Noticias / Opinión / Roberto Malaver

8.Jul.2016 / 09:41 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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¡Cuando el pobre lava, llueve! En seis meses hemos llevado a tres carajos a dar discursos en la Asamblea Nacional y nadie les ha parado la más mínima bola. El Día de la Juventud presentamos al compañero y cantante Nacho, ese que siempre está acompañado de un Chino. Aquella vaina fue la arrechera mayor de los chavistas, nos dijeron de todo, pero ya todo se olvidó, lo único que se recuerda es el precio de unos zapatos en dólares que parece que puso en venta ese día. Es decir, para nosotros la juventud es eso, un cantante al que le importa un carajo la historia, y a lo mejor ni sabía por qué se celebraba el Día de la Juventud ese día 12, además, eso tampoco le interesa a nadie, solo a Embajada Radonski, que es nuestro historiador patrio.

Después del discurso de Nacho se nos vino encima el Día del Periodista y colocamos allí a Vladimir –Tres en uno– Villegas, una especie de Madre Teresa de Calcuta que quiere estar bien con Maquiavelo y Frank Kafka, aunque él no sabe de esto pero, le explico, con los fines y con los medios. Nadie recuerda un carajo de lo que dijo, pero nosotros lo llevamos allí a dar ese discurso para que la gente no lo olvide, es decir, para que sepan que allí tienen a uno que estuvo con ustedes y se los vivió, y ahora está aquí con nosotros, y ¡cálenselo! Así como vamos no vamos a llegar a ninguna parte, no solo fracasamos nosotros y tiramos la flecha que jode en Venezuela y el mundo, sino que, además, nos traemos a unos carajos para que fracasen con nosotros, y lo mejor es que ellos siempre se prestan, porque están esperando alguna vaina que no acaba de llegar nunca.

Y llegó el 5 de julio y Espoleta Allup metió la mano en el baúl de los recuerdos y sacó de allí, bien almidonado, al compañero Américo –Trasnocho– Martín, aquel que salía en una foto del periódico Punto Cero diciendo que lo sacarían muerto del cerro El Bachiller, aquel de las Manos Limpias al Poder, “y este es el hombre para el discurso del 5 de julio, para que se arrechen más los chavistas”, así dijo Espoleta y nos puso a oír a aquel hombre que, donde hay tanto que decir, no dijo nada porque ya lo había dicho todo en los años sesenta. Es decir, que tenemos seis meses fracasando estrepitosamente en esa Asamblea, y lo que llevamos para dar discursos es puro bate quebrao. Y, de los tres discursos, el mejor fue el del tal Nacho, ¡quién lo iba a pensar!
Cuando al papá de Margot le dijeron que Américo –Trasnocho– Martín había dado el discurso en la Asamblea, preguntó: “¿Y no había otro mejor?” Se fue al cuarto y le metió un coñazo a la puerta tan duro que en ese momento en Los Próceres fue detenido el desfile del 5 de julio al presumirse que era un sabotaje.

–Háblame suavemente, amor –me canta Margot.

 

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