Eduardo Piñate / Opinión

11.May.2015 / 09:17 am / Haga un comentario

Por Eduardo Piñate R.

Con un imponente desfile militar el gobierno de la Federación de Rusia, acompañado de presidentes y dirigentes de países de todo el mundo –entre los que se contó nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro-, celebró este sábado 9 de mayo los 70 años de la derrota que el pueblo de la hoy extinta Unión Soviética propinó al Nazifascismo en la 2da Guerra Mundial.

Cuando Hitler en 1941 lanzó contra la URSS la mayor cantidad de hombres y medios de combate jamás lanzados contra país alguno, lo hizo con la plena convicción de que se impondría con relativa facilidad, entre otras cosas porque, tal como sucedió, la URSS no recibiría el auxilio de los gobiernos de EEUU e Inglaterra que en el occidente estaban en guerra contra Alemania, Italia y Japón. Pese a los desesperados llamados de Stalin y el liderazgo de la Unión Soviética para que se abriera pronto el frente occidental, esto no se produjo sino hasta 1944, cuando ya las tropas soviéticas en demoledora ofensiva hacían retroceder a las tropas Nazis hasta llevarlas a la mismísima Berlín, donde habrían de rendirse ante las tropas soviéticas comandadas por el Mariscal Zhukov.

Tres años resistió Unión Soviética sola la arremetida de los ejércitos alemanes y de sus aliados por el oriente, en la que estos llegaron a estar a las puertas de Moscú y sitiaron a Leningrado (hoy San Petersburgo) por más de 900 días. Sólo el heroísmo del pueblo Soviético, que pagó el sacrificio de más de 28 millones de sus hijos e hijas, entre ellos 8 millones de soldados, salvó a la humanidad de que el fascismo se impusiera en la Segunda Guerra Mundial, pues mientras esto acontecía, los aliados occidentales en vez de abrir el frente por el occidente de Europa, como pedía la URSS, se entretenían abriendo un frente en el norte de África y la toma de Sicilia, que no tenían mayor significado en el curso global de la guerra. Cierto es que la invasión de Europa por Normandía hizo que los alemanes destinarán fuerzas para combatir en ese frente, pero se hizo con tres años de retardo, en el que dejaron sin ayuda a la URSS para que Hitler destruyera a la nación socialista creada por el genio de Lenin, Trotsky y otros.

Es justo el reconocimiento que se hizo este 9 de mayo al pueblo soviético, a su heroísmo y a la dirección político militar encabezada por Stalin, que libraron a la humanidad del fascismo en los años 40 del siglo pasado.

Cuando fue derrotada la Alemania Nazi por el Ejército Rojo, simbolizada en la imagen de los soldados soviéticos izando la bandera roja del martillo y la hoz en el techo del Reichstag, se creyó que se había acabado para siempre con el fascismo y que una larga era de paz se abría para toda la humanidad. Ninguna de las dos creencias –justas aspiraciones humanas- se cumplieron. Bien pronto se abrió el período de la llamada Guerra Fría y la guerra de Corea para dejar claro que los seres humanos tendríamos que seguir haciendo ingentes esfuerzos y sacrificios para que la paz reine en el mundo.

Ya desde los años 50 se comenzaron a ver las fuerzas que surgieron para rescatar los ideales de barbarie e inhumanidad de Hitler, Mussolini y Franco, entre otros. De hecho, las dictaduras fascistas de Francisco Franco en España y Salazar en Portugal, ambas de origen y contenido fascista, se mantuvieron hasta mediados de los años 70 del siglo pasado, sin que las potencias “democráticas” de Europa Occidental y EEUU hicieran nada para combatirlas, al contrario, eran sus aliadas en la guerra fría contra la URSS y el bloque socialista europeo.

En los propios EEUU se gestó y desarrolló un movimiento fascista de carácter oficial en los años 50, el Macartismo, que basado en un anticomunismo enfermizo persiguió y agravió a personas de pensamiento democrático o de izquierda. Del Macartismo no se salvaron ni Charles Chaplin, ni Albert Einstein, ambos acusados de comunistas por el Congreso de los Estados Unidos.

En nuestro continente la mayoría de las dictaduras del Cono Sur en los años 70 fueron fascistas, en el sentido corporativista, represivo y anticomunista del término. La dictadura de Pinochet en Chile, la Junta Militar que gobernó argentina desde Videla hasta Galtieri, es decir, desde 1976 hasta después de la guerra de las Malvinas, o el largo período dictatorial en Uruguay que se inició con Juan María Bordaberry; todas ellas, junto a la de Banzer en Bolivia, fueron dictaduras fascistas.

Hoy, como lo denunció en su momento el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez y lo ha denunciado el camarada presidente Nicolás Maduro, estamos presenciando un rebrote fascista en la América del Sur y en otras partes del mundo.

Y tiene que ser así, porque el capitalismo atraviesa por la crisis más profunda, global y estructural de su historia, y esa crisis ha puesto en cuestión las bases mismas de la dominación del capital, la estructura institucional que surgió como resultado de la 2da Guerra Mundial y ha puesto en peligro la hegemonía del imperialismo estadounidense en la economía capitalista a escala planetaria. Hace meses leí a alguien, no recuerdo a quien, que escribió que cuando el capitalismo está en dificultades, saca a pasear al fascismo; y eso parece ser lo que está pasando ahora en el mundo.

El golpe de Estado de la banda fascista que desgobierna en Ucrania con el apoyo del gobierno estadounidense, es una punta de lanza política y militar de la OTAN contra la Federación de Rusia, que junto a China y otros países desarrollan una política independiente y le disputan la hegemonía al imperialismo estadounidense.

Así mismo, en Nuestra América avanza la lucha por la independencia y la soberanía con el pueblo venezolano y la Revolución Bolivariana en la vanguardia. El crecimiento de la conciencia antiimperialista de nuestros pueblos determinó un cambio fundamental de la correlación de fuerzas entre el imperialismo y nuestros pueblos, y una nueva e inédita situación geopolítica –desde los tiempos de las luchas independentistas del siglo XIX- se abre en el continente. Esto permitió que desde la América Latina y Caribeña, y más específicamente desde la Venezuela Bolivariana y los países de la ALBA, se reivindique y revalorice actualmente la vigencia histórica del Socialismo Bolivariano y Chavista del siglo XXI ante la debacle del capitalismo.

Este avance de los pueblos y de las ideas de libertad, justicia social, independencia y soberanía, contenidas en nuestra propuesta socialista, la pretenden detener avasallando a nuestros pueblos, con la fuerza política y militar de la que ha devenido en el siglo XXI en la mayor potencia fascista de la historia, los Estados Unidos de Norteamérica, que, como hizo en Ucrania; organiza, financia, apoya, sostiene y adoctrina a partidos políticos y grupos fascistas en forma de ONG’S y organizaciones paramilitares.

En esta materia Venezuela no es una excepción y debemos tenerlo claro, el combate y la derrota del imperialismo pasa por la lucha y la derrota de los rebrotes fascistas en todas sus expresiones.

A 70 años de la derrota del Nazifascismo por las fuerzas revolucionarias de la URSS, nos toca a los revolucionarios y las revolucionarias de esta hora derrotar y hacer desaparecer, ahora sí para siempre, al fascismo de la faz de la tierra para que la paz se imponga.

Caracas, 10 de mayo de 2015

 

 

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