Noticias / Opinión / Roberto Hernández Montoya

19.Jun.2016 / 12:59 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

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‘La fortuna ayuda a los audaces’.

Virgilio (Eneida, X, 284).

Venezuela está superando las pruebas infernales a que ha sido sometida. Aún falta, pero ya vemos cómo comienzan a desmoronarse los agobios.

Hemos presenciado una épica, que no buscamos. La OEA se derrumba sobre sí misma. Las debilidades se vuelven fortalezas. El Revocatorio será este año, pero el de Almagro. Imagino su despecho viendo a 19 cancilleres aprobando investigar su ensañamiento contra Venezuela. Hasta la Argentina y el Brasil…

En las elecciones españolas, en que la derecha involucró a Venezuela para debilitar la coalición Unidos Podemos, las encuestas la colocan por delante del PSOE. Felipe González vetó el pacto entre su PSOE y Podemos, pero si las elecciones dan a Unidos Podemos de segundo, el PSOE no tendrá otra que pactar con esa asociación. O se desmantela. ¿Se inmolará el PSOE para acatar las órdenes de Felipillo? La política es cruel. Felipillo lo sabe. Es decir, al parecer Venezuela ganará las elecciones en España.

La guerra económica quiere tornarse violenta, pero las instigaciones recias están llevando a la cárcel a mucha gente de esa. En masa. ¿Caerán como cayeron las guarimbas? Es lo que parece y aparece.

Hay en la literatura y el arte mil fábulas éticas en que el mal señala la ruta de la virtud. Venezuela ha sido sometida a mil males, cerco financiero, caída de los precios del petróleo, escasez, colas, irritaciones de todo tipo, hasta la naturaleza se ensañó con el país y ya parece ceder. No creo en flautas mágicas pero este fenómeno de El Niño parece que fracasó también. En realidad lo que fracasó fue la malevolencia estructurada de quienes celebraban la peor sequía de la historia conocida de Venezuela. Hasta eso nos está dando lecciones para superar nuestras peores inclinaciones.

Porque las plagas, humanas o naturales, fortalecen la moral. No me gusta hablar cual predicador, se me dan mal las homilías, pero todo me enrumba hacia ese discurso. Es decir, vamos a rehacer nuestras mejores honradeces. Hemos desafiado el mal en su peor jaez. Estamos presenciando la debacle de las peores manifestaciones de la malignidad.

Mientras hasta el Pepe Mujica tambaleó, en Venezuela nos mantuvimos en la reciedumbre que nos predicó Chávez.

 

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