Opinión / Noticias

Por: Alfredo Carquez Saavedra
Joe Biden camina sin rumbo hacia la selva amazónica. No llega a tiempo para la foto de familia al final de la reunión del G-20 efectuada en Río de Janeiro. ¿Un hombre en sus condiciones puede gobernar realmente en Estados Unidos? La verdad, lo dudo. Y más tomando en cuenta los límites con los que el denominado “Estado profundo” pudo frenar más de una propuesta de un personaje con probada energía, liderazgo y ansias de mando como fue Donald Trump en su primer mandato.
Biden es algo así como un Edmundo González Urrutia, un títere gringo cuyos hilos los mueven factores de poder que hacen de la guerra un gran negocio y a los que parece no importarle (tal vez porque creen que no se verán afectados) que el mundo o, mejor dicho, la humanidad, camine ciegamente hacia el precipicio.
Vale suponer entonces que este señor no tenga la menor idea de si firmó o no la orden que le permite al nazi que gobierna en Ucrania –a quien hace rato se le venció su período constitucional de gobierno y al que los medios de comunicación de occidente ni por error llaman dictador– utilizar misiles de largo alcance de fabricación estadounidense para atacar poblaciones de la Federación de Rusia. Por supuesto que su condición de viajante mental por la Vía Láctea no lo exime de su responsabilidad ante el terrible escenario de que estalle una III Guerra Mundial con bastantes probabilidades de uso de armas de destrucción masiva.
Biden no es el único loco en escena. Josep Borrell, alto burócrata de la Unión Europea, quien –gracias a Dios– está por entregar el cargo, dijo inmediatamente después de hacerse pública la demencial decisión tomada por Washington, que se trataba de una “muy buena noticia”.
¿Cómo puede considerar un ser humano algo positivo que le la entreguen instrumentos de muerte a elementos sin escrúpulos como los que mantienen el poder un Ucrania? Con razón la UE no ha hecho nada para detener el genocidio que a diario cometen los nazis del estado de Israel en Palestina. Pero además, ¿este genio de la diplomacia y la geopolítica no se ha enterado de que el Viejo Continente será carne de cañón, tonto útil de la Casa Blanca, si de verdad estalla una conflagración como la ya mencionada?
Otro detalle: ¿creerá verdaderamente la élite de Estados Unidos que sus ciudades no se verían afectadas en una III Guerra Mundial, como ocurrió en los conflictos de comienzos y mediados del siglo XX? ¿Acaso Alaska no está casi al lado de Siberia? En el manicomio del norte global, Trump, el que parecía más delirante, es quien hizo de la paz una oferta electoral. Ojalá cumpla.
Alfredo Carquez Saavedra