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10.Ago.2015 / 10:22 am / Haga un comentario

El 10 de agosto de 1813, a cuatro días de haber culminado la Campaña Admirable, Simón Bolívar envió un oficio al arzobispo de Caracas, Narciso Coll y Prat, para instarle a que instruyese a “los párrocos, predicadores y confesores” a no promover entre las y los feligreses, opiniones contrarias a la Independencia de Venezuela. Esto obedecía a la clara parcialización de buena parte del clero con el bando realista que, bajo la jefatura de Domingo de Monteverde, acababa de ser depuesto y se había replegado y reconcentrado en Puerto Cabello, único enclave de los españoles en el centro del país.

Arribo triunfal

Tras un sorprendente ciclo de operaciones militares iniciado a finales del año anterior en la región neogranadina del Magdalena, Bolívar había logrado formar –a partir de una base inicial de 70 hombres sin experiencia militar que se le encomendó en noviembre de 1812–, una respetable fuerza de varios centenares de aguerridos soldados y oficiales, con quienes acometió la campaña sobre Venezuela a partir de mayo de 1813.

Como se sabe, luego de una cadena de combates victoriosos, Bolívar llegó a Caracas en tres meses, en tanto que por el mismo tiempo, Santiago Mariño, incursionando desde el islote de Chacachacare (Trinidad), a la cabeza de resueltos patriotas hacía lo propio, liberando el Oriente.

Así, entre las primeras disposiciones del caraqueño, a quien los pueblos proclamaban a su paso “Libertador de Venezuela”, apenas llegar a Caracas, además de algunos nombramientos y medidas de urgencia para asegurar el orden interior y la prosecución de operaciones y bloqueo sobre Puerto Cabello, estuvo esta solicitud del 10 de agosto de aquel año, la cual -si bien se formuló en términos de extrema cortesía-, contenía una intimación y advertencia muy clara respecto a que en todo momento se debía mantener la “debida consideración a que es acreedor el pabellón de la República”. A ello se oponían representantes del clero que condenaban la Emancipación, y otros que abiertamente militaban bajo las banderas del Rey de España.

Bolívar y el clero

¿Era Bolívar creyente? Aunque no era practicante del culto, a lo largo de su vida dio manifestación en su epistolario y discursos de ello, con una personalidad que contenía rasgos de libre pensador y masón. Para 1813, todavía Bolívar tenía muy fresca la querella ocasional sostenida el 26 de marzo de 1812 con un fraile, a propósito de comentarios que se propalaban en el púlpito y la calle acerca del origen del sismo: “clérigos realistas, y algunos frailes predicadores, han excitado a las muchedumbres fanáticas y atemorizadas haciéndoles ver que el terremoto es un castigo del cielo por la sublevación de los patriotas contra el legítimo soberano, el virtuoso Fernando VII” [http://www.saber.ula.ve]. En aquella fecha Bolívar pronunció palabras de irreverencia jacobina: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

En 1826, a propósito del Proyecto de Constitución de Bolivia, el Libertador sostendrá la separación del Estado y el credo “la religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre ella la anula…la fe…es la base de la religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos…todos debemos profesarlos, mas este deber es moral, no político”

Misiva y contestación

Así, para agosto de 1813, cuando la República era sostenida por débiles instituciones y las bayonetas del Ejército Libertador; y la opinión pública no estaba totalmente consagrada, y encontrándose además, las provincias de Maracaibo, Coro y Guayana bajo poder de los realistas, resultaba indispensable asentar el principio de autoridad y precaver las alteraciones políticas de los seguidores de la monarquía en Caracas y toda Venezuela. Por entonces Bolívar no alcanzaba la clara noción del problema social y las castas, cuestión esta que, a finales de ese año, encontrará expresión en José Tomás Boves, caudillo del peonaje llanero y del Centro del país, que reaccionará contra la II República.

De este modo el Libertador estima indispensable convocar la atención en su gestión gubernativa, en torno al llamado a la autoridad de la Iglesia para que contribuyese al sostén del orden republicano. El mismo 10 de agosto -según recoge Jesús Muñoz Tébar, Secretario del Jefe Supremo-, el arzobispo contestó diciendo “quedar…disponiendo otra circular a más de la que se está expidiendo desde el 5 de agosto”. Muñoz Tébar remitió a Bolívar “copia de la carta-circular que se va a expedir (según el arzobispo) consecuencia de este oficio, a fin de que sea de su agrado”. Al menos por entonces se impuso la autoridad republicana.

 

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