Elías Jaua / Noticias / Opinión

20.Nov.2016 / 09:04 am / Haga un comentario

Foto: PSUV Miranda

Foto: PSUV Miranda

El 21 de noviembre de 1991 lo conmemoramos, con dolor y rabia,  enterrando a tres jóvenes: dos estudiantes liceístas, Darwin Capote y José  Delgado Soteldo, y al soldado Humberto López Arias, que salió en defensa de los muchachos, los tres víctimas de la masacre ocurrida en Macarao.

Cinco días antes habíamos enterrado a Gimmy Hernández, estudiante del Liceo  Andrés Bello; en abril de ese mismo año nos había tocado recoger herida de muerte a nuestra compañera Belinda Álvarez en las puertas de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Todos ellos y Belinda asesinados por la Policía Metropolitana (PM), la mayoría con perdigones aliñados (con metras, clavos y tuercas).

Durante 1991 otros cinco estudiantes fueron asesinados y centenares heridos, con lesiones para toda la vida, en distintas partes del país. Prueba de que estábamos enfrentando, una vez más, una política de exterminio por parte del líder adeco Carlos Andrés Pérez, sistemático represor contra el pueblo venezolano.

Con dolores, pero con orgullo, lo digo: yo soy parte de esa corriente estudiantil popular, anti oligárquica, antimperialista,  de izquierda democrática y socialista que supo poner el pecho y de abonar con sus mártires, como muchas veces lo reconoció el Comandante Chávez, el camino que se abrió la madrugada del 4 de febrero de 1992 para el pueblo venezolano.

El movimiento estudiantil venezolano tiene un continuo histórico que se remonta a febrero de 1814; a febrero de 1928; al 21 de noviembre de 1957, que da origen al día del estudiante;  a la generación de los 60 que tomó el monte, con fusil al hombro, ante la brutal represión del Pacto de Punto Fijo; a las generaciones de los 70, 80 y 90 que en solitario enfrentaron la subasta del país y la exclusión y el atropello contra los sectores más humildes del pueblo. A esa historia pertenezco y a esa historia me debo.

Periodistas al servicio de las élites siempre me preguntan cuál es la diferencia entre las protestas estudiantiles en las cuales yo participé y las protestas en las que participan los estudiantes de derecha. Bien, puntualicemos algunas:

  • Nuestro movimiento era autónomo de cualquier poder interno y externo. Recuerdo que una vez, a finales de los 80, fuimos a la embajada de la Unión Soviética a entregar una carta de denuncia y lo funcionarios diplomáticos nos amenazaron con entregarnos a los órganos de seguridad. En contrario, los estudiantes de derecha están financiados y dirigidos por la embajada e instituciones del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, por sectores paramilitares de Colombia, por poderosos grupos empresariales venezolanos y “bendecidos” por la alta jerarquía de la Iglesia  Católica.
  • Nuestros objetivos políticos de lucha eran la defensa de la soberanía nacional, la defensa del derecho a la educación gratuita y demás derechos sociales para el pueblo, la solidaridad con los campesinos, obreros y pobladores de los barrios explotados y reprimidos. Los estudiantes de la derecha han intentado, defendiendo los intereses de poderosas corporaciones mediáticas, empresariales y latifundistas, derrocar al gobierno bolivariano y socialista que recuperó la Independencia y la soberanía nacional, que garantizó la educación pública gratuita, que ha desarrollado un sistema de protección social para los estudiantes y el pueblo, que devolvió la tierra a los campesinos e indígenas, que restituyó plenamente los derechos laborales al pueblo trabajador. En todo esto radica la diferencia ética entre ellos y nosotros.
  • Nosotros tuvimos que enfrentar una sistemática y brutal política de represión, que solo entre 1990 y 1991 arrojó la cifra  de media decena de estudiantes asesinados en las calles por efectivos uniformados de los cuerpos de seguridad del Estado, sin posibilidad de denunciar ante los medios, ante la OEA, ante la ONU, ni ante nadie en aquel mundo. En solitario enterramos a nuestros mártires, en solitario lloramos y nuestro dolor lo convertimos en coraje para seguir luchando, sin quebrarnos, sin vender nuestra dignidad. Dejo a ustedes la comparación con los estudiantes de la derecha.

En vísperas del 21 de noviembre de 2016, nosotros, la generación de los 90, nos sentimos orgullosos de la vigorosa Organización Bolivariana de Estudiantes (OBE), de sus logros y sus desafíos hacia el horizonte. En ellos y ellas vemos reflejada nuestra victoria y sobre todo vemos proyectada la vida de nuestros mártires hacia el futuro. Los y las estudiantes bolivarianos, socialistas y chavistas son la continuidad histórica del auténtico movimiento estudiantil venezolano.

“¡Por nuestros caídos ni un minuto de silencio, toda nuestra vida de combate! ¡Hasta la victoria siempre! ¡Que vivan los estudiantes de la Patria! Muchachada, el porvenir les pertenece.

 

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