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29.Mar.2016 / 11:52 am / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

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Partamos de la necesidad totalmente razonable de reconocer el alcance del precio petrolero desde la mirada necesaria, es decir, desde la estructuración de la economía venezolana en estos momentos signada por una sólida coyuntura de inflexión en el ingreso de divisas por la caída en los precios internacionales del crudo. Consideremos también, la coyuntura como un espacio de oportunidad para el desmantelamiento progresivo del enorme peso del modelo rentista.

Lo mejor que ocurrirá para Venezuela asociado al precio petrolero, es que este no volverá –al menos en un par de años- al precio de 100 dólares y ni mucho menos alcanzará los 200 $/barril como algunos estiman. Es lo mejor, si la coyuntura sirve para desarrollar con consistencia una política sustitutiva de importaciones y diversificación de exportaciones en el corto y mediano plazo. Algo bueno que al parecer puede ocurrir, es que aparentemente el precio internacional del crudo ha alcanzado unos niveles que toman distancia a los 20$/Barril (crudo venezolano) a los llegamos a inicios de año en una tendencia extremadamente peligrosa para Venezuela y muchos países petroleros del mundo.

Fluctuaciones recientes del precio petrolero

Luego de una tendencia peligrosa a la baja, apenas sobre los 27$/barril, los crudos WTI y Brent durante la última semana de marzo rondan por los 40 dólares en una recuperación de más del 50%  desde finales de enero. El aumento ha sido progresivo y ha estado signado por varias razones que se han conjugado en simultáneo: Principalmente han tenido que ver el cierre de campos de fracking en EEUU por estar produciendo a pérdidas y las expectativas a partir del acuerdo de congelación de producción entre países OPEP y no OPEP donde Rusia, Arabia Saudita, Qatar y Venezuela tuvieron un acuerdo previo.  ¿Es sustentable esta alza? ¿Seguirán saturados los inventarios mundiales en el mediano plazo y con ello empujando el precio a la baja?

Estos son algunos de los temas que se discutirán entre países OPEP y no OPEP que se reunirán el 17 de abril en Doha Qatar. Debatirán la propuesta de frenar la producción del crudo a niveles de enero de este año, como una estrategia de estabilización de niveles de inventario mundial y en consecuencia, del precio mundial de crudo, decaído por una sobreoferta sostenida. El ministro qatarí de Energía, Mohamed al Sada, anunció: “Hasta hoy, unos 15 productores OPEP y no OPEP, que representan cerca de 73 por ciento de la producción mundial de petróleo, apoyan esta iniciativa”, precisó el ministro en un comunicado.

Los países que hoy acuden a articular estrategias para el reflote de los precios petroleros, todos en mayor o menor medida, lidian con tormentas fiscales a consecuencia del desplome del crudo. Arabia Saudita ya lucha con déficit fiscal y espalilla de manera vertiginosa sus reservas en moneda extranjera, mientras que Rusia por otro lado aplica una política de ajustes presupuestarios con una muy modesta estimación de crecimiento este año en 0,7%, para sólo nombrar dos ejemplos. Pero la situación es más que complicada, pues la articulación de una estrategia por los mencionados 15 países no es una garantía en el mediano plazo de que haya un alza a niveles de 60 u 80 dólares por barril, cifra conveniente para la mayoría de los productores.

El pasado 15 de marzo la Agencia Internacional de Energía (AIE) admitió, de forma inesperada, que “hay indicios de que los precios (del mercado petrlero) han tocado fondo” advirtiendo además los “peligros” de una nueva tendencia al alza, dado que, al pisar los precios los 50$/barril, los campos de fracking cerrados desde el 2015 y el presente año en EEUU, puedan volver a ser rentables y pueden volver a operar, generando en el mediano plazo, nuevas condiciones para la sobreoferta y en consecuente desplome de los precios. Jeffrey Currie, jefe de investigación de materias primas de Goldman Sachs Group, aclara que “si el mercado vuelve a los 50 dólares por barril, en seis meses enfrentaríamos nuevos problemas de sobreoferta”. Así, para estabilizar el crecimiento del mercado, se requiere la reducción de las reservas de petróleo y sus derivados, que actualmente están en un nivel alto.

Es así como la estrategia OPEP y no OPEP tiene el propósito de crear condiciones de precios “saludables” pero “sostenibles”, lidiando además con situaciones de expansión en la producción en varios frentes. La explicación reside principalmente en la contribución de los EEUU y Canadá equivalente a casi 2 Millones de barriles/día (por fracking y explotación de arenas bituminosas respectivamente) y de manera muy importante Irak con una variación positiva de 1,7 Millones de barriles/día. Irán seguramente terminará por añadir 1 Millón más durante lo que queda de 2016. En total unos 4 MMb/d adicionales inyectados en el mercado mundial en comparación con el volumen total correspondiente a enero de 2014. Situaciones que se conjugarán, como lo afirma Art Berman, editor de Forbes, con la “realidad de la sobre abundancia combinada con una debilidad de la economía mundial”. Como dato importante: China, gran importadora de energía, fijó un crecimiento para 2016 entre 6,5 y 7%, desacelerándose e impactando en la demanda mundial de materias primas y sus precios.

¿Cuál será el precio promedio en 2016?

Pocas veces como ahora, es tan difícil establecer una previsión de gran consenso sobre cuál será el nivel del precio petrolero para 2016. Las informaciones contradictorias abundan en una guerra informativa declarada por factores adversos y a favor de un reflote de los precios. Pero la matemática de los mercados parece indicar que la disminución, muy progresiva de los inventarios en países beneficiarios de los bajos precios (EEUU y China principalmente), pueda tener un efecto favorable sobre el precio en un piso de 40$ y un techo de 50$. Esto, sólo de llegar a un acuerdo de congelación de producción en Doha en abril y que tales acuerdos sean cumplidos por los productores.

Hay indicios, sólo indicios, de que los principales productores OPEP se encuentran conversando en torno a cómo estabilizar el precio del petróleo alrededor de la cota de $50/b para consolidar el ascenso observado en las últimas tres semanas siempre y cuando se dé una rebaja de la producción. La meta es difícil de alcanzar, pero las últimas informaciones son alentadoras pues muchos expertos, entre ellos Gary Ross, consideran que un rebalanceo ya está en marcha: “Los productores quieren el crudo a $/b 50 y esta cota se convertirá en la nueva ancla para los precios globales del crudo”. Dicha ancla solo comenzaría a operar en 2017, pero en 2016 pudiéramos observar una aproximación significativa a esa cota.

Lo que concierne a Venezuela

Independientemente de lo que suceda con el precio petrolero, las decisiones económicas fundamentales ya están tomadas considerando los peores escenarios. Es decir, la instrumentación de la Agenda Económica Bolivariana ha abordado la política monetaria con la adecuación del sistema cambiario, la activación de los motores productivos para la sustitución de importaciones y la diversificación de exportaciones y las medidas fiscales en moneda nacional correspondientes al apalancamiento de la inversión y protección social.

En divisas, donde reside el problema medular venezolano, Ecoanalítica hizo una proyección que muchos considerarían fatalista y otros bastante realista. Señalaron que, “a un precio promedio de 30 dólares el barril este año, Venezuela recibiría un ingreso de 22 mil 273 millones de dólares por exportaciones petroleras, mientras que los gastos por importaciones, servicios, pagos de deuda y salida de capital suman 49 mil 487 millones”. El resultado según Ecoanalítica es que, para balancear las cuentas, se requieren 27 mil 214 millones de dólares. Un detalle clave es que esta proyección de Ecoanalítica incluye un recorte de 35% en las importaciones de bienes y servicios realizadas en 2015. Para mantener los mismos gastos del año pasado, el país necesitaría una transfusión de 35 mil 577 millones de dólares.

La política del Gobierno venezolano se reorienta en muchas situaciones de manera simultánea. Se trata de administrar con mayor eficacia las divisas (por acupuntura financiera). Por otro lado en minimizar el impacto en la caída de las importaciones favoreciendo la producción nacional, con la activación de motores. Sobre los pagos de deuda, el Gobierno venezolano no ha dejado ni dejará de cumplir sus compromisos, así que los 14 mil millones de dólares en deudas e intereses a pagar este año se pagarán. Hablamos sólo de la deuda a acreedores financieros, pues Ecoanalítica no aclara si incluyen en esa deuda a las estafas empresariales de Fedecámaras que quieren que el Estado reconozca su deuda particular. Hablando de las “salidas de capital” o pago de compromisos en divisas a empresas extranjeras para su repatriación de capitales, el Gobierno creó el sistema cambiario flotante, que se prevé, sirva como espacio de mercado para que estas empresas puedan acceder a divisas. El sistema flotante permitirá el reingreso de divisas a la economía, sin que se estime a la fecha cuantas podrían ser.

La cuestión es que el alcance de estas medidas todavía no tiene estimaciones confiables, hasta que se active la tasa flotante y hasta que no se totalicen también nuevas inversiones en moneda extranjera que se prevé, se efectuarán en el corto plazo, de la mano de empresas chinas. Una vía expedita como alternativa a este deficitario “flujo de caja” en divisas es precisamente la medida excepcional de certificación de reservas en el Arco Minero del Orinoco. Esto permitiría la monetización de las reservas certificadas y permitiría en el corto plazo ofrecer alternativas financieras al país. Por ejemplo y sólo hablando del oro: al certificarse las reservas el BCV podría emitir bonos, que podrán ser pagados con oro y con intereses en oro en sólo algunos años. Al vender estos bonos pagaderos en dólares el ingreso de divisas liquidas a caja sería inmediato. Estos ingresos dependerán del monto en bonos a emitir. Podrían ser 5 mil o 7 mil millones de dólares. Esto aún  no se ha publicado. La explotación y captación de oro nacional, servirá también para fortalecer nuestra base de reservas y de respaldo al Bolívar, también como instrumento para “Swaps” o canje por divisas y papeles en moneda extranjera, que son operaciones para obtener divisas en corto plazo. También el oro tiene como atributo, ser factor de garantía para refinanciamiento de deuda.

Venezuela, víctima de un boicot financiero (por la puntuación teledirigida de las calificadoras de riesgo que aumentan exponencialmente nuestro “riesgo país”), es sujeta a condiciones injustas para acceder a financiamiento, pues imponen tasas siderales de intereses, pese a que la deuda venezolana es de sólo 32% de nuestro PIB. Y esta es una alternativa por ahora inviable.  La opción de financiamiento por el Bando de Desarrollo de China es algo que hasta ahora no se puede confirmar, pero es probable que ocurra.

Finalmente y volviendo al petróleo, Venezuela está sumamente involucrada en la reunión que se efectuará en Doha para estabilizar los precios del crudo. La apuesta por supuesto, es a la recuperación del precio, lo cual sería obviamente muy útil para balancear las cuentas nacionales.  Veámoslo en un escenario. Si las previsiones de precio petrolero promedio este año ya mencionadas terminan siendo ciertas (45$/barril) y a la economía ingresan más o menos 32 mil millones de dólares, sólo por ingresos petroleros,  el país tendría un déficit de más o menos 17 mil millones de dólares(Asumiendo cierta la ecuación catastrófica de Ecoanalítica) que podrían ser cubiertos por vías como: Venta de oro y otros minerales a futuro (bonos), financiamiento (Banco de Desarrollo de China), nuevas inversiones extranjeras, reingreso de divisas a la economía (por dolar flotante) y expansión de exportaciones no petroleras (Motor exportaciones). Estas fórmulas en sumatoria podrían hacer totalmente viable una recuperación drástica del equilibrio este mismo año.

Por: Franco Vielma

Misión Verdad

 

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