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14.Oct.2017 / 06:06 pm / Haga un comentario

Foto: Archivo

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Por:Rubén Fariñas

La interrogante nace del colectivo, el trajinar de un pesado tráfico en la avenida Las Américas: otro escenario de barbarie y fuego, dejaba ver una acción sencilla, y poco común en los últimos meses de la vida de los habitantes de la Ciudad de los Caballeros, vi a una mujer, de no más de 25 años, sembrar un árbol en la bifurcación en la que culmina la referida arteria vial.

Acto seguido, mi mirada se dirige a un mensaje plasmado en una improvisada valla, que firmaba, con una simplicidad cautivadora la frase a la que nos remitimos, y que posee una energía tan práctica y acogedora, sin más, como suena, simplemente: Por Amor a Mérida.

Lo que parecía una consigna, ahora resulta una especie de sentimiento colectivo. En días pasados, escuché con el mismo asombro e interés, como un taxista de nombre Jorge, me contaba cuanta violencia pudo ver en esos espacios. Jorge, de mirada pesada, manos laboriosas, y la gentileza propia de sus paisanos, al leer la frase dijo algo que quedó plasmado en mí: “¿y quién no puede amar esta tierra?”.

Es definitivo, cada vez que escucho la frase, se me viene a la mente la mirada de los niños del páramo, en ellos, veo un profundo compromiso con lo suyo, que ahora es nuestro por añadidura, o por simplemente ser partícipe y eterno beneficiario de la hospitalidad que destila esta tierra y su gente, eso sentirá siempre cualquier turista en este pueblo.

Ahora bien, Ud. se preguntará a que viene la historia, y porqué la interrogante, sencillo; se trata del mensaje que lleva a cada rincón de la geografía de este estado, un chamero, un merideño, un utópico cazador de sueños, que se ha propuesto llegar a la Gobernación: Jehyson Guzmán

A ese pana, lo he visto hablar con cada campesino que expone su molestia con la burocracia que le impide sumarse al esfuerzo colectivo de garantizar soberanía agroalimentaria, y producir alimentos para su gente, lo he visto llorar al lado de una mujer que fue víctima de la violencia irracional que le impedía pasar la calle en una urgencia médica, lo he visto recorrer poblados, caseríos, en moto, en mula, lo he visto en el calor tropical de El Vigía, y el clima gélido del páramo andino, en las mismas horas de un día u otro, incansable, infatigable.

Ese tal Jehyson, se ha detenido en cada casa donde la abren las puertas, y toca donde no quien abrirle, dejando allí un abrazo solidario. Lleva consigo esa frase, la oración que recorre campos y ciudades de Canagua a Torondoy, de Nueva Bolivia a Aricagua, y se ha convertido en estandarte de un proyecto político, sin vacilar, de Mucuchies a Bailadores.

Amigo lector, usted que utiliza valiosos momentos de su vida, para leer estas líneas, debe saber que no me lo contaron, lo he visto, he visto a la gente de Arapuey salir a caminar el pueblo acompañados de un fervor espontáneo, he visto a los vecinos de La Azulita trotar bajo la lluvia entonando canciones, he visto al tal Jehyson fundirse en el abrazo sincero de una abuela, he visto los ojos de un niño puestos en la mirada firme de un hombre sincero.

No puedo sino recurrir a las herramientas enseñadas por mis maestros, y en honor a la verdad responderle la interrogante, definitivamente sí, a Jehyson Guzmán, lo mueve eso, un profundo amor por Mérida, su gente, costumbres y tradiciones.

 

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