Eduardo Piñate / Noticias / Opinión

13.Dic.2015 / 03:57 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

Por: Eduardo Piñate R.

Comparto plenamente lo afirmado por un conjunto de compañeros y compañeras, entre quienes se cuenta el camarada presidente Nicolás Maduro, en el sentido de que la guerra económica –asociada a otras formas de guerra, agrego yo- es la causa principal de la derrota de las fuerzas de la Revolución Bolivariana, agrupadas en el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPPSB) en las recientes elecciones parlamentarias.

Hace un mes, en un artículo escrito para Ciudad CCS, expresé:

“En el momento político-electoral que atraviesa la sociedad venezolana, la derecha del país y sus socios en el exterior apuestan a la desmoralización del pueblo chavista, a generar escepticismo en nuestras filas, a quebrar la moral combativa de nuestras bases populares y que eso se refleje en una merma de la votación de las fuerzas del Gran Polo Patriótico, para así obtener ellos una mayoría en la Asamblea Nacional que les permitiría desmontar toda la obra revolucionaria que ha favorecido al pueblo en los 16 años de Revolución Bolivariana…”

“Para eso incrementaron la guerra contra nuestro pueblo en los últimos meses. Una guerra cuya forma de lucha principal es la guerra económica con la que la burguesía parasitaria y apátrida, en connivencia con el gran capital transnacional y el imperialismo, se han dedicado a saquear el salario de los trabajadores y a quitarle al pueblo el acceso a los bienes (alimentos y medicamentos principalmente), utilizando el contrabando de extracción, el acaparamiento y la reducción de la producción de dichos bienes, para desabastecer el mercado, hablar de escasez, subir los precios fraudulentamente y responsabilizar al gobierno. La verdad verdadera es que los responsables del desabastecimiento y sus consecuencias, los precios especulativos de los productos y las colas, son la alta burguesía de este país y sus aliados en el exterior, entre los cuales los gobiernos de EEUU y de Colombia tienen un rol estelar. Esto lo acompañan en este momento por el sabotaje eléctrico, otras formas de terrorismo y la campaña mediática nacional e internacional contra la revolución.” (Ciudad CCS, 10 de noviembre de 2015)

La ofensiva total del imperialismo y la burguesía, que tuvo como formas de lucha principal la guerra económica y la guerra psicológica y mediática, favorecida por el bloqueo financiero internacional que ha denunciado el presidente Nicolás Maduro y la caída de los precios del petróleo en el mercado mundial (lo cual para Venezuela representó una reducción del 68% de los ingresos en dólares este año 2015), logró lo que se habían planteado: “…la desmoralización del pueblo chavista…generar escepticismo en nuestras filas… quebrar la moral combativa de nuestras bases populares y…una merma de la votación de las fuerzas del Gran Polo Patriótico, para así obtener ellos una mayoría en la Asamblea Nacional…”

El Presidente Obrero Nicolás Maduro nos ha convocado a lanzar una contraofensiva revolucionaria para transformar la derrota de las elecciones parlamentarias –contundente, importante, pero táctica- en una victoria política estratégica que nos permita salir de la situación de defensiva en la que nos encontramos y pasar a la ofensiva, apoyándonos en el hecho que el poder político está en las manos de las fuerzas revolucionarias –entre ellos el Ejecutivo- y que el 43% de la población electoral, más de 5 millones de venezolanos y venezolanas que votaron por el GPPSB, son la fuerza inicial para movilizar en defensa de la obra y los logros de nuestra revolución.

En mi modesta opinión, la contraofensiva revolucionaria propuesta por nuestro Presidente Obrero debe plantearse superar un conjunto de déficits que arrastra nuestro proceso revolucionario. Entre ellos señalamos:

1.- El déficit en la construcción del modelo económico productivo socialista. Si algo le ha hecho daño a nuestra revolución es no haber superado, ni siquiera mínimamente el modelo rentista petrolero que heredamos de la IV República capitalista y burguesa, a pesar de los esfuerzos y recursos que tanto el Comandante Chávez como el presidente Maduro han destinado para tratar de levantar la producción nacional de la postración en que la dejó la burguesía parasitaria durante la IV República. La guerra económica que nos viene haciendo la burguesía es a partir del control monopólico que tiene en la producción de alimentos, medicamentos y bienes en general y sus fortalezas en el sistema financiero nacional e internacional. Nosotros como pueblo tenemos el Poder Político que les arrebatamos, pero no le hemos arrebatado el poder económico. Esta es una tarea de primer orden en la contraofensiva planteada por el presidente Maduro.

2.- El déficit en la construcción del Poder Popular. De acuerdo con las cifras que aporta el Ministerio del Poder Popular para las Comunas, en este momento en el país hay aproximadamente 48.000 consejos comunales, 1.400 comunas y cientos de organizaciones sociales. Toda una fuerza. Pero, más allá de las cifras tenemos que interpelarnos acerca de la calidad de esa fuerza, es decir, ¿son las organizaciones para el ejercicio directo del Poder por parte del pueblo o son organizaciones reivindicativistas/reformistas cuyos integrantes las conciben sólo para solicitar recursos al Estado para ejecutar proyectos?, ¿cuál es el aporte de cada una de ellas en la producción y en el crecimiento de la organización y la conciencia revolucionaria?, ¿desarrollan un modo de vida democrático en sus territorios específicos o siguen siendo expresiones vivas de la democracia representativa y su cultura política? Vale la pena que reflexionemos sobre estos temas y que revisemos la práctica de cada una de ellas, seguramente vamos a encontrar –porque las hay- experiencias positivas bien importantes en todos los aspectos que hemos señalado, pero, ¿no serán excepciones a la regla más bien?

3.- Hay un déficit importante que tiene que ver con la persistencia de vicios y desviaciones como el burocratismo, la corrupción, el oportunismo y el elitismo, entre otras, en el Estado, el gobierno y el partido (aquí incluyo a todos los partidos de la revolución y no sólo al PSUV, aunque nuestro partido por sus dimensiones y responsabilidades es su mayor exponente) y las organizaciones sociales, que se concretan en una concepción burguesa (reformista) y burocrática de la acción política.

4.- Por supuesto, todo eso expresa el déficit en el desarrollo de la conciencia política revolucionaria y socialista en segmentos importantes de nuestro pueblo. Es cierto que como pueblo hemos elevado nuestros niveles de conciencia y grados de organización, en ese plano (y en muchos otros) no somos el mismo pueblo de 1998, pero los resultados del 6 de diciembre confirman que esos niveles de conciencia no son suficientes para las demandas de la presente etapa de construcción del socialismo Bolivariano y Chavista y para los desafíos que la lucha de clases nos impone. Podemos decir más, el presidente Nicolás Maduro viene alertando desde hace meses acerca de un peligroso proceso de despolitización y desideologización en la sociedad venezolana, particularmente en la juventud agrego yo. En esas condiciones, lo que se impone es el pragmatismo en lo epistemológico y el oportunismo reformista o ultraizquierdista en la política.

La victoria de la contrarrevolución en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre, fue contundente, o lo que es lo mismo, las fuerzas revolucionarias, Bolivarianas y socialistas, sufrimos un revés importante. No obstante, es una derrota táctica que tenemos que transformar en una victoria estratégica a fin de impedir que se abra un período contrarrevolucionario y fascista en Venezuela y el continente y propiciar, al mismo tiempo, la apertura de una nueva situación revolucionaria. Para eso es la contraofensiva revolucionaria convocada por el Presidente Obrero Nicolás Maduro.

Entendemos esta contraofensiva revolucionaria como toda una campaña que conduzca a una cadena de victorias que nos permitan recomponer la nueva mayoría revolucionaria en el marco del bloque histórico popular que sustenta la Revolución Bolivariana. Esas victorias son, entre otras:

Derrotar la guerra económica en todas sus manifestaciones, particularmente en sus expresiones más irritantes para la población: desabastecimiento, acaparamiento, altos precios especulativos y las colas. Al mismo tiempo, avanzar en el modelo productivo socialista, golpeando a las fracciones de la burguesía que obstaculizan las medidas para ir concretando ese avance y al mismo tiempo dirigen y participan en la guerra económica. Esto implica fortalecer una fuerte área o zona de economía socialista, con relaciones de producción socialistas en sectores como la industria, la agroindustria, la agricultura, la construcción, la petroquímica y el turismo, entre otros, cuyo pivote o plataforma de arranque es la industria petrolera y dotadas de un modelo de gestión directa y democrática de la clase obrera en el proceso social del trabajo. Es una tarea de mediano y largo plazo que tenemos el deber de comenzar desde ya para pasar del capitalismo de Estado hacia el socialismo.

Avanzar en la construcción del Poder Popular, más consejos comunales y comunas con una nueva calidad, una nueva conciencia y una nueva práctica política, alejadas del asistencialismo y el reformismo, basadas en la cultura política del protagonismo y la participación popular, que asume la democracia como un proceso cotidiano que se realiza en todas las dimensiones de la vida, que gana espacios en la medida que la revolución económica, política y cultural avanza y no como un acto que se ejecuta cada vez que hay elecciones.

El PSUV y todas las fuerzas políticas de la revolución, debemos desterrar todo electoralismo y reformismo, fortalecer los métodos de trabajo y dirección revolucionarios e insertarnos en la cotidianidad del pueblo para ir hacia el partido movimiento, con militantes y dirigentes cuya humildad, desprendimiento, espíritu de sacrificio y disposición de combate, sean ejemplo para todos y todas, tal como lo planteó y lo practicó el Comandante Supremo Hugo Chávez.

La revisión y rectificación debe materializarse en nuestro gobierno también, consustanciándose cada vez más con el pueblo, rompiendo la relación jerárquica y verticalista con el pueblo que en algunos niveles se impone, desarrollando una lucha sin cuartel contra el burocratismo, la corrupción y el reformismo asistencialista y creciendo en eficacia al resolver los problemas de la población.

El no haber aplicado en su momento consecuentemente (desde 2010 aproximadamente) las “tres erres al cuadrado” (revisión, rectificación, reimpulso, repolitización, repolarización y reunificación) que nos propuso el Comandante Chávez nos trajo a la presente situación que, para decirlo como lo diría mi hermano y camarada Fernando Soto Rojas; es difícil, compleja y exigente. Sin embargo, como ya hemos afirmado en este artículo, es una derrota importante y contundente, pero táctica. Tenemos el deber moral, la fuerza institucional y de masas y la necesidad política para lanzar la contraofensiva revolucionaria, apoyada en la aplicación de las “tres erres al cuadrado”, en el estrechamiento de la unidad de nuestras filas como pueblo, con el presidente Nicolás Maduro y la dirección político-militar de la revolución, y en una lectura correcta de la coyuntura, para concretar la cadena de victorias que hemos propuesto en este artículo –y seguramente otras que surgirán en el debate- y conforman la victoria estratégica con la nueva mayoría revolucionaria que nos propone el Presidente Obrero Nicolás Maduro.

No es la primera vez que nuestro pueblo chavista y revolucionario se encuentra ante desafío semejante, no es la primera vez que la vanguardia de nuestra revolución enfrenta una situación de tal complejidad y de todas salimos con victorias que profundizaron la revolución. Esta no será la excepción, la contrarrevolución fascista será derrotada y veremos reverdecer la Revolución Bolivariana.

Caracas, 13 de diciembre de 2015

 

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