Opinión / Richard Canan

25.Jun.2015 / 09:59 am / Haga un comentario

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

Un nuevo método de agitación y perturbación ensayan desde hace semanas los grupos neofascistas para presionar al Gobierno Bolivariano y al Sistema de Justicia para lograr la impunidad de los terroristas y asesinos que están siendo juzgados por su papel en el plan de horror denominado La Salida.

Esta agenda de perturbación está encabezada y dirigida por las bandas neofascistas provenientes de partidos extrema derecha como Voluntad Popular y de bandas neofascistas como los “manitas blancas” de JAVU. Desesperados ante el fracaso de todos sus intentos anteriores por subvertir el orden, tumbar al gobierno y arrasar con la Revolución Bolivariana han vuelto a echar mano del Manual de Golpes Suaves, el mismo aplicado por los gringos durante las revoluciones de colores.

Aplicando al pie de la letra las instrucciones del teórico norteamericano Gene Sharp (y detrás de él a la CIA, el USAID y la NED), los neofascistas locales han convertido su manual de Golpes Suaves (The Politics of Nonviolent Action) en su plan permanente de operaciones. Una y otra vez han ensayado sus cinco fases o etapas:

· Primera etapa: Ejecutar “acciones para generar y promocionar un clima de malestar”. Destacando las “denuncias de corrupción y la promoción de intrigas”. Todo para generar descontento, malestar y división en la población.

· Segunda etapa: Desarrollo de falsas “campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el Gobierno en el poder”.

· Tercera etapa: Calentamiento de la calle, mediante la “lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la promoción de manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones”. Es la planificación y ejecución de acciones de protesta, manifestaciones y guarimbas. No como acciones espontaneas de descontento sino como acciones planificadas y dirigidas por grupos organizados y pagados para tal fin.

· Cuarta etapa: Escalamiento de las acciones de desestabilización llevando a cabo “operaciones de guerra psicológica y desestabilización del Gobierno, creando un clima de ingobernabilidad”. Rumores, marchas, asalto y toma de espacios públicos.

· Quinta etapa: finalmente se presiona hasta “forzar la renuncia del presidente mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle”. Paralelamente se va preparando el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

La presión para aplicar el Manual es intensa y se ejecuta en distintos frentes. Están moviendo los hilos de todos sus lacayos, agentes y medios de comunicación a nivel mundial (Ongs tarifadas, artistas, políticos, expresidentes y países “preocupados”) con la finalidad de captar la solidaridad internacional para convalidar sus acciones violentas contra el “régimen” que intentan derrocar.

La derecha fascista venezolana ha aplicado las 198 técnicas de Sharp para desestabilizar gobiernos. Lo intentaron una y otra vez contra el Comandante Chávez y lo han ejecutado durante todo el período de gobierno del Presidente Nicolás Maduro. Durante 15 años los golpistas fascistas han fracasado porque carecen de un elemento esencial que no previó Sharp: el apoyo del pueblo. La derecha nunca ha contado con el fervor popular. Las masas siempre han estado de parte de la Revolución Bolivariana y han respaldado a sus líderes y a su gobierno ante cada embestida de la derecha fascista.

Basado en el método del Golpe Suave, la derecha está ensayando con otros métodos de presión, en este caso el uso de la huelga de hambre como mecanismo para lograr solidaridad y alcanzar la impunidad de los asesinos y terroristas presos por los hechos violentos de La Salida del año 2014.

En este nuevo episodio de las locas aventuras de la derecha histérica, los grupos neofascistas se las arreglan para amontonar huelguistas que rápidamente se desvanecen (luego de la foto), como si la huelga fuera un trabajo temporario y estuvieran cumpliendo horario de trabajo.

Para esta gente de la derecha todo es una rochela. Con una oposición más seria, la huelga de hambre pudiera ser objeto de debate por ser reconocida como la “voluntaria abstinencia del consumo de alimentos, y se convoca con la finalidad de forzar que una serie de exigencias que han sido antepuestas sean concedidas, en atención a la sensibilidad humana”. Ha sido utilizada por movimientos y organizaciones políticas en gran parte del mundo para denunciar injusticias, ya que como método de presión, posee un alto impacto emocional y político.

Pero llenos de inmoralidad y desvergüenza, la derecha pretende alcanzar un conjunto de reivindicaciones basado en la liberación de terroristas y asesinos. Algo totalmente inaceptable. Cómo esto puede ser legitimo o ser parte de una “causa justa”. Dónde está la justicia para los 43 muertos y más de 800 heridos. Dónde está el castigo para los causantes de cientos de acciones vandálicas, la destrucción de la propiedad y la generación de zozobra en la población ocasionadas por las bandas neofascistas durante La Salida. Hasta ahora se ha respetado el Estado de Derecho, no ha habido denegación de justicia y todos los juicios están en marcha.

Porqué estos huelguistas no hablan ni mencionan las actividades criminales y terroristas ejecutadas por sus “angelitos” presos. Porqué no le ponen nombre, apellido y rostro a cada criminal y se informa de los crímenes y delitos cometidos. Estamos seguros de que esto indignaría aún más al país. La derecha pretende incitar y promover el establecimiento de un estado de impunidad e injusticia.

Huelga de Cachitos

En Venezuela sabemos que la derecha solo actúa mediáticamente. Lo único que le interesa es el centimetraje y la exposición en los medios de comunicación y las redes sociales con el fin de “vender” su causa. Por eso siempre vemos a cuatro o cinco manifestantes en una “guarimba”, pero docenas de cámaras, micrófonos y periodistas prestos a recoger hasta el más mínimo griterío o alboroto. Es la exacerbación mediática del accionar político violento, con la finalidad de llamar la atención y lograr publicidad para su grupo y para sus fines golpistas.

A ellos no les importa ser una minoría sin razón o que sus obcecados objetivos violen la Constitución y las leyes. Quieren imponer por cualquier vía su Golpe Suave, para asaltar el poder y restituir los privilegios de la burguesía criolla.

Pero bueno, con que seriedad podemos tomar a estos huelguistas quita y pon, si todavía recordamos el vivismo criollo de los “heroicos estudiantes” que en marzo del año 2011 matizaban sus duras noches de huelga de hambre frente al PNUD, comiendo cachitos, hamburguesas, jugos y refrescos. Indignado quedó todo el país al ver a los comecachitos en todos los medios de comunicación.

Estos celebres huelguistas de los cachitos, de día y frente a las cámaras, ponían caras de insufribles y mártires y de noche se hartaban en un festín de carbohidratos y proteínas. Toda una farsa, un engaño. Reflejo de la decadencia moral y ética de estos héroes de cartón.

En esto, dando tumbos y en su laberinto, andan los jefes del partido neofascista Voluntad Popular. López y Ceballos con total cobardía se han negado a asumir sus responsabilidades por las muertes y demás crímenes ocurridos durante La Salida. Como en una telenovela barata viven en constante confrontación con los otros partidos de la oposición y resienten profundamente el abandono (sacada de culo) y la poca solidaridad recibida para con sus perniciosos y descabellados intentos por ejecutar el Golpe Suave.

Así, Ceballos cesó su supuesta huelga de hambre (ayunito con agua de llantén), protagonizando locos episodios entre intentos de fuga, depresiones y problemas maritales, vergonzosa y lamentablemente ventilados ante la opinión pública. Como es una carrera por ver quién es más loco y malcriado, el jefe del partido neofascista, Leopoldo López, ha mantenido en vilo a sus propios seguidores, sin encontrar la forma (políticamente correcta) de salirse del melodrama que él mismo inventó.

Contra la impunidad

Lo que busca la derecha es imponer la cultura de la impunidad para sus crímenes de odio. Nos recuerda al golpe de abril del año 2002, cuando la derecha intentó el derrocamiento del Comandante Chávez y de un plumazo derogaron la Constitución, las leyes habilitantes y acabaron con todos los poderes públicos imponiendo una pintoresca forma de teocracia, donde el ungido se coronó ante un Dios que nadie conocía. Todos los golpistas salieron impunes. Carmona Estanga, Ortega, Peña y compañía (pelucas mediante) salieron huyendo del país como unos cobardes, dejando ensartados y sin rumbo a toda la oposición venezolana y evadiendo sus causas judiciales.

Para que no reine la impunidad hay que resistir las presiones de los grupos violentos y de sus lacayos nacionales e internacionales. La impunidad no puede ser tolerable en una democracia y en un Estado de Derecho donde todos deben cumplir su parte del “Contrato Social”. ¿Quiénes son estos burgueses y grupos neofascistas para estar al margen y por encima de la ley? Ellos deben pagar con cárcel por sus asesinatos, atentados terroristas e incitaciones al odio y a la violencia. La derecha carece de legitimidad, moral y ética para exigir la libertad de estos criminales.

 

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