Eduardo Piñate / Opinión

4.May.2015 / 11:09 am / Haga un comentario

Por Eduardo Piñate R.

Al final de la marcha del 1ro de mayo pasado, el Presidente Obrero Nicolás Maduro pronunció un importante discurso, en el cual analizó un conjunto de elementos que signan la coyuntura actual, los desafíos que la clase obrera venezolana tiene de cara a la construcción del socialismo Bolivariano y Chavista del siglo XXI y anunció varias medidas para defender el salario y la capacidad de compra de los venezolanos y las venezolanas en el marco de la guerra económica que la burguesía parasitaria lanzó contra nuestro pueblo y la coyuntura de precios bajos del petróleo en el mercado mundial.

Cuando planteaba los desafíos el presidente dijo, palabras más palabras menos, que teníamos una clase obrera en capacidad de luchar por sus reivindicaciones económicas, que se venía preparando para asumir las tareas de la defensa de la Patria y de hecho ya las asumía con la conformación de las milicias obreras y los cuerpos de combatientes en empresas e instituciones, pero que no ha alcanzado el grado de conciencia, compromiso y organización suficiente para asumir la vanguardia en la construcción del modelo económico productivo socialista y por consiguiente, no está capacitada aun para ponerse al frente de las tareas para edificar el Socialismo Bolivariano y Chavista.

Nosotros estamos de acuerdo con el planteamiento del presidente Maduro. El movimiento obrero venezolano desde su origen estuvo limitado para trascender la visión reivindicacionista-economicista de sus luchas debido, entre otras cosas, a que las direcciones sindicales y partidarias que tuvo –fueran socialdemócratas, marxistas o anarquistas- no se plantearon como tarea de la clase la conquista del poder y cuando lo hicieron pasaron dos cosas: en la lucha por la democracia, en las décadas del 30 al 50 del siglo pasado, asumieron el programa democrático burgués y en la década del 60, cuando la izquierda revolucionaria y marxista se lanzó a la lucha por el poder político con un programa de liberación nacional y socialismo, lo hizo aislándose del movimiento obrero el cual quedó absolutamente bajo la hegemonía ideológica de la socialdemocracia adeca y la democracia cristiana de COPEI, teniendo en la CTV la punta de lanza del sindicalismo al servicio de la burguesía y el imperialismo.

De esa manera se mutiló la capacidad de lucha del movimiento obrero venezolano, limitado a la actividad sindical y a las luchas por el salario, la convención colectiva y la seguridad social, entre otras reivindicaciones (muy importantes para los trabajadores en tanto eran derechos muchas veces negados en la IV República), pero sin capacidad para luchar por el programa liberador de la clase y de todo el pueblo, el programa socialista.

Con el Comandante Supremo Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana en el gobierno, tal situación comenzó a cambiar. Desde la Asamblea Nacional Constituyente se desarrolló un debate en el que participaron diversos sectores de las fuerzas más avanzadas del movimiento obrero y eso, junto a la claridad de objetivos del Comandante Chávez, garantizó que los derechos fundamentales de la clase quedaran plasmados en nuestro texto constitucional; pero no sólo los derechos económicos y sociales (algunos emblemáticos como la recuperación de la totalidad de nuestras prestaciones sociales, robadas en 1997 con la eliminación del antiguo método de cálculo), sino también los derechos políticos, principalmente el de asumir la gestión (dirección) del proceso social del trabajo. Todos ellos concretados en la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT), promulgada por el Gigante Hugo Chávez el 30 de abril de 2012.

Hoy tenemos el doble de organizaciones de trabajadores y trabajadoras (sindicales y consejos de trabajadores) que las que existían en 1998, hoy tenemos una central sindical fuerte que agrupa a la gran mayoría de las federaciones y sindicatos del país (la CBST-CCP), es tan así que la CTV y las otras centrales sindicales han desaparecido del espectro laboral del país. Sin embargo, el movimiento sindical sigue casi totalmente limitado al sector público, con escasa presencia en el sector privado y muy acotado a las luchas económicas.

En algunos sectores, como decía el presidente Maduro, se ha avanzado en la construcción de milicias obreras –y campesinas- y cuerpos de combatientes en empresas como PDVSA, las del aluminio en Guayana, en algunos sectores obreros como la construcción y en instituciones del Estado. Esto no es poca cosa, es una tares que debe profundizarse en el marco de la doctrina de defensa integral de la nación, la guerra de todo el pueblo y la unión cívico-militar.

Pero el gran reto para edificar el socialismo, nuestro Socialismo Bolivariano y Chavista es el de la producción, el de superar, trascender, el modelo rentista petrolero heredado de la IV República capitalista y burguesa y construir el modelo económico productivo socialista. Ello no será posible si la clase obrera no está en condiciones de asumir la vanguardia en el proceso social del trabajo.

Para esta tarea de carácter estratégico no basta la conciencia reivindicativa, ella es insuficiente. Necesario es elevar a la clase obrera al nivel de la conciencia política, revolucionaria y socialista; la conciencia de clase para sí al decir de Carlos Marx. Esta tarea de educación política e ideológica de la clase y sus sectores de vanguardia es fundamental, pero debe ser acompañada de la capacitación técnica de los cuadros dirigentes de las empresas y unidades productivas. Entonces, elevar la conciencia política revolucionaria y la capacitación técnica de los cuadros obreros es condición esencial para que la clase obrera asuma el reto de la producción y se ponga en la primera fila de la construcción del Socialismo Bolivariano y Chavista y todos los cuadros conscientes de este desafío tenemos que asumir la responsabilidad de trabajar para lograr tan trascendente propósito.

Caracas, 3 de mayo de 2015

 

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