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13.Jun.2016 / 10:05 am / Haga un comentario

Foto: Archivo

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Los venezolanos tenemos que tomar conciencia de la grave situación que encara el país. Debemos preocuparnos por la crisis interna, en torno a la cual las opiniones, lógicamente, están divididas. La oposición la atribuye al Gobierno, al modelo económico vigente, mientras que el sector representado por el chavismo -y, por ende, el gobierno de Nicolás Maduro- tiene otra versión: la guerra económica decretada por factores de la economía, políticos e internacionales para provocar la caída del Jefe del Estado y acabar con el proceso bolivariano.

En lo personal estoy convencido de que el problema de fondo tiene que ver con la conducta observada por la oposición. Lo he dicho y escrito siempre. Venezuela carece de una oposición democrática, respetuosa de las reglas de juego, ajustada a derecho. La que existe es una oposición que, desde el momento en que Hugo Chávez derrotó electoralmente al puntofijismo en 1988, se niega a reconocer la nueva legalidad y ha recurrido a la conspiración permanente como práctica para retornar al poder.

Este tipo de confrontación escaló peligrosamente, pero debo señalar que el chavismo ha hecho esfuerzos importantes para revertir el proceso. La oposición no lo admite, pero el país está consciente de que es así. Que hubo momentos críticos en los que tanto Chávez como Maduro tendieron la mano a la oposición para abrir caminos al diálogo y atenuar los efectos perversos de la polarización. Chávez lo intentó varias veces, incluso en momentos dramáticos, como ocurrió inmediatamente después del golpe del 11 de abril de 2002 y también cuando el paro de la industria petrolera. Maduro asumió la misma política a partir de la embestida con la que la oposición pretendió desconocer su victoria electoral y cuando se desató la acción terrorista guarimbera. La situación, con el correr del tiempo, se ha complicado a extremos tales que la injerencia extranjera se ha convertido en elemento determinante. La oposición, consciente como está de su debilidad; de que por su propia culpa ha encochinado la posibilidad de realizar el referendo revocatorio este año; de que, además, pierde la esperanza de que el problema económico provoque un estallido social con apoyo militar, pone el acento de su política desestabilizadora en el apoyo internacional. En una abierta conjura potenciada por gobiernos, corporaciones y medios de comunicación que manejan vastos recursos.

Más que en el peligro de una oposición interna, con fragilidad e incapacidad para conducir un movimiento que constituya verdadera amenaza contra el orden constitucional, el verdadero peligro es la intervención extranjera. Una movilización internacional como la que hoy existe contra Venezuela solo se explica cuando hay un plan con un abanico de opciones -desde el bloqueo del país hasta la acción militar-, que es la experiencia que han vivido otras naciones. La prueba plena, concluyente, es decir, la que demuestra sin duda alguna la verdad del hecho litigioso -como se suele decir en derecho-, es evidente en este caso. Potencias y subpotencias planifican afuera la agresión contra Venezuela de manera descarada, apoyando a la “quinta columna” que opera en el interior del país. A los venezolanos no nos queda otra alternativa que enfrentar la agresión, desenmascarar a los cipayos y defender la patria con todo. La situación ya llegó al punto de no retorno previsto por los agresores, y también llegó la hora en que cada quien asuma sus propias responsabilidades.

Laberinto

La confabulación contra Venezuela está en fase de ejecución. Los recursos puestos al servicio de una campaña descalificadora del país y la manera desvergonzada como procede la oposición interna no dejan duda acerca de los planes que no solo buscan el derrocamiento del presidente Maduro…

Se trata de algo de mayor aliento. Ejemplo: en algo tan importante como es el petróleo se hace evidente que lo que cuenta son las reservas de crudo. Venezuela, que posee la mayor reserva del mundo, es una presa apetecible. Igual sucede con otros recursos naturales que el país tiene en abundancia, hierro, cobre, diamantes, oro, coltán, agua. La coyuntura facilita la rapiña. El despojo neocolonial de la riqueza de una nación, presentado como esfuerzo de la comunidad internacional para garantizar libertad, democracia y defensa de los derechos humanos, es una patraña. No es la primera vez que esta situación se crea, artificialmente, para agredir pueblos y despojarlos de sus recursos…

Consideración especial merece la conducta de la oposición venezolana, totalmente desnacionalizada. El antecedente de una actitud similar lo hallamos en la segunda guerra mundial, cuando en Francia la derecha colaboró con la ocupación alemana. Políticos, empresarios, intelectuales valiosos y militares -el caso patético del mariscal Petain, héroe de la Primera Guerra Mundial, que pactó con los nazis y aceptó presidir el gobierno títere de Vichy-. Entre nosotros se repite ahora esa deplorable historia…

Los presagios que se abaten en la actualidad sobre Venezuela son impredecibles. No es posible creer que la movilización mundial contra el país está motivada por la defensa de la democracia, la Constitución y los derechos humanos, ya que nada de eso es violado en el país, y lo que puede ser objeto de crítica no tiene la dimensión que se le atribuye para llegar al extremo de presentar al gobierno de Nicolás Maduro como una dictadura. Acusación que formulan gobiernos, organismos políticos, económicos y financieros con sórdidas actuaciones en materia de derechos humanos y precario historial democrático…

Venezuela está sentenciada por la canalla internacional a base de información comprometida y falaz que suministra una oposición con prontuario, cargada de odio, en busca de la revancha que le permita acceder, de nuevo, al poder donde estuvo durante 40 años cometiendo fechorías…

Una pregunta que me hago a menudo ante esta situación: ¿imagina la oposición que lo que hace, tutelada por los poderes imperiales, es pan comido como decimos en criollo? La pregunta es pertinente porque el logro de sus planes contra el gobierno constitucional de Maduro se aleja. Semejante aventura tendrá que enfrentar el poder popular, el músculo del chavismo en la calle y la alianza pueblo-Fanb. Pero los dirigentes de la oposición subestiman esos factores y desdeñan las marchas realizadas por miles y miles de mujeres, transportistas, trabajadores, estudiantes, que contrastan con las escuálidas movilizaciones convocadas por ellos. Si la violencia que impulsan, apoyada y estimulada desde afuera -fundamentalmente EEUU-, llegase a estallar, ¿cuánta sangre correría?

¿Asumirían el costo de una aventura que se propone destruir a Venezuela y acabar con su soberanía e independencia? La traición está lista para el asalto final. La patria tiene que prepararse para responder con todos los hierros. Que lo recuerden los promotores de esta absurda política, porque Venezuela es un hueso duro de roer…

Derrota anunciada: Es casi un hecho que no habrá aplicación por la OEA de la Carta Democrática y tampoco revocatorio. Manejo más torpe de estos temas por la oposición, imposible. ¿Quién paga las consecuencias? Impresionante la cadena de errores de la oposición desde el 6D. El país no había visto un derroche semejante de oportunidades…

Luto en la MUD: Sube el nivel del Guri y sube el petróleo venezolano.

ÚN

 

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