Carola Chávez

  • Chavistamente: La fiesta y los alacranes

    Una “fiesta con todos los juguetes” –decían emocionadísimos sus organizadores. En el lujoso barrio de Salamanca, Madrid, Gavilán pío pío, con sus ojos puyúos, contaba los minutos para que empezara la rumba -de plomo- en Caracas. Nunca supo ese pajarote hacer nada constructivo, nunca supo ganarse las cosas sino arrebatándolas con violencia, con mentiras, con traición y con mucha cobardía.

  • Chavistamente: Nosotros postulamos

    Nuestro centro electoral estaba cerrado así que nos fuimos a la cancha. No importa, si no hay centro hay cancha, el caso es que nosotros hoy postulamos. 

  • Chavistamente: Lo terrible

    Colombia arde –¡cuándo no!– en medio de un paro nacional que no para.

  • Chavistamente: Los espaldas secas

    Si existe una tragedia migratoria en nuestro continente es la eterna tragedia de los espaldas mojadas

  • Chavistamente: Tibieza congelada

    La pelea es peleando. Eso lo aprendí con Chávez.

  • Chavistamente: Ocho años que parecen cien

    Hace ocho años casi no tuvimos tiempo de llorar la tristeza más grande de todas.

  • Chavistamente: Resumen mentiroso

    Fin de semana pasado, un malandro de la banda de El Coqui se daba un chapuzón en la piscina de un club de policías.

  • Chavistamente: Convocatoria al fracaso

    La oposición venezolana ha cultivado la cursilería y la pava con esmero militante. Dos décadas intensivas de discurso clasemediero plagado de clichés, de construcciones gramaticales rebuscadas que pretenden ser “cultas”, entretejidas con una religiosidad ya no fervorosa, sino fanática, soberbia y a la vez lacrimosa y suplicante, que eleva oraciones y ruegos sanguinarios por cadenas de WhatsApp, para que “abajo cadenas” y “seguid el ejemplo que Pinochet dio”.

  • Chavistamente: Enredados

    Las redes sociales se metieron en nuestras vidas y nos enredamos en ellas. Recuerdo la fascinación que me produjo Facebook, las posibilidades de reencontrarnos con gente que quedó atrás en lugares y tiempos lejanos

  • Ocho años

    Yo pensé que no podía vivir sin ti. Pensé que no podríamos vivir sin ti. Era tanto el miedo que no me dejaba pensar. Era tanto el miedo, tanto el dolor que aquel «Viviremos y venceremos» era como una patada en el corazón, porque yo no sabía ni vivir, ni vencer sin ti. Han pasado ocho años.