José Vicente Rangel / Noticias / Opinión

7.Nov.2016 / 10:20 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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1 La capacidad de un equipo dirigente en política se calibra tanto en la victoria como en la derrota. En ambas circunstancias se miden las dotes para conducir, en determinados momentos, las cualidades o defectos de aquellos que tienen en las manos acertar o no en el manejo de situaciones difíciles. No es necesario especular sobre el tema. En Venezuela estamos en capacidad de abordarlo en casos concretos, sin necesidad de remontarnos al pasado o perdernos en consideraciones generales que solo sirven para desorientar.

2 Me remito a episodios recientes vividos por el país. Uno en particular: el 6 de diciembre de 2015, cuando la oposición obtuvo en las urnas electorales una contundente victoria que le dio el control de un Poder del Estado, la Asamblea Nacional. No vale la pena entrar en consideraciones acerca de las circunstancias en que se produjo el hecho. Sí tiene un carácter puntual, no determinante, consecuencia directa de la crisis económica y, en particular, de flagelos como el desabastecimiento y la inflación. Lo que cuenta para el análisis es que se produjo un cambio en la política nacional que no estaba previsto. Que sorprendió tanto a los derrotados como a los vencedores. Ninguno de los dos factores en pugna esperaba un resultado comicial con tales características. Pero se produjo, y a partir de ese momento se creó una nueva situación en el país.

3 ¿Para qué sector era más obligante el análisis y toma de conciencia de lo sucedido? No vacilo en afirmar que para el liderazgo de la oposición. Este estaba obligado a explorar en profundidad lo que significaba una victoria de tal magnitud. Sobre todo las responsabilidades que acarreaba el control de un importante Poder del Estado. ¿Cómo administrar las responsabilidades provenientes del éxito en las urnas, su proyección en la estructura del Estado y su relación con los demás poderes?

4 Pero no fue así. Los triunfadores del 6-D se dejaron atrapar por la arrogancia y creyeron que el control de la Asamblea Nacional los colocaba a un paso de la toma total del poder. Que les permitiría desafiar a los restantes poderes e, incluso, arremeter contra instituciones como la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Atrincherarse en la posición conquistada, darle carácter épico al logro alcanzado, frustró la posibilidad que se le abría de actuar como escenario plural, de instancia de diálogo confiable, para rescatar la noción perdida de órgano necesario para la paz. De esta manera la conducción de la Asamblea se convirtió en un fiasco. Y lo más grave es que semejante actitud frustró la perspectiva de legitimación de la propia oposición.

5 ¿Cuál es el resultado final? La confrontación abierta y brutal. En otras palabras, la guerra en vez de la paz; la exaltación de la violencia en lugar de la normalidad democrática. En fin, una oportunidad excepcional perdida. Derrochada irresponsablemente. Que confirma la errática política practicada en el curso de este año 2016 por los dirigentes de la MUD.

Error tras error

Nunca una oposición había cometido en Venezuela tantos errores en tan corto tiempo. A partir del 6 de diciembre de 2015, cuando obtuvo una importante y reconocida victoria electoral, hasta la fecha, es decir, en poco menos de un año. El primer error lo cometió con la manera como asumió el triunfo. Con una arrogancia desproporcionada, con la que prácticamente promocionó la versión de que había arribado al poder. A partir de ese momento, la directiva de la Asamblea Nacional se comportó como un macropoder que inició una política orientada a avasallar a los restantes poderes del Estado. Esta perversa desviación del papel de las instituciones la reforzó el presidente de la Asamblea Nacional cuando en el discurso de instalación arremetió contra el presidente Maduro y dio un plazo de seis meses para sacarlo de Miraflores. La cadena de errores se extendió con el empleo de la amenaza permanente de utilizar la calle como instrumento de presión, propósito en el cual fracasó ya que solo logro activar al chavismo.

Luego vino el llamado a un paro nacional -jueves 27-, mal explicado a sus partidarios, sin organización, que confirmó que la MUD perdió la conducción. Pero peor que el fracaso de ese día fueron las explicaciones posteriores para convencer al país de que el paro había sido un éxito. El remate en la cadena de errores es la contradicción que se hizo pública por el tema del diálogo, donde se evidenció que la fractura de la MUD es irreversible. Pregunta obvia, ¿puede la oposición confiar en una dirección carcomida por la división? El riesgo que corre el pueblo opositor es que lo conduzcan, finalmente, al precipicio. De seguir manejando la situación un equipo fracasado.

LABERINTO

Todo indica que en cualquier momento la MUD va a estallar. A duras penas el organismo coordinador de la oposición logra disimular la lucha que internamente libran diferentes facciones. La actitud frente al diálogo profundizó las diferencias. Al igual que la posición ante el revocatorio. Cada vez se torna más complicado acordarse en torno a temas concretos, lo cual tiene un efecto paralizador en la conducción del movimiento…

Lo sucedido con el diálogo es patético. El G-4 que controla la alianza, es decir, AD, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular, define actitudes que luego revoca. Se sabe de la molestia en El Vaticano que atendió la invitación para mediar que le formuló la MUD para luego tomar distancia, lo que es considerado como desaire a Francisco y a su enviado, monseñor Emil Paúl Tscherrig…

Igual pasa con el tema de la salida a la actual crisis. De un lado los que son sinceros en la recomendación de actuar cívicamente y evitar atajos golpistas, y del otro los que consideran que no hay otra opción que el derrocamiento de Nicolás Maduro. Esa diferencia la recogen las posiciones respecto a la línea de “calentar calle” y utilizar el método para crear condiciones para una insurrección popular que, según sus portavoces, contaría con apoyo de sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana…

Burócrata insolente: José Miguel Vivanco, directivo de HRW, con un turbio historial a cuestas, enemigo mercenario de Venezuela, acaba de advertirle al Papa -respecto a la posición que este tiene sobre el diálogo- “que el gobierno de Maduro abusa de su buena fe”. Lo que equivale a decir que Francisco es un pendejo…

Álvaro Uribe no pierde la oportunidad de descargar a Venezuela, coincidiendo con los argumentos de la oposición contra el gobierno de Maduro. No hay día que no ataque al país con un lenguaje cargado de odio y planteando desalojar a este de los organismos internacionales. A cada momento recomienda la intervención económica y militar. Alguien que conoce muy bien al personaje me dijo que aparte de su conocida posición antichavista, Uribe está afectado por la situación de su hermano, fundador del paramilitarismo junto con él, Santiago Uribe, llevado a juicio por la Fiscalía por concierto para delinquir agravado y homicidio agravado. Santiago Uribe fundó el grupo “Los 12 Apóstoles”, famoso por las masacres que cometió en Colombia…

Está claro el objetivo de la derecha en Brasil y Argentina; destruir a Lula y a Cristina. Así opera ese sector político cuando controla el poder…
Evidente que el cardenal Urosa no interpreta la actitud dialogante de Francisco. Sus declaraciones estimulan la pugnacidad.

ÚN

 

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