicas que se derivaron de ella: la socialdemócrata con Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Jóvito Villalba y otros; la marxista con Gustavo y Eduardo Machado, la “bruja” Márquez y Carlos Irazabal, entre otros y la socialcristiana –de origen falangista (fascista)- que encabezaron Rafael Caldera, Lorenzo Fernández y Pedro del Corral.

Podemos citar también aquí al esfuerzo nacionalista realizado por el gobierno del General Isaías Medina Angarita, truncado por el golpe de estado del 18 de octubre de 1945 que ejecutaron Acción Democrática, un grupo de militares encabezados por los coroneles Delgado Chalbaud, Pérez Jiménez y LLovera Páez, dirigidos desde el Departamento de Estado de EEUU.

Y finalmente, en este recuento de las excepciones, de quienes intentaron levantar un programa propio, nacionalista, independiente y soberano, tenemos que contar a la generación que se levantó en armas contra el naciente puntofijismo en los años 60 y 70 del siglo pasado, llevando consigo las banderas de la liberación nacional y el socialismo. Como se sabe, este intento también fue derrotado por la combinación de la represión policial y militar, con la política demagógica del bipartidismo apoyado por los EEUU y los errores de reformismo y ultraizquierdismo del movimiento revolucionario.

Tras cada traición y cada derrota, se impuso la división, la desmoralización y el debilitamiento del movimiento revolucionario. Este ciclo de traición y derrota sólo fue superado por Chávez y la Revolución Bolivariana.

Los acontecimientos del 27 de febrero al 3 de marzo de 1989 marcan el inicio de una nueva coyuntura en la lucha de clases por el Poder Político en Venezuela. Allí llegamos en el marco de una situación económica, política y social extremadamente grave, la hegemonía política de los partidos Acción Democrática y COPEI, expresión de la burguesía y los intereses del imperialismo en Venezuela había conducido al pueblo venezolano a una situación de hambre y miseria, sólo contenida por la represión como política de Estado y con el agravante de la entrega de nuestros recursos a las transnacionales imperialistas por la vía de contratos, empresas mixtas con mayoría accionaria extranjera, bajos impuestos y corruptelas. El capitalismo neoliberal y la democracia burguesa habían llegado a su límite en la Venezuela de 1989.

De esa grave situación es que se deriva la insurrección popular conocida como el “Caracazo”, en la que el pueblo salió a las calles de todo el país a buscar lo que le pertenecía y le era negado por la burguesía y los políticos a su servicio, con precios altos, acaparamiento, impuestos regresivos, privatizaciones y bajos salarios. Una insurrección popular contra el paquete de medidas neoliberales que acordó el recién instalado gobierno adeco de Carlos Andrés Pérez con el Fondo Monetario Internacional; un paquete de medidas abiertamente antipopulares que el pueblo entendió y salió a combatir a la calle apenas fueron anunciadas por CAP y sus ministros neoliberales Ricardo Haussman; Gerber Torres, Miguel “paquetico” Rodríguez y Moisés Naim, entre otros. Insurrección que fue aplastada a sangre y fuego, con saldo de miles de muertos, de heridos y desaparecidos, sin contar los miles de detenidos y torturados.

La insurrección popular del 27 y 28 de febrero de 1989, madre del 4 de febrero, como la reconoció el Comandante Chávez, dejó en evidencia, por un lado, el agotamiento del régimen político puntofijista, instalado con la traición a los ideales democráticos del 23 de enero de 1958, y por otro lado, que en el pueblo se había producido una incipiente ruptura ideológica con el sistema bipartidista; y era incipiente por cuanto si bien el pueblo sabía que esa falsa democracia puntofijista no era su modelo democrático, tampoco tenía clara la alternativa.

Eso lo resuelve la insurgencia del 4 de febrero de 1992, pues le aporta al pueblo dos cuestiones fundamentales de las que hasta ese momento carecía para unirse y emanciparse: Un Programa, el Programa Bolivariano y un líder, el Comandante Hugo Chávez. A partir de ese día, comienza a gestarse la unidad del pueblo venezolano alrededor de ambos, el Programa Bolivariano y el líder Chávez. De ese modo se consolida la ruptura ideológica del pueblo con el sistema que se había hecho evidente tres años antes con el Caracazo.

Además, la rebelión del 4 de febrero logra fracturar sectores en el campo enemigo. Es evidente la fractura en las viejas Fuerzas Armadas de la época y eso lo comprueba luego la rebelión cívico militar del 27 de noviembre del mismo año 1992. Pero no es sólo ahí, en el campo de las clases dominantes también sectores cuestionan la entrega del país y la corrupción y se plantean sacar el país de la crisis, claro que sin abjurar de su condición de clases, pero por lo menos llaman a la decencia pública y “más democracia”, para salvar el sistema del capital. Algunos de ellos van a coincidir pocos años después con Chávez en el planteamiento de la Constituyente y lo acompañarán hasta el momento en que la Revolución Bolivariana comience a marcar distancia de la democracia formal y asuma el protagonismo popular y las transformaciones económicas; en ese momento volverán a sus posiciones de derecha.

Como lo dijo el Presidente Obrero Nicolás Maduro en su discurso del 4 de febrero frente al Palacio de Miraflores, la rebelión del 4 de febrero de 1992 abrió el período revolucionario más largo de nuestra historia republicana, que ya va por 24 años y que no se circunscribe solamente a Venezuela. Han sido 24 años de una permanente, tenaz y dura lucha por el Poder Político entre el imperialismo y la burguesía contra el pueblo venezolano; antes de 1999 con nosotros como pueblo pugnando por desplazar del poder a la burguesía, el imperialismo y sus partidos políticos y después de la victoria electoral del Comandante Supremo Hugo Chávez en diciembre de 1998, nosotros pueblo defendiendo el poder de las agresiones y contraofensivas del imperialismo, la burguesía y sus partidos políticos, para restaurar la dominación del capitalismo en nuestra Patria.

Han sido 24 años de batallas estratégicas, escaramuzas tácticas de distinto tipo; políticas, económicas, militares y culturales. En esos combates nadie nos ha regalado nada, todo lo que como pueblo hemos logrado en estos años-primero con el liderazgo de Hugo Chávez y ahora con el de Nicolás Maduro- ha sido fruto de nuestro esfuerzo, dignidad y firmeza de pueblo combatiente, de pueblo Bolivariano, Socialista y Chavista.

Nuestra revolución, con 17 años en el poder, ha producido grandes e importantes transformaciones en todos los órdenes de la vida de la sociedad: económicas, sociales, políticas, culturales y militares. Hoy estamos obligados, en el marco de la difícil situación por la que atravesamos, a profundizar y consolidar esas transformaciones.

Salvo los más abyectos enemigos del pueblo venezolano y de nuestra revolución, nadie duda la gran obra de inclusión social que hemos realizado en estos años, expresada en hechos como el abatimiento de la pobreza, de la pobreza extrema y del desempleo, o la disminución y casi eliminación de la desnutrición infantil, lo cual ha redundado en el mejoramiento de la talla y el peso de las venezolanas y los venezolanos, o el crecimiento de la matrícula en todos los niveles del sistema educativo, o la atención a la salud de nuestro pueblo con la Misión Barrio Adentro, a la gigantesca labor que hemos realizado en el tema de la vivienda en todos estos años. Nadie puede negar que todos los indicadores sociales de nuestro país mejoraron de forma notable con la Revolución Bolivariana.

En este período recuperamos la soberanía y la independencia que perdimos en 1830. Hoy tenemos Patria, que significa que tenemos la capacidad de tomar nuestras propias decisiones sin pedirle permiso a nadie, a ninguna potencia extranjera, ni a ningún organismo internacional.

De acuerdo con los postulados de nuestro texto constitucional, que establece el carácter participativo y protagónico de nuestra democracia revolucionaria, en estos 17 años avanzamos en la creación de una nueva institucionalidad revolucionaria para el ejercicio directo del poder por parte del pueblo. Los más de 48.000 consejos comunales y las más de 1.500 comunas que en este momento hay en el país, evidencian lo que hemos avanzado en este terreno, que es el del Poder Popular.

Seguramente nos dirán que todavía tenemos 18% de pobreza y 4,4% de pobreza extrema, o que el desempleo está en 6% y no hay pleno empleo, o que hay un pequeño porcentaje de niños en edad preescolar que no acceden aun al sistema educativo y tendrán razón. Seguramente nos dirán que hay consejos comunales y comunas que todavía no se asumen como espacios de poder popular y siguen estableciendo una relación paternalista con el Estado y también tendrán razón. Pero venimos de 80% de pobreza y 20% de pobreza extrema, venimos de índices de más del 40% de la población excluida del sistema escolar, venimos de tasas de 20% o más de desempleo abierto, venimos de millones y millones de familias mal viviendo en barrios insalubres y a orillas de pendientes y quebradas, venimos de altísimos niveles de desnutrición general y desnutrición infantil, venimos de la democracia de las élites burguesas que era dictadura para las mayorías del pueblo.

Lo que no hemos resuelto en estos años y los problemas nuevos que han surgido en este tiempo, sobre todo en la economía, con énfasis en el tema alimentario y de abastecimiento, los vamos a resolver con más revolución, no con menos y eso significa con todo el pueblo unido, trabajando juntos.

Recientemente el compañero Presidente Obrero Nicolás Maduro, lo planteó del siguiente modo, palabras más, palabras menos: La Revolución Bolivariana tuvo que superar todos los obstáculos que le opusieron para nacer, hoy tiene que superarse a sí misma para seguir siendo.

Nuestros problemas más agudos en la actualidad se derivan de tres cuestiones fundamentales: Primero, de las degeneraciones estructurales que heredamos de la IV República capitalista y burguesa, particularmente, el modelo económico rentista petrolero –con la cultura asociada a éste modelo, la que valora como algo muy bueno ganar más con el menor esfuerzo- y el Estado burgués que todavía tiene expresiones importantes en nuestras instituciones. Segundo, la guerra total que el imperialismo lanzó contra nosotros en los últimos años, que tiene como forma de lucha principal la guerra económica para saquear el salario de los trabajadores y el ingreso de las familias, a la vez que genera irritación para chantajear y desmoralizar a nuestro pueblo. Y tercero, nuestros propios errores, deficiencias y limitaciones. La combinación de estos tres elementos afectó seriamente a la revolución, tanto desde el punto de vista de la estabilidad económica, como de la disminución de la base social de apoyo y produjo nuestra segunda derrota electoral en 17 años y 20 procesos electorales, con lo cual la contrarrevolución se hizo de una mayoría importante en la Asamblea Nacional, con la que amenazan la continuidad de la Revolución Bolivariana.

Hoy todas las fuerzas contrarrevolucionarias de Venezuela y el mundo, con la élite fascista yanqui al frente, están coaligadas para destruir la Revolución Bolivariana y tienen como vanguardia política a esa mayoría derechista de la Asamblea Nacional.

Enfrentar y superar los problemas estructurales que hemos señalado y derrotar el plan del imperialismo dirigido a abrir un período contrarrevolucionario en el país, pasa por retomar el espíritu de rebelión contra la burguesía y el imperialismo, el espíritu insurgente de nuestro pueblo en sus luchas históricas contra el colonialismo y el imperialismo; la energía ética que condujo a las jornadas heroicas del 23 de enero de 1958, del 27 y 28 de febrero de 1989, del 4 de febrero de 1992 y del 13 de abril de 2002. Esta es la Rebelión Chavista que nos demanda este tiempo histórico que vivimos, para salvar la Revolución Bolivariana, que es salvar la Patria y es salvar al pueblo.

Con este espíritu rebelde tenemos que acometer todas las tareas:

1)    Hoy el combate principal se libra en la economía. El desafío estratégico es construir el modelo económico productivo socialista, para superar el modelo económico rentista petrolero, de factura capitalista dependiente, que está absoluta y totalmente agotado. La Agenda Económica Bolivariana presentada por el Presidente Obrero Nicolás Maduro tiene como objetivo principal construir el modelo económico productivo socialista, por la vía del estímulo a los trece motores productivos, que a mediano y largo plazo garantizan su consolidación; pero al mismo tiempo, persigue atacar la emergencia, sobre todo en los alimentos, medicamentos y otros, con el “Plan 50” y todo ello viabilizado por el Consejo Nacional de Economía Productiva, que expresa la confluencia de todos los sectores de la sociedad venezolana: gobierno, trabajadores, economía comunal y empresarios, dispuestos a empujar la producción nacional, crear fuerzas productivas en el país y ganar mayores niveles de independencia y diversificación económica.

En nuestra opinión, esto debe acompañarse, y no de manera subsidiaria sino con mucha fuerza, con la construcción de un área de economía socialista, cuyo pivote lo constituyen la propiedad estatal y la economía comunal, garantizando la gestión directa y democrática de la clase obrera en el proceso social del trabajo, capaz de desarrollar relaciones sociales de solidaridad y cooperación, propias del socialismo y no de explotación y competencia, propias del capitalismo.

Como se puede observar, la propuesta del gobierno del presidente Maduro, está lejos del economicismo y del “industrialismo” que se desarrolló en algunas experiencias socialistas, como en la URSS y otras, que contribuyeron a su disolución.

2)    Una tarea de carácter estratégico es la recuperación de la mayoría revolucionaria en el país. El compañero presidente Nicolás Maduro convocó a todas las fuerzas de la Patria, a todas las clases, sectores sociales, organizaciones, partidos políticos, al Gran Congreso de la Patria para avanzar en la conformación del Nuevo Bloque Histórico planteado por el Comandante Supremo Hugo Chávez. Se trata de poner en tensión el Poder Constituyente Originario del pueblo para trazar las líneas estratégicas de la Revolución Bolivariana para los próximos 20 años en el marco de los objetivos históricos del Plan de la Patria. De manera que es un error ver al Congreso de la Patria como un acto o un evento de uno o varios días y más grave sería verlo con un prisma electoralista y sectario. De verdad el Congreso de la Patria es un proceso conformado por miles de congresos sectoriales y territoriales en los que el debate sobre el futuro socialista, Bolivariano y Chavista de la Patria es lo fundamental. Claro está, conectado con las demandas inmediatas de la coyuntura y la emergencia económica que vivimos. Es el Renacimiento de la Patria y la revolución, como consecuencia de la Rectificación de errores y de la Rebelión que nos propuso el presidente.

3)    Una tarea muy importante es derrotar la cabeza de playa que la contrarrevolución instaló en la Asamblea Nacional. Sus ejecutorias en este primer mes de haberse instalado dejan claro que su plan es desmontar la obra de la revolución en estos 17 años y facilitar el asalto al poder de las fuerzas reaccionarias. Tanto el proyecto de ley por el que pretenden quitar la propiedad de las viviendas de la GMVV a las familias para dársela a los banqueros y a las mafias de la burguesía inmobiliaria, como el proyecto de ley de impunidad de los crímenes de los fascistas, que ellos llaman de “amnistía”, avanzan en el sentido que denunciamos aquí. Ellos tienen una mayoría importante en la Asamblea Nacional, pero no es verdad que ya nos vencieron, la verdad es que la Revolución Bolivariana y su líder, el Presidente Obrero Nicolás Maduro, es poseedora de gran fuerza institucional y un gran apoyo de masas, expresado en los más de 5 millones de patriotas que no se desmoralizaron, ni cayeron en el chantaje de la guerra económica. Esa es la base que tenemos para defender la revolución y avanzar en su desarrollo en esta nueva fase que estamos abriendo.

4)    Es fundamental seguir avanzando en la construcción y fortalecimiento del Poder Popular, apoyado principalmente –pero no únicamente- en los consejos comunales y las comunas, como instrumentos para el ejercicio directo del poder por parte del pueblo. En algunos espacios la derecha intenta disputar la dirección de los consejos comunales, las fuerzas revolucionarias debemos dar allí la batalla y derrotarlos, sobre la base de que los consejos comunales y las comunas son, conceptualmente y jurídicamente, instrumentos para construir el socialismo, no para restaurar el capitalismo.

5)    Tenemos que fortalecer a la vanguardia revolucionaria, particularmente al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El presidente Nicolás Maduro con la Dirección Política Nacional del partido, tomando como base las conclusiones, acuerdos y decisiones de las dos plenarias del III Congreso, realizadas el 10 de diciembre de 2015 y el 29 de enero de 2016, ha orientado un proceso de revisión, rectificación y reorganización del PSUV en todos sus niveles. Este proceso se encuentra en pleno desarrollo y su propósito fundamental es adecuar al partido (su organización, su funcionamiento, sus métodos de trabajo y de dirección y su relación con el pueblo) a las demandas de la nueva fase de profundización de la Revolución Bolivariana en su transición socialista. Para esta fase no nos sirve el partido maquinaria electoral –aunque tenemos que seguir ganando elecciones-, consecuentes con el Comandante Supremo Hugo Chávez y su pensamiento, tenemos que convertir al PSUV en un partido profunda y estrechamente imbricado en las luchas cotidianas y estratégicas de nuestro pueblo.

Finalmente, la contrarrevolución sigue asomando propuestas para salir del presidente Maduro por distintas vías, todas inconstitucionales. Algunos piden la renuncia de Nicolás Maduro (por cierto, con el coro de algunos oportunistas que se dicen radicales de izquierda como Toby Valderrama y Nicmer Evans, dos radicales del teclado, pero más nada) y Andrés Velásquez dijo que va a proponer una enmienda constitucional para que Maduro no se reelija. Está claro que ambas forman parte de las pugnas de las diversas fracciones de la derecha para ganar indulgencias con sus amos y financistas del norte y de aquí, pero también dejan ver lo que hemos dicho siempre, que el capital es una fuerza esencialmente extraparlamentaria e inconstitucional.

Las tareas que acabamos de esbozar, que son centrales hoy para garantizar la continuidad de la Revolución Bolivariana y la construcción de nuestro socialismo, son tareas de todo el pueblo, no son tareas solo de Nicolás Maduro y el gobierno y así debemos asumirlas todos y todas, con el espíritu de la necesaria rebelión chavista de hoy para seguir venciendo.

Caracas, 9 de febrero de 2016

 

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