Carola Chávez

  • Chavistamente: Circo con ventilado

    El diputado José Brito fue uno de aquellos absolutos desconocidos que llegó a la Asamblea Nacional con el engaño de “la última cola” y que un día saltó a la fama, de un mazazo, gracias a una empujadera que montó junto a otros gordos pendencieros que la oposición usa como grupos de choque. El diputado Brito no se destacó en la tángana por su valentía y arrojo, sino por rodar aparatosamente sobre en una jardinera, dejando expuestos en la caída unos diminutos calzoncillos pica queso incrustados en su rolliza figura.

  • Chavistamente: El juego roto

    Todos conocemos en carne propia aquel simpático juego llamado “Democracia: el gobierno de la gente”, o sea, el tuyo, el mío, el nuestro, el vuestro; con sus reglas claras y simples; la receta perfecta para la feliz convivencia con respeto y libertad. ¿Se acuerdan?

  • Susana en su trampa

    Les voy a contar la historia de Susana Griso, una periodista catalana cuyo tema favorito hasta hace pocos días, era Venezzzuela, así con su zeta bien pronunciada. Susana conduce un programa de mucha audiencia en Antena 3, un canal de tele española que, también, hasta hace pocos días, parecía que quedaba en Caracas.

  • Chavistamente: Cuatro años sin cobrar

    “Tenemos cuatro años sin cobrar” –dijo Delsa Solórzano forzando un puchero que no pudo remontar la parálisis estética del Botox.

  • Chavistamente: Nadie es tan gafo

    Cuando aparecieron las fotos de Guaidog con los Rastrojos, dijeron que él no podía saber que esos eran Rastrojos narcoparamilitares. Que cómo iba a imaginarse ese muchacho que caminaba por una trocha entre Colombia y Venezuela, distraído, pensando en una pacífica invasión a su propio país, que esos señores que le pidieron una foto podían ser unos paracos.

  • Chavistamente: Luces, selfies y likes

    Allí están, como cada día, sacándose un selfie con una biblioteca de fondo, siempre una biblioteca atrás, siempre un libro abierto sobre la mesa, junto un latte doble mocca artesanal. La ceja arqueada, característica de quienes elaboran ideas tan complejas que solo ellos entienden, un poco más, un poco más, ¡clic!. Lanzan al mar de […]

  • Chavistamente: Chucky Chacumbele

    Todos conocimos a un carajito malcriado que era dueño de la pelota y cuando el juego no le favorecía, o imponía reglas torcidas hechas a su medida, o se llevaba su pelota y se joden… Bueno, así, con la misma malcriadez actúa el antichavismo, pero, en lugar de llevarse la pelota, a estos demócratas libertarios, les da por destrozar este país que no se deja gobernar por ellos.

  • Chavistamente: El títere sin cabeza

    El títere se gastó. ¿Y cómo no iba a gastarse si jamás tuvo gracia, ni brillo, ni siquiera su torpeza sirvió para despertar algún sentimiento que no fuera de burla? ¿A qué clase de Geppetto retorcido se le ocurrió montar un show con un títere tan nefasto? Y lo montaron…

  • Chavistamente: La trampa de la huída

    Les dijeron que fueran, que eran bienvenidos, que los aceptarían sin visa, sin papeles, que olvidaran la apostilla, que reconocerían sus títulos universitarios, aunque fueran chimbos, que fueran en cambote, que los acogerían, que había una carpas de ACNUR cheverísimas, que de ahí al Paraíso Terrenal, que allá se gana un realero, que llueven Iphones, sushi, Nutella, que vengan… Vengan que la “diáspora venezolana”, que lo mire el mundo, que Venezuela se hunde, culpeMaduro y los venezolanos huyen a pie. Vengan hermanos descalzos, que aquí los vamos a recibir con la ayuda humanitaria, con Angelina Jolie. Vengan y lloremos, foto, foto, flash, flash…

  • Chavistamente: El pudor de quedarse

    El antichavismo es, en buena parte, el resultado de una minuciosa operación psicológica. Tomar a la clase media, usar en su contra su característico y frondoso ramillete de prejuicios, alimentando sus peores miedos, atizando el clasismo, el racismo, todos sus “ismos” y fobias. Sembrando en el suelo fértil de la presión social, -¿Tú como que eres chavista?- blandiendo el látigo de “el qué dirán”, arma infalible de adiestramiento grupal que pone a marchar, al son que le toquen, hasta al más pintado. Campana de Pavlov, cacerolazo; campana de Pavlov, marcha; campana de Pavlov, guarimba; campana de Pavlov, puputov; campana de Pavlov, vete del país, a Perú, que es arrechísmo; campana de Pavlov, desea con toda tu alma una invasión.