Eduardo Piñate / Opinión

18.May.2015 / 11:00 am / Haga un comentario

Por Eduardo Piñate R.

Recientemente la canciller de Colombia, María Ángela Holguín emitió declaraciones señalando que Venezuela habría realizado deportaciones masivas de ciudadanos colombianos, en las cuales se violarían los derechos humanos de tales ciudadanos por parte de las autoridades venezolanas, y luego comentaba algo así como que no se explicaba porque ciudadanos colombianos emigraban a Venezuela en medio de la situación que se vive allí. Palabras más, palabras menos, eso dijo la señora canciller de Colombia.

Tales afirmaciones totalmente alejadas de la realidad fueron respondidas en su oportunidad, tanto por la Cancillería de la república Bolivariana de Venezuela y por el presidente de nuestra Asamblea Nacional y Primer Vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello. Creo que ambas respuestas fueron contundentes y pusieron las cosas en su sitio para la Cancillería colombiana y el gobierno de Juan Manuel Santos.

No obstante, creemos que es importante decir algunas cuestiones, entre ellas que en Venezuela en estos momentos viven alrededor de 5 millones de colombianos y colombianas, los cuales en su inmensa mayoría son gente de trabajo, que le aporta al país y por tanto, gozan en lo fundamental de los mismos derechos que los venezolanos y venezolanas, garantizados plenamente por la Revolución Bolivariana y el gobierno revolucionario, antes con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro.

Venezuela tradicionalmente ha sido un país receptor de migraciones de otros países de nuestro continente y en determinada época de Europa. Ello tiene que ver con su condición de país petrolero y los ingresos que tal condición trae aparejados y también por razones políticas, como en la década del 70 del siglo pasado en la que decenas de miles de hombres y mujeres recalaron en nuestras tierras huyendo de los regímenes fascistas del Cono Sur (Chile, Argentina, Uruguay; Bolivia y Brasil, entre otros).

En el caso colombiano, su migración hacia nuestro país tiene varias razones, pero la más importante de ellas es la guerra interna que se libra en ese país desde el asesinato de Jorge Eliezer Gaitán hasta hoy. Venezuela se convirtió en un receptor de población desplazada por la guerra y como tal ha sido reconocida por la ACNUR, órgano de Naciones Unidas para los refugiados.

Cuando la señora Holguín habla de la situación de Venezuela debería pasearse por la situación de su propio país tomado por la violencia de los grupos paramilitares, la guerra interna y el narcotráfico. Precisamente en Venezuela el gobierno revolucionario y todo nuestro pueblo hacemos denodados esfuerzos para garantizar las transformaciones revolucionarias para avanzar hacia el socialismo con estabilidad política y en paz. Todos los días trabajamos para que no se nos imponga la lógica de guerra que el imperialismo y sus oligarquías aliadas, incluida la colombiana de raíz santanderista, quieren imponernos.

Dice la señora Holguín que hemos realizado deportaciones masivas de colombianos y en ellas hemos violado los derechos humanos de esos ciudadanos. Ninguna de las dos aseveraciones son ciertas. En Venezuela libramos una lucha en defensa de la paz y la estabilidad, defendemos nuestro derecho a construir el socialismo bolivariano y chavista que la mayoría de nuestro pueblo decidió y ha ratificado en diversos eventos electorales. El imperialismo y la burguesía apátrida nos han declarado la guerra para destruir la revolución y esa guerra tiene múltiples manifestaciones, entre ellas la guerra económica que tiene entre sus formas el acaparamiento, el contrabando de extracción y la especulación con los precios.

Esas formas de la guerra económica constituyen delitos en nuestra legislación y por lo tanto son castigados. Los ciudadanos y ciudadanas de otras nacionalidades que desarrollan esas prácticas y atentan contra el salario de nuestros trabajadores y trabajadoras, la estabilidad política y económica del país, la paz de la República y pretenden violentar las decisiones y la voluntad de las mayorías, son castigados de acuerdo con nuestra legislación y la deportación se aplica en determinados casos. En todo caso, las deportaciones que se han producido han estado plenamente justificadas y se han realizado preservando absolutamente los derechos humanos, la integridad física y la vida de esas personas.

Mi Recuerdo para Nora Castañeda.

El sábado 16 de mayo dejó de respirar y pensar nuestra querida hermana y camarada Nora Castañeda. A las 9:45 de la noche recibí la llamada de ese otro hermano de siempre, Jesús Martínez, confirmándome la noticia. Sabíamos hace días que ese desenlace podía producirse debido a sus ya precarias condiciones de salud, pero no por eso deja de ser un evento sumamente doloroso. Nos consuela pensar a Nora en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar Doctor Carlos Arvelo enfrentando la enfermedad con la firmeza, la dulzura y la sonrisa de siempre. Porque eso fue Nora siempre: firmeza, dulzura y alegría en el combate cotidiano.

Conocimos a Nora por allá por 1988, junto a su compañero de vida y de lucha Jesús Rivero, ellos nos hicieron conocer y asumir la Investigación Acción, como metodología de la cual debe dotarse todo militante revolucionario para conocer y transformar la realidad. En 1991, luego de la 2da Asamblea Nacional de la Liga Socialista, fue incorporada al Comité Nacional junto a Fernando Soto Rojas, Jesús Martínez, David Nieves, Lídice Navas, Orlando Yajure, Nicolás Maduro y mi persona, entre otros y otras camaradas.

Cuando la Liga Socialista decidió dar el paso de incorporarse al PSUV, atendiendo el llamado hecho por el Comandante Supremo Hugo Chávez, Nora fue de las más entusiastas en su impulso.

Todos y todas saben que Nora Castañeda fue una gran feminista, impulsora de las luchas de género desde los años 70, creadora del Centro de Estudios de la Mujer de la UCV y de múltiples iniciativas y organizaciones a favor de los derechos de las mujeres. Siempre afirmó que la lucha de género estaba estrechamente vinculada a la lucha de clases por el socialismo, única sociedad que garantiza la emancipación de la mujer. Por eso el Comandante Chávez la designó presidenta del Banco de la Mujer, cargo que tuvo desde su fundación hasta el día de su muerte.

A Nora la llevaremos siempre con nosotros con su firmeza, su dulzura infinita y su ternura hecha sonrisa.

Caracas, 17 de mayo de 2015

 

 

 

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