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24.Ago.2024 / 11:56 am / Haga un comentario

Foto: Referencial

Estamos en la ciudad italiana de Pontedera para un debate sobre la situación en Venezuela. Hablamos de la consulta popular que, el 25 de agosto, llevará por segunda vez a las comunidades de Venezuela a las urnas para decidir qué prioridad dar a los proyectos en los territorios que han decidido aprobar y que el Gobierno Bolivariano seguirá financiando. La primera consulta fue en julio.

Un ejercicio de democracia directa en el que los sectores populares organizados expresan su opinión sobre el uso de los recursos, conscientes de que sólo el socialismo puede garantizar la paz y la convivencia, sobre la base de la justicia social.

Para discutir y elegir los proyectos a presentar (más de 27.000), se realizaron más de 3.600 asambleas en los Consejos comunales (47.986), a nivel nacional; yen los 4.505 circuitos comunales que animan a los más de 3.135 comunas. Embriones de autogobierno que involucran a 14 millones de personas (casi la mitad de la población) y que, en el socialismo bolivariano, pretenden debilitar al Estado burgués desde adentro.

Es gracias a la productividad y al intercambio entre las comunas organizadas que fue posible enfrentar la guerra económica desatada por el imperialismo estadounidense para causar el máximo sufrimiento posible al pueblo, y obligarlo a rebelarse contra el gobierno que había elegido, y a abandonar el modelo socialista por considerarlo un “fracaso”.

Es en las comunidades organizadas donde tomó forma el programa Clap, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción que distribuyeron y distribuyen productos de primera necesidad de forma colectiva y regulada, y que proponen un modelo social capaz de revertir el predominio del modelo rentista petrolero.

Los primeros siete proyectos se centran principalmente en los temas del abastecimiento de agua, la viabilidad, la electricidad, la salud, la educación, el medio ambiente y la eliminación de barreras arquitectónicas. La votación del día 25 decidirá cuáles empezarán primero.

Mientras explicamos a los jóvenes italianos presentes cómo funciona el ejercicio del poder popular en Venezuela, el distanciamiento con lo que sucede en los territorios circundantes aparece completamente. Ahora, en Italia, el equilibrio de poder está a favor de las clases dominantes y el complejo militar-industrial, que impone la economía de guerra a costa de las necesidades del pueblo.

En un país capitalista como Italia, subordinado a la OTAN, que alberga más de 120 bases militares estadounidenses, las decisiones que afectan la vida de los ciudadanos en los territorios se imponen desde arriba, a menudo en completa opacidad.

Lo mismo ocurrió con un gran proyecto financiero (más de 500 millones de euros, denuncian los comités que luchan contra la OTAN), destinado a albergar una nueva base militar, en el parque natural de San Rossore, entre Pisa y Pontedera, en la región de Toscana. Un proyecto mantenido oculto, que salió a la luz sólo gracias al compromiso de algunos militantes electos para el Concejo Municipal.

Comentamos a continuación la noticia que acaba de llegar respecto de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia con la que el máximo órgano constitucional de Venezuela ratifica los resultados del 28 de julio, que le dieron una nueva victoria al presidente Nicolás Maduro. Tomemos como referencia el extraordinario discurso con el que el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, comentó la sentencia, comenzando por el sarcasmo con el que rechazó las “delirantes” declaraciones de la golpista Machado.

Las pruebas -reales y no ficticias, como lo eran los registros electorales, presentados en una página web por la oposición- son incontrovertibles. Pero está claro que, para la Plataforma Unitaria Democrática (Pud), las elecciones fueron sólo un pretexto para armar un nuevo espectáculo, para uso y consumo de sus padrinos occidentales. ¿Por qué si no el candidato Edmundo González Urrutia habría aceptado primero el juego democrático y luego habría desconocido las instituciones?

Por otra parte, para los países llamados democráticos, dispuestos a cualquier tipo de violación cuando las reglas que ellos mismos imponen son incómodas, las instituciones son “independientes” sólo cuando gana la derecha. De lo contrario, no son creíbles. Y, de hecho, al grupo de gobiernos que quieren repetir la farsa de la “autoproclamación” pertenecen los mismos que consideran al payaso Zelensky un paladín de la democracia (a defender con bombas de la OTAN), aunque no sea sólo el producto de un golpe de Estado, pero que desde tiempo no ha sido legitimado por un proceso electoral.

Apoyado por un gran número de países, intelectuales y organizaciones populares, el gobierno bolivariano también ha reaccionado con dignidad y firmeza a las declaraciones de ciertos presidentes latinoamericanos que, empezando por el chileno Gabriel Boric, han alimentado dudas e injerencias en los asuntos internos de Venezuela.

Mientras tanto, en el Parlamento venezolano se discutirá un cambio a la ley que regula los partidos políticos, para evitar el doble juego del fascismo, dentro y fuera de las instituciones. Y el Fiscal General, Tareck William Saab, invitó a comparecer al excandidato Urrutia, indisponible desde el día de las elecciones, y que ahorita se encuentra en desacato.

Pero, mientras tanto, fue desde las comunidades organizadas de las que surgió una fuerte respuesta al nuevo ataque del fascismo, desatado tras las elecciones del 28 de julio, y que se frustró el golpe de Estado. Sólo la reacción compacta y organizada de los sectores populares, que inmediatamente marcharon a Miraflores para defender el palacio presidencial, evitó la propagación de la violencia de extrema derecha, que causó 27 muertos.

Las pruebas de valentía de las mujeres que, en su mayoría, dirigen las organizaciones comunitarias fueron ocultadas por los medios de guerra que, como es habitual, intentaron atribuir las muertes a la cuenta chavista. Y que guardaron silencio ante las reivendicaciones filmadas por los atacantes fascistas.

Los acompañantes internacionales, que se encontraban en el país para las elecciones, pudieron comprobar de cerca el alcance de las mentiras difundidas por los medios de comunicación para provocar la reacción de la llamada “comunidad internacional”: como el presunto motociclista “asesinado” por la policía, quien un momento después se puso de pie con valentía, creyendo estar a salvo de las cámaras.

Las imágenes de la militante anciana, asesinada con un punzón clavado en el corazón, o de los chavistas asediados por el fuego provocado por los “comanditos” nunca han sido puestas ante los ojos de quienes, en Europa, deben seguir creyendo en la “gran fraude de Maduro”.

“Venezuela – afirmó el presidente – tiene su propio modelo de democracia. Un modelo que estamos construyendo. No necesitamos injerencias o intervenciones. Venezuela tiene un Poder Popular, una Constitución, un cuerpo de leyes y, en ese marco, el 25 de agosto el pueblo volverá a ejercer su derecho al voto”.

Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano

 

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