Eduardo Piñate / Opinión

12.Oct.2015 / 10:43 am / Haga un comentario

Se trata de tres personajes grises, desconocidos hasta hace muy poco tiempo en nuestro país y en el de cada uno de ellos. No obstante, en las últimas dos semanas asumen cierta notoriedad por sus posiciones agresivas y provocadoras contra Venezuela, nuestro pueblo y nuestra revolución. Veamos quiénes son estos personajes:

David Granger: Presidente de la República Cooperativa de Guyana. Militar y político de ultraderecha, formado en instituciones militares estadounidenses, incluyendo la tristemente célebre Escuela de las Américas. Desde el mismo momento que asumió la presidencia de Guyana petrolera Exxon Mobil y el gobierno imperialista de Barack Hussein Obama- una línea de provocación contra el gobierno revolucionario de Venezuela a través de concesiones de exploración a esa empresa gringa y otras en la zona que está en controversia territorial con nuestro país y al mismo tiempo, tratando de hacer aparecer a Venezuela como país agresor en varios escenarios del mundo, como los países de la Commonwealth y el CARICOM, entre otros.Las acciones y declaraciones de estos tres personajes dan cuenta, por un lado, de una línea de continuidad histórica colonial e imperialista orientada a subyugar pueblos –a veces con la complicidad de habitantes de los países subyugados- y de una línea política coherente del imperialismo contra la Revolución Bolivariana y Socialista como expresión concreta de las contradicciones imperio-nación y capital-trabajo.Existe una línea de continuidad histórica en el reconocimiento que hacen los imperialistas y sus lacayos del Laudo Arbitral de París de 1899 y el desconocimiento del Acuerdo de Ginebra. El Tratado Arbitral de 1896 y el Laudo Arbitral que resultó de él, fueron acuerdos entre las élites colonialistas e imperialistas de Inglaterra y los Estados Unidos de Norteamérica con el apoyo tácito del resto de las potencias imperialistas de Europa en detrimento de los intereses de Venezuela.

Un Tribunal Arbitral en el que no había venezolanos, conformado por dos ingleses en representación del imperio colonial británico, dos estadounidenses en representación de Venezuela y un ruso, amigo de la reina de Inglaterra como “arbitro”, terminan dictando una sentencia –conocida como Laudo Arbitral de París para dirimir la demarcación territorial del límite entre los estados Unidos de Venezuela y la Guayana Británica- “que le dio a Gran Bretaña el 90% del territorio en disputa, menos la boca del Orinoco y 500 millas cuadradas de la desembocadura que fueron reconocidas para Venezuela…” (Ministerio del Despacho de la Presidencia. La verdad sobre el Esequibo. Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, 2015. P. 40)

Desde ese mismo momento dicho Laudo fue protestado y desconocido por Venezuela: Desde el propio 4 de octubre de 1899 (un día después de emitida la sentencia) se producen dichas protestas y el 7 de octubre de ese mismo año lo hace el gobierno de Ignacio Andrade. Desde entonces hasta el día de hoy, todos los gobiernos que hemos tenido en Venezuela, desde Ignacio Andrade hasta Nicolás Maduro, han desconocido el Laudo de París de 1899 por nulo e írrito. Precisamente esta línea de conducta es lo que conduce a la firma del Acuerdo de Ginebra el 17 de febrero de 1966.

En el Acuerdo de Ginebra los gobiernos de la Gran Bretaña, Venezuela y la colonia de la Guayana Británica reconocen que existe una controversia sobre la soberanía en el territorio de la Guayana Esequiba y se establecen los mecanismos para la solución de tal controversia por medios pacíficos. Este acuerdo es un triunfo de la diplomacia venezolana de la época, pues se constituye en el basamento jurídico de la controversia y es un reconocimiento tácito del carácter nulo e írrito del Laudo de París de 1899.

La posición expresada por David Granger, Perry Holloway y Gregg Quinn revela la continuidad histórica de la ideología de la subordinación a los imperios. Tan potencia imperialista es hoy Inglaterra como los Estados Unidos de Norteamérica, sólo que ocupan posiciones diferentes en la escala de la hegemonía mundial capitalista; pero cuando se trata de agredir a las antiguas colonias que han logrado su independencia, todas ellas –incluyendo el resto de países imperialistas de Europa- no dudan en colocarse al lado de la potencia agresora, tenemos muchos ejemplos dolorosos como el de la guerra de las Malvinas en 1982 y desde luego, las agresiones actuales contra Venezuela. En ese juego David Granger no es sino el peón, el lacayo que repite el guión trazado en el Departamento de Estado de EEUU y repetido por la Cancillería británica a través de sus pro cónsules Holloway y Quinn. Granger no es sino el esclavo que no quiere salir de la esclavitud y no conforme con eso, combate a los que si luchamos por nuestra independencia y soberanía.

Frente a la continuidad histórica de la línea de sumisión imperialista, nosotros reivindicamos y levantamos la línea histórica de Guaicaipuro, José Leonardo Chirino, Andresote, Miranda, Bolívar, los guerrilleros de los años 60 y 70 y del Comandante Chávez: la línea de la independencia, la soberanía y la paz con justicia, la línea del Socialismo Bolivariano y Chavista.

La línea histórica de la dominación imperialista tiene su correlato político concreto en la lucha de clases cotidiana. Es la lucha del imperialismo –todos los países imperialistas, los EEUU y los imperialistas europeos- para destruir la Revolución Bolivariana, que encabeza las luchas por la independencia en el continente.

Nuestra revolución, Bolivariana y Socialista, es un ejemplo para los pueblos que luchan en el mundo contra la explotación capitalista y la dominación imperialista y de hecho ha sido un factor fundamental del cambio en la correlación de fuerzas y la pérdida de la iniciativa política por el imperialismo estadounidense en el continente. Una nueva situación geopolítica favorable a los pueblos se configura en América Latina y el Caribe y en esa nueva situación la Revolución Bolivariana ocupa un lugar de vanguardia.

En términos político, ideológico y de clases, el combate concreto es entre el imperialismo que busca retomar la hegemonía perdida en nuestra región y las naciones que hemos recuperado la independencia después de 200 años. Hoy somos libres y soberanos, hoy tenemos Patria como afirmó el Comandante Supremo Hugo Chávez en su último mensaje a los venezolanos el 8 de diciembre de 2012. Es la lucha histórica entre el capitalismo decadente que sufre la más estructural y global de sus crisis y el Socialismo Bolivariano y Chavista del Siglo XXI, que representa las posibilidades de justicia social, independencia, paz y vida digna para los pueblos. Es la lucha de clases entre la burguesía decrépita y asesina y los pueblos laboriosos y amantes de la paz con justicia.

En ese combate de clases las fuerzas están delimitadas: Granger, Holloway y Quinn están del lado de la burguesía, el imperialismo y el capitalismo. La Revolución Bolivariana, el pueblo venezolano y Nicolás Maduro, del lado de los pueblos, del lado de la independencia, del lado de la Patria, del lado de la paz.

 

Caracas, 11 de octubre de 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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