Elías Jaua / Opinión

12.Nov.2017 / 06:52 pm / Haga un comentario

Foto: Mippci

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Por: Elías Jaua Milano

Hace cien años en Rusia, tras cerca de 500 años de régimen feudal del Zarismo, en marzo de 1917 una rebelión obrera, de soldados, campesinos y la naciente burguesía derroca al último de los zares. Se instala un gobierno provisional, una alianza liberal socialista, con un programa mínimo: Convocar a elecciones para una Asamblea Constituyente; retirar las tropas rusas de la Primera Guerra Mundial; distribuir las tierras del zarismo entre los campesinos y darles participación a los trabajadores en las nacientes fábricas industriales.

Transcurrieron los meses y el gobierno provisional ratificó su participación en la guerra, aliados con Francia e Inglaterra contra los alemanes; postergó la entrega de tierras; reprimió a los trabajadores; permitió que el naciente capitalismo estructurara un modelo de economía especulativa y expoliadora, bajo el pretexto de preservar la alianza con la burguesía.

Estos lodos se convirtieron en una avalancha y el 7 de noviembre de 1917, 25 de octubre en el calendario Juliano, una segunda rebelión de soldados, campesinos y obreros, organizados en Soviets, Consejos, y bajo la conducción del Partido Bolchevique, dirigido por Vladimir Lenin y León Trotski, toman el poder y protagonizan el inicio de la primera revolución socialista triunfante del mundo.

Entre 1917 y 1918 se dan las más inéditas experiencias de gobierno directo desde las bases, todo el poder fue transferido a los Soviets; se dan eficientes experiencias de control y distribución de la producción; se demuestra que todos los seres humanos podían tener derechos sociales, a la educación, la salud, la vivienda, la propiedad, a la tierra.

Sin embargo, el haber cumplido la promesa de salirse de la guerra, firmando un pacto de paz con Alemania en condiciones muy desfavorables que conllevó a la perdida de amplias extensiones territoriales por parte Rusia, dividió al movimiento socialista y potenció las fuerzas contrarrevolucionarias generando las condiciones para una guerra civil, que tuvo como correlato el desarrollo de una estructura fuerte, punitiva del naciente Estado Soviético y del partido, así como la profundización de la caotización de la economía.

En 1922, Lenin que había sufrido un atentado con balas en 1918, comienza un proceso de degeneración de su salud que lo va alejando del ejercicio del poder real y ese es el contexto en el cual comienza a insurgir como hombre fuerte José Stalin, ya para ese momento Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Entre diciembre de 1922 y marzo de 1923, Lenin escribe un conjunto de artículos no publicados, que se denominan Notas de Lenin, consideradas su testamento político. Allí expresa, entre otras cosas, su preocupación por la sustitución del poder de los soviets, Consejos de trabajadores, campesinos y soldados, por una pequeña dirección del partido dirigida por Stalin, de quien dejó dicho por escrito que había alcanzado una ¨autoridad ilimitada concentrada en sus manos, y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarla con la suficiente prudencia¨.

Lenin envía parte de estas notas, en carta secreta al XII Congreso del Partido celebrado en abril de 1923. Esta carta sólo fue publicada tras la muerte de Stalin, en 1953. Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, muere en enero de 1924. Lo demás es historia conocida.

Hoy quiero revindicar la primera experiencia de poder popular real, de auténtica democracia revolucionaria, que dejó como uno de sus legados más importantes la noción de que todos los seres humanos tenemos derechos sociales, políticos y económicos y también es justo reconocer que el Estado y la organización popular que surgió de la llamada Revolución de Octubre, La Unión Soviética, salvó a la humanidad del nazi fascismo, hizo invalorables aportes al desarrollo científico y tecnológico para la humanidad, apoyó y financió la liberación nacional y la independencia en África, Asia y en nuestra América Latina.

Tomando en cuenta las causas conocidas del fin de esta extraordinaria experiencia, en 1991, rescato como lección para los revolucionarios y revolucionarias que luchamos por el socialismo, que tengamos conciencia que el pueblo no puede ser sustituido por un partido, y que el partido revolucionario no puede ser sustituido por una cúpula.

También queda como lección, que siempre nos recordaba nuestro Comandante Chávez, que el Capitalismo es una gigantesca amiba que siempre esta presta a devorar las experiencias no capitalistas, sino hay firmeza en lo moral y claridad en lo ideológico.

Con el escritor Uruguayo Eduardo Galeano, quien escribió un brillante artículo en 1990 que recomiendo, denominado el Niño Perdido en la Intemperie, me niego a creer que la condición humana esté condenada al egoísmo y a la acumulación de riquezas a costa de las miserias de millones.

Sigamos perseverando por el camino de la revolución democrática y no por otro hacia el porvenir de una sociedad auténticamente humana.

 

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