Carola Chávez / Noticias / Opinión

10.Nov.2017 / 12:48 pm / Haga un comentario

chavistamente

Hace apenas tres meses estaba en la cresta de la ola, una ola de mierda, por cierto; la única ola que pueden levantar los promotores de la puputov. La ola de quienes se dejan liderar por una cagarruta.

Solo conociendo el extenso historial de fracasos del antichavismo puede uno comprender cómo un personajito como Freddy Guevara pudo jugar peligrosamente a ser el General Montgomery con el apoyo de la oposición, que alegremente le siguió el juego, armando barricadas, auto secuestrándose, linchando negros, por parecer chavistas, ya sabes, quemándolos vivos, convirtiendo a adolescentes en mercenarios, encapuchando niños, poniéndolos en primera linea de lucha, entre el fuego de los morteros “libertarios” y las lacrimógenas malvadas y represoras que impedían que las tropas de Guevara llegaran al Centro de Caracas para hacer lo que hacían en el este del Este: destrozar oficinas públicas, quemar autobuses, camiones de alimentos, linchar chavistas, porque el Centro está lleno de chavistas, you know, y aquello, para Guevara y sus seguidores habría sido un festival de violencia.

(Perdonen que insista tanto con el tema de los linchamientos, pero es que, que me asombra y angustia que ni uno solo de los opositores que conozco haya rechazado semejante monstruosidad, que no se hayan horrorizado con la introducción de este nuevo nivel de violencia en sus ya violentos modos. Que se haya abierto esa peligrosa puerta de la turba de personas normales y corrientes que se convierten en asesinos, como si nada, y que la mayoría de la gente “decente” que conozco justificara aquella aberración con el cuentico de que a la víctima de pasó lo que le paso porque “¿quién lo mandó a meterse ahí?”, “se había robado un celular en la marcha”, “estaba tomando fotos sospechosas” o “fue una confusión porque parecía a Herman Escarrá”)

Hasta esas cloacas se dejaron conducir, tranquilamente, siguiendo las irracionales pautas de que aquella cagarruta tuiteaba puntualmente cada tarde. Así se dejaron llevar y hubo más de uno que, siguiendo instrucciones, cagó sobre un periódico y tomó la fétida materia prima, la mezcló con agua en un frasco de vidrio, y la selló, obteniendo una Puputov libertaria que, con suerte, bañaría de mierda a un Guardia Nacional ¡Qué cagada! Imagínense, haber pasado por la universidad, por dos post grados y todo y decir que aquello era una buena idea. Conozco a varios de esos.

Se embarraron tanto bajo las órdenes de Guevara y sus amiguis, que hasta se lanzaron al Guaire cuando, el hoy prófugo, Smolansky se los pidió. Se lanzaron como locos a nadar en el río irremediablemente hediondo, sin notar que su líder se quedó arriba, en la orilla, con una sonrisita sádica, viendo como los pendejos obedecían hasta los comandos más descabellados.

Freddy Guevara se sentía grande, a pesar de su minúscula estatura, física y moral. Y desde esa grandeza imaginaria amenazaba al gobierno allí donde viera un micrófono, una cámara, un teléfono desde dónde tuitear. Sobrado, sacando su pecho tetón, daba cómicos brinquitos de Barney, el dinosaurio morado, que pretendían ser atléticos pasos de un enorme y heroico general, entre los batallones de violentos encapuchados que su partido patrocinaba. Aquel que fue siempre el gafo del salón, el gallo de todos los gallos, estaba ahora tan borracho de egolatría que creyendo que escribía las páginas de su epopeya, dejó un reguero declaraciones, y tuits que terminan incriminándolo hasta el cogote en la larga lista de delitos de los que se le acusa.

Su twitter fue su vitrina: un cotidiano y sombrío reporte vespertino amenazaba con nuevas acciones que anunciaban nuevos muertos, porque la “lucha” que convocó Guevara se nutría con la muerte. Aquel llamado que provocó 43 muertos que llevó a Leopoldo Lopez a la cárcel, se quedó pequeño al lado de lo que hizo el enano que usurpó su lugar en su partido. El enano siniestro que hablaba de crear ingobernabilidad para derrocar al presidente Maduro “cueste lo que cueste”, porque a este minúsculo sociópata, el caos, la sangre, la muerte, no le costaba nada; por el contrario, alimentaba sus ínfulas de “próximo presidente” de lo que quedara de Venezuela después de la guerra que intentaba provocar.

Guapo y apoyado por el Departamento de Estado, y por la Fiscal General que le había dado barra libre para que se emborrachara con sus desmanes, y con su escudo de inmunidad parlamentaria, Guevara iba desbocado. Apenas en julio, la cagarruta tuiteaba: “Diosdado mintiendo de nuevo. Quisieran ellos que me fuera del país! Sépanlo: el pueblo me eligió para luchar y eso haré. Hasta vencer”

El tiempo, el fracaso crónico, las promesas rotas y la Constituyente, apagaron la opaca chispita de Guevara. De ahí en adelante, el odio que sembró en los suyos se volvió en su contra. Desde entonces, para él solo hubo insultos. Guevara caía por el mismo barranco de sus antecesores, hacia al foso del olvido, pero embarrado de desprecio.

Esta semana, su oscura epopeyita, con su rosario de delitos, que el mismito difundió por las redes, le terminó de estallar en la cara de gafo. Se quedó sin escudo, sin inmunidad parlamentaria, y tragándose su tuit bravucón corrió a esconderse en la Embajada de Chile, que lo recibió con los brazos abiertos, como si recibiera al mismito Pinochet. Desde ahí manda otro video reiterando su voluntad de delinquir y desconociendo la legitimidad del gobierno para ver si alguien le para. Nadie le para más allá de una desganada declaración de algún compañero que ve  apetito el espacio que deja vacío Freddy. En las calle, calle y más calle sin retorno, sonido de grillitos.

Mientras Freddy dice desconocer al gobierno y a todas sus instituciones, sus abogados lo contradicen acudiendo al Tribunal Supremo de Justicia en Caracas para ejercer su defensa. Una vaina loca porque el mismito Freddy juramentó, hace poco, a unos tipos para que fueran los magistrados de un Tribunal Supremo de Justicia paralelo que “funciona” desde Washington y que se supone es el único y verdadero… A menos que no lo sea. A menos que Freddy haya mentido ooootra vez.

Y así, sin Audi y sin poder comienza Guevara su largo camino al olvido y, como para restregárselo en la cara, en la inoperante Asamblea Nacional en desacato, alguien vistió su silla vacía con una franela negra que dice: “El que se cansa pierde”. Un gesto tan burlón que no puede sino ser una vaina de Ramos Allup.

CAROLA CHÁVEZ
Carolachavez.wordpress.com

 

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