Eduardo Piñate / Noticias / Opinión

27.Dic.2015 / 07:00 pm / Haga un comentario

Piñate

Foto: Archivo

Por Eduardo Piñate R.

La Revolución Bolivariana ha pasado por períodos duros, difíciles y complejos, en los que se ha puesto a prueba el temple, las convicciones, la moral, la conciencia y la inteligencia del pueblo venezolano y de nuestro liderazgo revolucionario.

Siempre hemos sostenido que el rasgo que ha dinamizado la coyuntura en Venezuela, desde 1989 hasta hoy –vista como la coyuntura larga-, es la lucha por el Poder Político, que es la forma más concentrada de la lucha de clases. Entre 1989 y 1998 el combate lo libramos como pueblo para arrebatar el poder a la burguesía y al imperialismo y construir nuestro propio poder, la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 nos dotó del Programa Bolivariano por el cual luchar y el líder de este proceso, el Comandante Supremo Hugo Chávez. Al ganar las elecciones del 6 de diciembre de 1998, y más propiamente con el proceso constituyente de 1999, iniciamos el proceso de construcción de nuestro propio modelo, concretado hoy en el socialismo bolivariano y chavista. Han sido 17 años en los que la burguesía y el imperialismo han desarrollado la guerra de clases en todas sus formas contra el pueblo venezolano, para destruir la Revolución Bolivariana.

El período que se abre con la enfermedad y desaparición física del Comandante Supremo Hugo Chávez en marzo del 2013 y dura hasta hoy, es en mi opinión, el más difícil y complejo que hemos vivido en los 17 años que tiene la Revolución Bolivariana en el poder, sólo comparable al período que se inicia en diciembre de 2001 y se cerró en agosto de 2004. En ese primer período libramos importantes combates estratégicos y de todos salimos victoriosos; allí se incluyen el golpe de Estado de abril de 2002, el paro sabotaje petrolero de diciembre de 2002 a febrero de 2003 y el referendo revocatorio de agosto de 2004. En cada una de esas batallas estratégicas obtuvimos saldos políticos fundamentales para el avance de la revolución; le quitamos a la derecha imperialista el control de PDVSA y de la Fuerza Armada y al final, ratificamos al Comandante Chávez en la presidencia de la República. En medio de ellos declaramos el carácter antiimperialista de nuestra revolución y como resultado de todas esas victorias declaramos su carácter socialista.

En enero del año 2014 escribimos:

“…el año 2013 ha sido el año más difícil de nuestra revolución, porque a la contraofensiva iniciada por el imperialismo desde el año 2012, se le sumó la desaparición física del Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana Hugo Chávez. Y, tal como aconteció en el período 2002-2004, la coyuntura del año 2013 la cerramos con victorias contundentes del pueblo venezolano y la revolución ante la pretensión del imperialismo y sus aliados de derrocar el gobierno del camarada presidente Nicolás Maduro y destruir la Revolución Bolivariana.” (Eduardo Piñate. El 2013 que vivimos. Balance de gestión parlamentaria año 2013. Enero del 2014)

Pese a todos los intentos del imperialismo y la burguesía por destruir la Revolución Bolivariana, ese año lo cerramos con victorias contundentes, entre otras, la elección del camarada Nicolás Maduro como presidente de la República y la victoria inapelable en las elecciones de alcaldes y concejos municipales del 8 de diciembre de 2013.

En los últimos tres años -2013, 2014 y 2015- la contraofensiva imperialista contra la revolución se intensificó, llegando al nivel de paroxismo el año que está concluyendo ahora, el 2015. Si estos tres años representan un período de dificultades en todos los órdenes para la revolución, el 2015 es, para decirlo en términos militares, el momento de mayor concentración de fuego enemigo contra las posiciones revolucionarias, que se cierra con un revés contundente de nuestras fuerzas y una victoria importante de la contrarrevolución que captura posiciones institucionales que no tenía y que va a usar para tratar de hacer el mayor daño que pueda a la Revolución Bolivariana y al gobierno del Presidente Obrero Nicolás Maduro. No obstante, y sin pretender suavizar lo peligroso del momento, esa victoria de la derecha es una victoria táctica y tenemos que trabajar para impedir que nuestro revés táctico se convierta en una derrota estratégica con la consolidación de un período contrarrevolucionario y fascista en el país que impactaría a toda la región. Para eso y para abrir un período de profundización de nuestro rumbo al socialismo bolivariano y chavista, es la contraofensiva revolucionaria a la que nos convocó el camarada Presidente Obrero Nicolás Maduro.

Comenzando este año escribimos:

            2015 comienza con una oposición apátrida y subordinada al imperio que aspira que los efectos de la guerra económica, sumados a la caída de los precios de petróleo, la intensificación de la guerra psicológica a través de rumores desestabilizadores, una intensificación del foquismo urbano, acciones terroristas y la guerra mediática; harán posible el derrocamiento violento del gobierno y si esto no es posible, desgastar las fuerzas de la revolución y del gobierno –debilitando su base social de apoyo- para obtener la mayoría en la Asamblea Nacional y producir un golpe parlamentario.” (Eduardo Piñate R. “2015, Año de Victorias”. Ciudad CCS. 13 de enero de 2015)

No nos equivocamos, salvo en una cosa, creímos que podíamos derrotar el plan de la derecha y cerrar el 2015 con una victoria revolucionaria. Está claro que no fue así, pero el plan de la derecha no ha culminado de acuerdo con el texto que acabamos de citar. Ellos vienen por Maduro y la Revolución Bolivariana.

Los últimos tres años, pero con especial énfasis el 2015, el imperialismo y sus fuerzas dentro y fuera del país nos hicieron una guerra total que incluyó (y todavía incluye) todas las formas de lucha, pero principalmente la guerra económica, acompañada de guerra psicológica, guerra mediática y las acciones terroristas.

Por eso no hicieron campaña electoral, hicieron una guerra contra el pueblo para minar nuestra moral y la confianza en el liderazgo de la revolución que dejó el Comandante Chávez. Mientras tanto, nosotros hacíamos una campaña electoral que políticamente no se correspondía con lo que demandaba el momento y por ser así, terminó siendo una campaña electoral reformista.

El enemigo se aprovechó de nuestras debilidades subjetivas y objetivas. Entre las debilidades subjetivas tenemos que destacar el proceso de despolitización y desideologización que se ha venido ampliando en la sociedad venezolana y que fue denunciado por el presidente Nicolás Maduro en diversas oportunidades, luego, un cierto pragmatismo que se ha venido apropiando de la política del partido y del gobierno, en los que la telemática y los datos estadísticos han venido sustituyendo el trabajo político concreto con el pueblo, de tal suerte que hemos atacado la deuda social, hemos realizado un proceso de inclusión social como jamás en nuestra historia, pero no hemos trabajado suficientemente la conciencia revolucionaria del pueblo, como para resistir a pie firme la arremetida brutal del imperialismo. Así, el combate en todos los espacios contra el pragmatismo, el oportunismo, la desidia, la falta de compromiso con el pueblo, el burocratismo y la corrupción, es un combate crucial en este momento que vivimos para poder vencer.

Nuestro partido el PSUV desplegó un nivel de movilización como nunca en los últimos dos años, desde que se convocó al tercer Congreso del partido hasta el último día de las elecciones el 6 de diciembre; y después de ese día, sigue debatiendo, buscando y creando propuestas y respuestas junto a las organizaciones sociales y políticas de la revolución sobre todo en los espacios locales. Sin embargo, no hemos logrado superar el partido maquinaria electoral para ser el partido movimiento que quería el Comandante Chávez, todavía tenemos expresiones de la “cultura política capitalista”, base de las tendencias grupalistas y sectarias en nuestro seno. Son deficiencias, errores y vicios que aún perviven en el partido y desdibujaron ese importantísimo nivel de movilización de nuestras fuerzas.

De las debilidades objetivas que aprovechó el enemigo en nuestra contra hemos hablado en escritos anteriores. Sobre ese aspecto señalamos el 13 de diciembre:

            “El déficit en la construcción del modelo económico productivo socialista. Si algo le ha hecho daño a nuestra revolución es no haber superado, ni siquiera mínimamente el modelo rentista petrolero que heredamos de la IV República capitalista y burguesa, a pesar de los esfuerzos y recursos que tanto el Comandante Chávez como el presidente Maduro han destinado para tratar de levantar la producción nacional de la postración en que la dejó la burguesía parasitaria durante la IV República. La guerra económica que nos viene haciendo la burguesía es a partir del control monopólico que tiene en la producción de alimentos, medicamentos y bienes en general y sus fortalezas en el sistema financiero nacional e internacional. Nosotros como pueblo tenemos el Poder Político que les arrebatamos, pero no le hemos arrebatado el poder económico. Esta es una tarea de primer orden en la contraofensiva planteada por el presidente Maduro.” 

“El déficit en la construcción del Poder Popular. De acuerdo con las cifras que aporta el Ministerio del Poder Popular para las Comunas, en este momento en el país hay aproximadamente 48.000 consejos comunales, 1.400 comunas y cientos de organizaciones sociales. Toda una fuerza. Pero, más allá de las cifras tenemos que interpelarnos acerca de la calidad de esa fuerza, es decir, ¿son las organizaciones para el ejercicio directo del Poder por parte del pueblo o son organizaciones reivindicativistas/reformistas cuyos integrantes las conciben sólo para solicitar recursos al Estado para ejecutar proyectos?, ¿cuál es el aporte de cada una de ellas en la producción y en el crecimiento de la organización y la conciencia revolucionaria?, ¿desarrollan un modo de vida democrático en sus territorios específicos o siguen siendo expresiones vivas de la democracia representativa y su cultura política? Vale la pena que reflexionemos sobre estos temas y que revisemos la práctica de cada una de ellas, seguramente vamos a encontrar –porque las hay- experiencias positivas bien importantes en todos los aspectos que hemos señalado, pero, ¿no serán excepciones a la regla más bien?” (Eduardo Piñate R. Algunas Ideas para la Contraofensiva Revolucionaria. 13 de diciembre de 2015)

Como ya dijimos algunos párrafos atrás, el plan de la derecha dirigido por el imperialismo, consiste en incrementar la guerra total que han desarrollado durante los últimos tres años contra nuestro pueblo y nuestro gobierno, apoyados ahora en la mayoría calificada que tienen en la Asamblea Nacional para obstaculizar la labor del gobierno del presidente Nicolás Maduro e impedir, como lo han proclamado, que el gobierno del presidente Maduro llegue al 2019 como le corresponde constitucionalmente.

En ese escenario nos corresponde luchar para convertir esta derrota importante pero táctica, en una victoria estratégica que abra un nuevo período revolucionario en el país, o lo que es lo mismo, profundizar y radicalizar la Revolución Bolivariana en este período de transición socialista.

Para esto tenemos una fuerza muy importante. Tenemos fuerza institucional en los poderes del Estado que están unidos en el programa planteado en la Constitución Bolivariana y el Plan de la Patria, tenemos la mayoría de las gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos regionales y concejos municipales del país. Eso no es desestimable.

Pero tenemos fuerza popular expresada o concretada en ese 43% de la población en edad de votar que no se desmoralizó con la guerra económica, que no se dejó chantajear por la guerra psicológica y mediática que la puso a escoger entre la Patria y el papel higiénico, los preservativos o la harina de maíz precocida y se mantuvo firme al lado de la Revolución Bolivariana, la Patria y el Presidente Obrero Nicolás Maduro. Ese 43% dispuesto a movilizarse y a luchar para defender la obra de la revolución y el legado de Chávez. Lo hemos dicho y lo repetimos, el enemigo debe tomar nota de estos datos, el chavismo no está vencido, ni desmoralizado, ni desmovilizado y tiene una gran capacidad para recuperarse y lo vamos a hacer asumiendo las conclusiones que va arrojando el debate crítico que en este momento desarrollamos en todo el país.

Por otro lado, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es una fuerza política y de masas con la potencialidad de ser el partido de vanguardia de la revolución. Es verdad que aun no ha superado la visión del partido maquinaria electoral y todavía tiene expresiones de la cultura política capitalista en su seno, pero eso no quiere decir que no haya avanzado por el camino de la superación de esas y otras concepciones erróneas, hijas del pragmatismo en lo epistemológico y madres del oportunismo en lo político. El PSUV debe profundizar ese camino con el concurso de toda su militancia para reorientar su práctica política, asumir métodos revolucionarios de trabajo y dirección, acumular fuerzas –o sea, construir la nueva mayoría de la que habla el camarada Nicolás Maduro superando ese 43%- y avanzar. La convocatoria de la plenaria del Congreso del partido en diciembre fue un paso muy importante, pero no puede quedarse ahí, hay que profundizar ese camino que es el de la democracia y la elaboración colectiva de la política.

Hay un gran debate en las fuerzas revolucionarias –sociales y partidarias- del país. Ese debate pasa por el gobierno, su política, sus métodos y sus prácticas; creo que eso lo comprendió el presidente Maduro cuando ordenó a sus ministros y ministras que pusieran sus cargos a la orden. El gobierno revolucionario está en el centro del huracán –igual que el PSUV- y hay demandas muy bien fundamentadas de introducir rectificaciones esenciales en las políticas; básicamente en la política económica (en esta coyuntura de precios bajos del petróleo, guerra económica y bloqueo financiero internacional) y en la construcción de la nueva institucionalidad revolucionaria, basada en los consejos comunales y las comunas como espacios de ejercicio directo del Poder por parte del pueblo.

En lo económico hay que atacar en un doble sentido, por una parte, tomar medidas que vayan concretando avances en la edificación del modelo productivo socialista, cuyos resultados se verán en el mediano y largo plazo, pero en el corto plazo hay que tomar severas medidas concretas, visibles y palpables contra la especulación, el acaparamiento y el bachaqueo de los productos de primera necesidad. Esto, junto con infligirle golpes demoledores a la alianza entre paramilitares y delincuencia común, son urgentes, no esperan y son fundamentales para darle a nuestro pueblo señales de que las cosas van a cambiar a favor de sus intereses.

Estas son tareas de todos y todas no solamente del gobierno o del presidente Nicolás Maduro. La gente quiere un gobierno que la defienda de los especuladores, de la voracidad capitalista y la violencia de la alianza de paramilitares y delincuentes y tiene razón; pero el gobierno necesita que el pueblo asuma que es parte del Estado y junto con el gobierno revolucionario –haciendo uso del principio de corresponsabilidad pueblo-Estado establecido en el texto constitucional- tomemos en nuestras manos la dirección de la batalla en cada uno de nuestros espacios en los barrios, fábricas, empresas, liceos y universidades, para que el 2016, que también será un año difícil y complejo en lo económico y político, sea un año de recuperación y victoria del pueblo venezolano y la Revolución Bolivariana, Socialista y Chavista.

 

Caracas, 27 de diciembre de 2015

 

 

 

 

 

 

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