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Foto: Prensa Presidencial
La reciente visita de la presidenta encargada Delcy Rodríguez a la India no fue un episodio aislado ni una simple gira protocolar, sino una señal de acercamiento sostenido entre Venezuela y una de las potencias emergentes más importantes del siglo XXI. India no es solo el país más poblado del mundo; es una economía en expansión, actor decisivo del Sur Global, miembro relevante de los BRICS y potencia farmacéutica, tecnológica, industrial y energética. Para Venezuela, esa realidad abre una oportunidad estratégica que debe ser comprendida con sentido de futuro.
Este vínculo contemporáneo tuvo un impulso decisivo durante el gobierno del presidente Hugo Chávez, especialmente con su visita de Estado a India en marzo de 2005, cuando se instaló la Comisión Mixta de Alto Nivel. Desde entonces quedó planteada una agenda de cooperación basada en intereses convergentes. Esa línea de contacto tuvo continuidad institucional en 2012, cuando el presidente Nicolás Maduro, entonces canciller de la República, participó en Nueva Delhi en la reunión India–CELAC.
Los encuentros desarrollados en Nueva Delhi expresan un salto cualitativo en la agenda bilateral. Las reuniones de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, con el primer ministro Narendra Modi, el canciller Subrahmanyam Jaishankar y el ministro de Petróleo y Gas Natural Hardeep Singh Puri reflejan tres dimensiones centrales del nexo: la jerarquía política otorgada por Nueva Delhi, la inserción del tema venezolano en la política exterior india y el peso específico de la cooperación energética. Su presencia reiterada en India durante los últimos años muestra una interlocución política y económica trabajada con continuidad.
El recorrido por la refinería de Jamnagar, operada por Reliance Industries —empresa que mantiene contrato de compra de crudo pesado con PDVSA— y consagrada como el complejo de refinación en una sola sede más grande del planeta, tuvo un alto valor simbólico y práctico. Jamnagar representa capacidad de procesamiento, logística petrolera, tecnología aplicada a crudos complejos y demanda sostenida. Para Venezuela, ese espacio permite visualizar una ruta de inserción de sus recursos energéticos en cadenas industriales de gran escala, especialmente en un contexto internacional marcado por tensiones sobre rutas de suministro y reacomodos del mercado petrolero.
En el plano comercial, los datos confirman que el vínculo posee una base material relevante. En el año fiscal 2019-2020, el intercambio bilateral superó los 6.000 millones de dólares, su nivel más alto en el período reciente. Luego disminuyó por el efecto de las medidas coercitivas unilaterales, licencias, pagos, transporte y restricciones financieras, pero volvió a mostrar señales de recuperación en 2024-2025, cuando alcanzó una cifra superior a los 1.800 millones de dólares.
Bajo una perspectiva estratégica, el beneficio debe ser recíproco. Venezuela ofrece recursos energéticos, ubicación geopolítica y potencial minero; India aporta mercado, inversión, capacidad industrial, tecnología, medicamentos, financiamiento y experiencia productiva. No se trata de dependencia unilateral, sino de una lógica ganar-ganar: India fortalece su seguridad energética y presencia en América Latina, mientras Venezuela diversifica socios, recupera espacios comerciales y accede a capacidades para su desarrollo. Esta proyección debe ir más allá del petróleo, hacia salud, medicamentos genéricos, tecnología digital, formación técnica, inteligencia artificial, transporte, agricultura, fertilizantes, minerales críticos y cooperación industrial.
Esta aproximación entre Venezuela e India forma parte de una transición mayor del sistema internacional. El mundo avanza hacia una configuración más multipolar, en la cual las relaciones Sur-Sur adquieren creciente relevancia y las potencias emergentes amplían sus espacios de cooperación, comercio e influencia. En ese contexto, la dinámica bilateral permite articular intereses energéticos, capacidades tecnológicas, complementariedad productiva y una lectura compartida sobre la necesidad de diversificar los centros de poder económico y diplomático.
Con esta gira, la alianza estratégica queda proyectada hacia una etapa de mayor densidad. La interlocución directa con el más alto nivel político, diplomático y energético de Nueva Delhi abre condiciones favorables para ampliar el comercio, fortalecer la cooperación tecnológica y dinamizar la agenda energética.
@RamonLoboMoreno