Noticias / Opinión / Stella Lugo

8.Nov.2016 / 08:48 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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Iniciamos esta semana con una gran noticia: el triunfo electoral de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, la ratificación popular por vía democrática del Gobierno Sandinista; un hecho con gran significado, pues representa una relegitimación de la lucha por la independencia y soberanía en Nuestra América; y la negación de esa matriz mentirosa que quiere convencernos de la inevitable caída de los gobiernos progresistas en Latinoamérica y de la fatalidad del neoliberalismo como futuro cierto para el continente.

Por eso, tenemos que felicitar al hermano pueblo nicaragüense, pues contra todas las amenazas, injurias y maniobras planificadas desde el imperio estadounidense, entendió el reto y respondió patrióticamente en esta jornada, ratificando el camino de libertad trazado, desde tiempos históricos, por Augusto Nicolás Calderón Sandino, conocido en la escena de combate como Augusto César Sandino, quien desde las montañas de Las Segovias lanzó, el 20 de marzo de 1929, la proclama que guió al Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua con el nombre de Plan de Realización del Supremo Sueño de Simón Bolívar.

A todas y todos, a quienes decidimos guiar nuestros pasos por el sendero de los pueblos, construir una historia propia y enfrentar la apetencia voraz del Estado imperial norteamericano, Nicaragua nos toca, nos conmueve, nos hermana y, ahora, nos conmina a mantenernos en pie contra los vientos y mareas que invoca el enemigo yanqui, para retomar su hegemonía en Latinoamérica.

Pues, el triunfo electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), agrupación dirigida por Daniel Ortega, se construyó sobre la base de una abnegada movilización popular en defensa de los alcances que la gestión del Gobierno Sandinista ostenta.

Asimismo, contra la ofensiva imperial que puso en juego diversas artimañas, desde acusar a Daniel Ortega de dictador, desconocer la legitimidad del ente electoral, mover fichas internacionales como Luis Almagro, ante la OEA; y la cámara baja de Estados Unidos, que aprobó a finales de septiembre pasado la llamada Resolución Nica Act (Nicaragua Investment Conditionality Act), con el propósito de impedir préstamos a Nicaragua, por parte de entidades financieras internacionales, supuestamente para que Ortega “garantizara comicios libres, justos y transparentes”.

Todo lo anterior, acompañado de una campaña mediática basada en manipulación y mentiras, dirigida a sectores poblacionales indefensos, en ese escenario de la guerra imperial que representan los medios transnacionales.

Sin embargo, el pueblo nicaragüense, una vez más, salió airoso de la contienda que garantiza su estabilidad y Paz. Tal como lo dijo, ayer, el reelegido presidente Daniel Ortega, cuando sufragó: “Este es un voto para la Paz, para la estabilidad y seguridad de las familias nicaragüenses”.

Y, tiene razón Daniel Ortega, porque ese hermano país, que sufrió las consecuencias de una guerra, sólo pudo estabilizarse con el triunfo y sostenimiento del gobierno progresista, dirigido por el FSLN.

Nicaragua es, hoy, un país donde se reconocen los derechos de sectores que estuvieron históricamente excluidos, entre ellos las mujeres; por eso, ahora puede contar con una mujer en la Vicepresidencia, elegida con voto popular, y paridad de género en las diputaciones nacionales, entre otros logros.

¿Cómo, entonces, no vamos a sentir alegría y satisfacción con este triunfo electoral?

Tenemos tantos elementos que nos identifican con el pueblo nicaragüense y su historia: desde la lucha por la independencia y soberanía contra el intervencionismo estadounidense; la decisión de reivindicar al pueblo trabajador y honesto, tal como lo hizo Augusto Sandino: “mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos”; así como la actual movilización contra la ofensiva imperial, en defensa de los alcances del Gobierno verdaderamente nicaragüense, tal como reseñó ayer, con orgullo, su relegitimado Presidente:  “el poder electoral está compuesto por nicaragüenses y no por yanquis, como en el pasado…Los que votamos somos nicaragüenses, los que contamos los votos también”.

Y, estas identidades no sólo tienen que ver con el pasado y el presente, sino que, como lo marca la historia, tienen su hilo en el futuro. Así lo visualizó nuestro presidente, Nicolás Maduro, quien en su mensaje de felicitación al pueblo sandinista, reiteró su voluntad de “seguir trabajando juntos desde el Alba–TCP en la construcción de un mundo multicéntrico y pluripolar que, sin imperios y con justicia, nos encamine hacia el supremo sueño de Bolívar y del Comandante Eterno Hugo Chávez”. 

En ese mismo contexto, en la mirada sobre el futuro, el presidente de Cuba, Raúl Castro, interpretó el triunfo electoral del FSLN, al decirle a Daniel Ortega y a Rosario Murillo que Nuestra América podrá continuar contando con ustedes para avanzar en el empeño de alcanzar justicia y prosperidad para nuestros pueblos, y en la tan necesaria integración latinoamericana y caribeña”.

 En Nicaragua, en Latinoamérica, nos encontramos. El camino está trazado. Nunca habrá retorno, sólo tenemos futuro.

El amor a mi Patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes”. 

Augusto César Sandino

 

 

 

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