Luis Bilbao / Opinión
Ni las formas se guardaron en Toronto: antes del G-20 se reunió el G-8. Y para que nadie dude, invitaron al saliente presidente Álvaro Uribe. Washington premió al fiel servidor que le entregó Colombia para instalar bases de guerra apuntadas a la región. Ante el testigo mudo los jefes imperialistas trataron lo importante. Luego llevaron las conclusiones a la mesa de sus subordinados. Aparte la hojarasca, el G-8 acordó un objetivo: continuar la marcha belicista contra Irán y Corea del Norte; fortalecer el cerrojo militar contra América Latina.
Si la reunión de los 8 fue para amarrar sus puntos de acuerdo, horas después, ya en el escenario del G-20 (más cinco invitados: España, Holanda, Vietnam, Etiopía y Malawi), las potencias imperiales exhibieron las contradicciones que los enfrentan. Y se hizo evidente que Washington ya no es la voz inapelable.
Para explicar el choque entre la Unión Europea y Estados Unidos los medios de difusión (y algunos mandatarios) se aferraron a una falacia: debate ideológico entre neoliberales empeñados en un ajuste fiscal y neokeynesianos abogando por políticas de intervención estatal.
No es la ideología lo que rige la marcha de la economía mundial. La UE no se opone por razones teóricas a mantener y acrecentar los déficits fiscales de sus componentes, sino porque el desbalance de sus cuentas lleva al colapso bancario. Eso arrasaría al euro y pondría en riesgo la existencia misma de la UE. Washington necesita demoler a su principal adversario en la disputa por el mercado mundial. Necesita igualmente de la reactivación europea, porque para evitar su propia recaída en recesión debe mantener el flujo de las exportaciones estadounidenses al viejo continente.
Es jugar con fuego. Las consecuencias del eventual derrumbe europeo golpearía como un tifón a Estados Unidos. Pero la Casa Blanca parece haber concluido que no hay precio de saldo en esta crisis. Y aunque sea irracional, busca exorcizar el fantasma de la depresión empujando al abismo a su socio-enemigo de mayor envergadura.
En un plano subordinado, cuenta también el choque entre la voracidad del capital bancario y la producción primaria e industrial: con las famosas derivativas la especulación llegó a límites inauditos. La reforma lograda por Barack Obama trata de acotar ese fenómeno con más controles. Pero el desenfreno especulativo proviene de la imposibilidad de obtener tasas de ganancias adecuadas en la producción y el comercio. Y esa imposibilidad resulta de la competencia, la tecnificación y la sobreproducción; no de funcionarios desavisados, incapaces de ver pasar un rinoceronte por sus oficinas. La especulación fue el único refugio temporario del capital en crisis. La pugna por ver si es más progresista tasar las transacciones financieras o defender mayores impuestos al comercio es apenas un toque farsesco en la tragedia.
Malestar de masas en Estados Unidos
Otro factor cuenta para explicar la conducta de Washington: el creciente descontento interno. Se multiplican signos de que las clases medias y los trabajadores –desocupados o amenazados con el despido– comienzan a actuar de modo tal que se suman como factor de inestabilidad. Si al desempleo neto se suma a quienes involuntariamente trabajan 20 hs semanales o menos y a quienes han desistido de buscan empleo, la cifra llega al 20%. En algunas regiones, estos guarismos se duplican. Ya en el período previo a la asunción de Obama la clase dominante mostró que Estados Unidos bordeaba una crisis política. Obama no tiene el piso firme bajo sus pies. Ahora se ensancha la base del conflicto potencial. La existencia de una nación latinoamericana con 50 millones de habitantes en el seno de aquella sociedad, y el fenómeno de radicalización en curso en el hemisferio Sur del continente, con el Alba como bandera, tiene en vilo a los estrategas de la Casa Blanca. En cambio la UE se aferra a la Confederación Sindical Internacional, que a través de poderosos sindicatos y partidos reformistas regula hasta el momento la ira de las masas europeas. Para ajustar su labor de muleta imperial la CSI se reunió también en Canadá antes del G-20.
En suma, la disputada declaración final de Toronto llegó a un consenso: “reducir el déficit a la mitad para 2013”. Quedó atrás el acuerdo de Pittsburgh, cuando por unanimidad se llamó a alentar el giro económico desde las arcas fiscales. En cambio se ratificó la decisión firmada por todos en encuentros anteriores, de someter el sistema financiero en cada país a una mayor supervisión. Claro que el ajuste “debe ser a la medida de las circunstancias nacionales” de cada país. Se trata de “impulsar políticas de reducción del gasto público que no dañen el crecimiento”. Retórica al servicio del ocultamiento y la mentira: el anfitrión canadiense Stephen Harper recibió a sus invitados anunciando que “la recuperación sigue siendo extremadamente frágil y los riesgos son reales”. El choque entre la UE y Estados Unidos deja al imperialismo sin estrategia conjunta. Analistas serios del capital concluyen que aumenta el riesgo de “un colapso descoordinado”.
La operación de relaciones públicas realizada en Toronto el 26 y 27 de julio costó 1.200 millones de dólares. Irracionalidad llevada al paroxismo. Pero tuvo su fruto: lograron ocultar que la estrategia imperialista, en ese punto unificada, es avanzar por el camino de la guerra. En 2008 el G-20 evitó el desplazamiento de países claves hacia instancias alternativas. Ahora, la incapacidad de Estados Unidos para hegemonizar el bloque abre una nueva posibilidad: al menos dos países latinoamericanos podrían revisar su orientación y sumarse a la principal tarea de la hora: detener la locura belicista del capitalismo encarnada en la Casa Blanca. La historia los observa.
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El autor es Director de la revista América XXI
Comentarios
Lo q se plantea es muy objetivo, aunq como no se le da trascendencia no se tiene en cuenta…
Excelente plateamiento y simplenteme hay q tener en cuenta q los ímperio-capitalistas se guerrearan a muerte (donde los asesinados seremos los pobres con todas las reformas barbaras contra la salud, educacion y empleo q los malditos gobiernos neoliberales aplican)la economia mundial, sin importar x encima de quien pasen…
AJUSTE, GUERRA Y MANIPULACION:
El papel de Uribe y de Santos es una continuacion o mejor, es una extrapolacion de de su cultura industrial, es decir, todo se copia y se reroduce en serie. Guachiman, parqueadero, man, etc. son reflejos de la transculturizacion o colonizacion cultural del pueblo colombiano. Esto no es mas que una politica de estado dentro de los medios de comunicacion, o mas bien, el empleo de los medios de comunicacion para la colonizacion.
En medio de la crisis capitalistas, el aumento de la poblacion sigue sin parar. No son los ricos los que aumnentan, son los pobres los que nos reproducimos exponencialemente y en la misma medida rclamamos mas y mas derechos.
Para la logica capitalista estos derechos, reinvidicaciones sociales de justicia, igualdad de condiciones no son legitimas. Pero mas alla de todo los pobres representan una amenaza para el sistema y para la seguridad individual de la oligarquia y de sus intereses materiales.
El sistema capitalista genera las condiciones para que la mano de obra se ajuste al precio que le conviene, es decir, en la la logica capitalista la ley de la oferta y la demanda entra en un juego crucial para tener mas ganancias. Mientras mas pobres hay, mas barata es la mano de obra y mayor esclavitus y explotacion se genera. Un trabajador no se atreve a pedir mucho porque detras de él hay una cola inmensa esperando por ese puesto. Sucede que cuando no se puede parar el crecimiento poblacional de manera positiva, es decir, planificacion familiar, educacion sexual e ideologia y adotrinamiento mediatico, entonces creas condiciones como la desatencion sanitaria para que aumente la cantidad de muertes por enfermedades, o paralizas investigaciones para curar o mitigar enfermedades mortales, acaparar (Y SUS CONSECUENIAS CON EL CAMBIO DE PRECIO) los alimentos para que los pobres no coman y crear guerras, por supuesto no podia pasar.
La explosion demografica de Venezuela asusta a Colombia, a la aoligarquia, y asusta tambien al Imperio. Tambien el crecimiento de la poblacion pobre en Colombia asusta al imperio y a sus lacayos en Colombia.
La guerra entre Venezuela y Colombia beneficia a la oligarquia de Colombia porque para la guerra van pobres y el imperio gana porque se crean las condiciones de sacar a Chavez del poder. Por añadidura se sacan ganancias producto de la guerra, ventas de armas y todo tipo de logistica para sostener la guerra.
OJO PELAO……