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9.May.2016 / 08:49 am / Haga un comentario

Foto: Misión Verdad

Foto: Misión Verdad

A veces resulta un tanto complejo poder explicar de manera sencilla y llana lo que está aconteciendo en la calle desde algunos meses ya casi de forma cotidiana. Decimos que no es una tarea fácil, porque siempre corremos el riesgo de tomar partido en los hechos, es decir, parcializarnos bajo determinada realidad concreta y de no actuar con la suficiente objetividad para recoger y poder plasmar ante el mundo lo que nuestra gente siente, percibe, comenta, discute, anhela y reclama en las colas, en el transporte público, desde las redes sociales y cualquier otro espacio público o de interacción social. Particularmente estoy convencido de que el poder conocer e interpretar acertadamente todo ello, será un elemento esencial que nos permita salir fortalecidos construyendo colectivamente soluciones y el camino a seguir en un momento difícil en lo económico y complejo en lo político como el que estamos viviendo.

Por otro lado, es de vital importancia enriquecer el debate de las ideas, sin apartarnos de la batalla en el propio terreno, en cada espacio, cada rincón, siempre junto al pueblo, superando las miserias individuales, porque aun estando o no de acuerdo con el modelo de sociedad solidario, de inclusión y de justicia social que proponemos, todos somos protagonistas de este capítulo memorable de nuestra historia contemporánea.

Estamos inmersos en una guerra continuada, que nunca ha cesado desde la llegada de Chávez al poder, con una canalla que no se resigna de ver materializado los sueños de millones de compatriotas, y a que se mantenga viva la esperanza de todos un país, que llegó a convertirse en un mal ejemplo a seguir en el continente y para los pueblos oprimidos del mundo.

Por fortuna hay un horizonte promisorio y lleno de esperanza para nuestra patria, un destino indeclinable que soberanamente diseñamos y reconocemos auténticamente nuestro, y que justamente es desde donde nos quieren sacar a cualquier costo, aprovechándose de la incertidumbre y confusión generada en medio de esta guerra económica y las acciones desestabilizadoras. Valiéndose de la turbiedad y confusión con que se dibujan los escenarios más próximos, creando sentimientos de frustración y desesperanza llevando a pensar que todo se ha perdido.

¿Cómo resolver algo que está intrínsecamente ligado a lo psicológico, al comportamiento humano y social influenciados con elementos muy autorreferenciales? Muchas de estas circunstancias ya empiezan a formar parte de un imaginario colectivo.

Es indiscutible la existencia de una realidad coyuntural que nos agobia, que nos presiona, que aunque planificada e inducida es capaz de afectar nuestra psiquis a un punto al cual algunos llegan a pensar que es el fin y cualquier cosa que ocurra es mejor.

Sólo imaginemos lo que puede pasar por la mente de aquellos compatriotas que sin la formación ideológica y la conciencia política que tanto nos demandaba Chávez, hoy no pueden acceder a algunos de los productos de primera necesidad porque para lograrlo deben hacer grandes colas o pagar precios especulativos que rayan en lo escandaloso.

Seguramente muchos, siendo parte de esa gran mayoría que apoyan este proceso, se sienten desorientados, incluso pensando que hemos perdido el rumbo, pues casi resignados saben que tendrán que caer en manos de los que avox populis identificamos como bachaqueros. Una práctica perversa llevada a cabo por muchos y que se ha ido metiendo en los tuétanos, parte de una cotidianidad que golpea principalmente a los más pobres, a los trabajadores y a la clase media, llegando a formar parte de un comportamiento que asumen como normal, de una forma de vivir. Es por ello que no podemos esperar que el pueblo permanezca incólume y no se haga partícipe del cuestionamiento de todo por lo que está pasando.

Indudablemente que no se trata de una situación que pueda tener una repuesta sencilla por las múltiples aristas a ser consideradas. Sin embargo, nos atreveremos a presentar al menos dos aspectos que pueden contribuir en este profundo y rico debate que debe dar el país. El primero de ellos está orientado a analizar si parte de la confusión e incomprensión que expresa nuestra gente tiene que ver con la carencia de herramientas y de los códigos que les permitan hacer una clara lectura del momento histórico, y de que este se encuentra marcado y determinado por una certera y cruenta guerra económica. Un asunto que debemos revisar y que nos lleva a formularnos algunas interrogantes: ¿Cómo se puede asumir una posición distinta si no entendemos el fondo del problema? ¿Estamos seguro de que la mayoría de nuestra gente entiende que estamos frente a una guerra fomentada por quienes hoy nos enfrentan para hacerse del poder desconociendo la voluntad de los venezolanos?

No nos cansaremos de decir que estamos frente a una guerra económica utilizada como punta de lanza para ir erosionando nuestras bases de apoyo popular. Que se trata de una operación que ya ha sido puesta en práctica por el Imperio norteamericano frente a gobiernos progresistas o que le resulten incómodos a sus intereses capitalistas.

De ese planteamiento partimos para hacer un segundo aporte y reflexión. Se trata de la Resistencia Revolucionaria, su teoría y práctica: ¿Qué es? ¿Cómo se asume? ¿Estamos dispuestos a resistir los embates de esta crisis coyuntural e inducida que se ha planteado derrocar al Gobierno? En la repuesta a estas preguntas posiblemente se inscriba buena parte de lo que hoy es requerido por nuestra patria para superar este difícil momento.

Cualquier venezolano que sienta en sus entrañas la patria está llamado a la determinación, implementar la resistencia como estrategia y modo de lucha. Resistir, aguantar, lleva implícito asumir restricciones significa estar dispuesto a sacrificar algunas “comodidades” y a ciertas condiciones de vida conquistadas pero siempre con la esperanza de recuperar para el colectivo y la sociedad entera el estado de bienestar que hemos alcanzado. Aunque tenemos claro que no es una cosa fácil de asumir.

Es de Mészáros aquello de que la transición al socialismo debe ser lo más humanamente posible, con los menores sacrificios que hagan que el mismo sea viable y asumido por la población. Pero indudablemente este tránsito siempre tiene su costo y, sin dudas, creo que nos encontramos justo en ese punto de quiebre que, si no comprendemos el arduo trabajo que hoy debemos hacer para consolidarlo, estaríamos echando por la borda todo los logros y avances sociales durante estos 17 años de Revolución Bolivariana. Entender las dificultades por las que atravesamos, conlleva reconocer también errores propios de un camino en construcción, sin recetas y producto de la creación permanente, que en algún momento tendría duras pruebas que superar.

Hoy estamos en esa situación y ante la responsabilidad histórica de resistir o sucumbir, ante las amenazas que siempre han estado al acecho. Es la hora de dar lo mejor de cada uno de nosotros, y demostrar que somos capaces de resistir para lograr la victoria. Cambiemos aquella máxima de Santo Tomás de “ver para creer” por la de “creer para ver”.

Resistimos o sucumbimos, hay razones suficientes para resistir, y demostrar que tenemos la estirpe y casta de nuestros libertadores, de nuestros ancestros aborígenes, que siempre estuvieron dispuestos a resistir y fueron premiados con el reconocimiento de la historia y la gloria de los herederos de esta patria.

Por: Miguel Leonardo Rodríguez

Misión Verdad

 

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