Héctor Rodríguez Castro / Noticias / Opinión

6.Ene.2018 / 01:03 pm / Haga un comentario

Héctor Rodríguez

Este plan de gobierno que va a regir nuestro país por mandato del Pueblo, tiene que ser un plan escrito, pensado y hecho por todos los venezolanos y venezolanas, es un plan popular para seguir haciendo la Revolución Socialista, nuestra Revolución del Siglo XXI”, enfatizó el presidente Nicolás Maduro al llamar a toda la población a organizarse, discutir, proponer y construir una carta de navegación para los próximos cinco años.

Y nos preguntamos ¿tiene esta propuesta alguna diferencia con los 11 planes de la nación quinquenales que han existido en Venezuela?

Hagamos una rápida revisión de nuestra historia reciente para tratar de entender la magnitud que tiene la propuesta que ahora nos hace nuestro Primer Mandatario nacional. Para ello debemos tener en cuenta que un Plan de la nación es una herramienta de gestión que promueve el desarrollo social en un determinado territorio. Su objetivo es sentar las bases para atender las necesidades de la población y mejorar la calidad de vida de toda su gente. Pero claro, lo allí plasmado dependerá de los intereses y visiones que marcan tendencia sociopolítica para el momento.

El primer plan de la nación fue el de 1960-64, al que le siguió el de 63-66 y luego el de 65-68; los tres estuvieron marcados por la política socialdemócrata, que bajo la batuta de Rómulo Betancourt respondían a la intención de construir un Estado que favoreciera a los intereses de la economía internacional, en la consolidación de una visión imperialista. El planteamiento era que cada país del continente fuera monoproductor (apuntando sus esfuerzos a la extracción de una sola materia prima, y fijando su economía sobre la adquisición de productos elaborados por el llamado Primer Mundo, o sea las naciones industrializadas). Un ejemplo: Venezuela producía petróleo, Chile cobre, Argentina carne, Centroamérica cambures y plátanos. En esos tres planes el énfasis social se hizo en que los sectores populares y rurales debían sumarse al mejoramiento de su entorno vital.

El cuarto plan corresponde al lapso 1970-74, esto es al primer gobierno del socialcristiano Rafael Caldera, cuya visión en relación con la pobreza estaba teñina por el concepto de la caridad y se orientaba a trabajar en medidas asistencialistas.

En el marco del disparo de los precios del petróleo -producto del embargo que hicieron los países árabes a los aliados de Israel durante la guerra del Yom Kippur- el quinto plan, 1976-80, bajo el mandato de Carlos A. Pérez, dio continuidad al asistencialismo copeyano, en una situación de riqueza fácil que llevó a la dilapidación de los recursos económicos consolidándose un consumismo irresponsable que se concretó en la filosofía del “ta’barato, dame dos”.

El sexto plan (1981-85) lo signa el surgimiento de una crisis real, luego de una década de congelación de la economía tras una política de subsidios, y el desenlace del viernes negro (Luis Herrera Campins) donde se hizo hincapié en la participación ciudadana: las cooperativas y organizaciones de la sociedad civil (clase media organizada) entran en escena. El tema era la participación “ciudadana” en las actividades del Estado.

El séptimo plan (1984-89) bajo la batuta de Jaime Lusinchi habla de profundizar el sistema democrático con mayor participación de la iniciativa privada, y eso se consolidará en los segundos mandatos tanto de CAP como de Caldera con el octavo (1990-94) y el noveno (1995-99) donde se insiste en la participación civil para cambiar el Estado y la solidaridad para un desarrollo en libertad y convivencia.

Nueve planes trabajados desde los cenáculos y para los intereses de las élites ilustradas quienes se adjudicaban para sí mismas el reconocimiento de ciudadanos, y dejaban para los invisibilizados (la mayoría) el concepto de Pueblo.

La llegada a la presidencia de Hugo Chávez Frías comienza a gestar un cambio en la visión, arranca en el 99 con una Constituyente para redefinir el Estado y transformar la nación. Es cuando, por primera vez, todos podemos ir a las urnas para ratificar o negar la letra del nuevo texto constitucional.

Las reglas de juego comienzan a cambiar. El presidente Chávez propone el Proyecto Nacional Simón Bolívar (2007-2009) para sentar las bases éticas y morales de un cambio de visión, donde las comunidades, el Pueblo, empezara a hacerse corresponsable, protagónico, un ser social activo en los cambios.

Luego, el presidente Chávez como candidato a la reelección propone un nuevo Plan de la Patria (2013-2019) para caminar a la construcción socialista. Ahora el presidente Maduro nos convoca a todos a revisar los logros, cuestionar las fallas, y a presentar propuestas, mecanismos, salidas para corregir y profundizar un modelo social donde todos estemos involucrados, bajo principios de igualdad y justicia, nacionalistas y Bolivarianos.

Miranda ya tiene un comienzo del sendero andado. Nuestra campaña se orientó a generar contratos sociales, desde la corresponsabilidad, en los que todos nos involucráramos: tanto comunidades organizadas, Pueblo constructor de futuro, como empresarios solidarios y responsables.

Ahora, respondiendo al Jefe de Estado, los mirandinos daremos nuestro paso adelante: comunidad por comunidad, caserío por casería, consejo comunal y comuna, consejos de trabajadores, organizaciones de madres cuidadoras y de estudiantes, docentes, familias, instituciones deportivas, todos nos sentaremos y aportaremos para lograr que este Segundo Plan Socialista de la Patria consolide ese futuro brillante que queremos en Miranda y en todo nuestro país.

 

 

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